Tres son las condiciones que, desde la perspectiva tributaria, deben cumplirse para que el contribuyente tenga la obligación moral (ojo: moral, no legal), de tributar: que los impuestos sean pocos; que las tasas impositivas sean bajas; que su cálculo y pago sea lo más sencillo posible.
En la medida en la que se multiplican los impuestos, en la medida en la que las tasas se elevan, y en la medida en la que el cálculo de los impuestos se complica, la legitimidad de su cobro se va perdiendo, y la obligación moral del contribuyente de pagarlos se va diluyendo. Si el gobierno cobrara la mayor cantidad de impuestos posible, a la mayor tasa posible, y todo ello de la manera más complicada posible, el contribuyente, al margen del deber legal de pagarlos, ¿tendría alguna obligación moral de hacerlo? Pongo el caso extremo: si el gobierno le cobrara a todos el cien por ciento de sus ingresos, lo cual para todo efecto práctico sería tanto como esclavizar a los ciudadanos, estos, en su calidad de contribuyentes, al margen del deber legal de pagar tales tributos, que obviamente estarían avalados de manera por demás injusta por alguna ley, ¿tendrían la obligación moral de pagarlos?
Abro un paréntesis. Si cobrar el cien por ciento de impuestos sería algo en contra de lo que resultaría legítimo revelarse, ¿en qué porcentaje está el límite? Cierro el paréntesis, no sin antes aclarar que en una próxima entrega responderé esta pregunta.
Si aceptamos que lo que crea la obligación moral de pagar impuestos es que los mismos sean pocos, bajos, y de fácil cálculo y pago, el Impuesto Único a las Ventas cumple con los tres requisitos, inclusive antes de revisar (revisión que deberá ser -¿lo será?- el primer paso de la reforma fiscal) en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, ya que, según las cifras y los cálculos presentados en la cuarta entrega de esta serie, con un impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin excepción de ningún tipo, incluidos alimentos y medicinas), a las ventas (no al ingreso, no al patrimonio), de solamente el 9.6 por ciento, el Gobierno Federal hubiera recaudado en 2012 lo mismo que recaudó con el engendro tributario que padecemos, integrado por los 15 impuestos ya mencionados en algunas otras entregas: 1) sobre la renta; 2) empresarial a tasa única; 3) al valor agregado; especial sobre producción y servicios 4) a gasolinas y diesel; 5) a bebidas alcohólicas; 6) a cervezas y bebidas refrescantes; 7) a tabacos labrados; 8) a juegos con apuestas y sorteos; 9) a redes públicas de telecomunicaciones; 10) a bebidas energetizantes; 11) sobre automóviles nuevos; 12) a los rendimientos petroleros; 13) al comercio exterior; 14) a los depósitos en efectivo; 15) accesorios.
El IUV cumple con las tres condiciones que generan la obligación moral de pagar impuestos, otra razón para considerarlo como sustituto del engredo tributario que padecemos, y que apunta en la dirección contraria, ¡aunque parezca increíble!
Continuará.