6/24/2013
¿Seguridad y confianza?
Arturo Damm

Cada vez que se presenta la oportunidad, Peña Nieto asegura que la mexicana es, para las inversiones directas, una economía segura y confiable, inversiones directas que, por ser las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, son el motor del progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente, capacidad que depende de cuánto se invierte directamente en un país, es decir, de cuántas empresas se abren, de cuántos bienes y servicios se producen, de cuántos empleos se crean, y de cuánto ingreso se genera.

La mexicana no es una economía segura y confiable para las inversiones directas, y para botón de muestra basta el que presenté en el último Pesos y Contrapesos, en el cual señalé al capítulo económico de la Constitución, ¡inspirado en la constitución cubana!, como una causa, no de seguridad y confianza en las reglas del juego de nuestra economía, sino de inseguridad y desconfianza en sus instituciones y, por ello, en ella misma. Pero el capítulo económico de la Constitución no es la única causa de la inseguridad y desconfianza. A lo anterior hay que sumarle el sentido que el Secretario de Hacienda quiere darle a la reforma fiscal que, en algún momento futuro, presentará el Ejecutivo Federal, sentido que, para decirlo con una palabra, es el redistributivo, partiendo de la idea, expresada en más de una ocasión por el Secretario de Hacienda, de que más tendrá que pagar quien más tenga (momento de recordar que en muchos casos quien más tiene ya paga más, tal y como lo muestra la tasa progresiva del Impuesto sobre la Renta).

¿Qué tan segura y confiable puede ser una economía en la cual el Secretario de Hacienda propone, como parte esencial de su reforma fiscal, una mayor progresividad en la tasa del impuesto con el que se gravan los ingresos? ¿Qué tan competitiva resulta una economía en la cual se cobra un impuesto progresivo al ingreso, el preferido de Carlos Marx, y a las pruebas me remito? Al final del Manifiesto Comunista Marx y Engels presentan un decálogo, en el cual enumeran los diez primeros pasos que hay que dar en el camino hacia el comunismo. El primero es: Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos. El segundo: Fuerte impuesto progresivo, fuerte impuesto progresivo sobre la renta que ya se aplica en México, siendo la intención del Secretario de Hacienda que lo sea aún más, sin olvidar que para Marx, tal y como lo señala en El Manifiesto Comunista, ese impuesto, fuertemente progresivo, es uno de los medios para acabar con la propiedad privada que, si se ha de tener seguridad y confianza, debe estar plenamente reconocida, puntualmente definida y jurídicamente garantizada. El hecho de que hoy se discuta la posibilidad de un impuesto sobre la renta más progresivo del que ya se cobra es muestra de que no lo está. ¿Seguridad, confianza?



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