MIÉRCOLES, 28 DE MARZO DE 2007
Efecto del neomercantilismo centroamericano sobre el bienestar de los más pobres
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Rigoberto Stewart






Todos los seres humanos consumen bienes y servicios para su subsistencia y bienestar. Tienen necesidades de consumo, las cuales pueden resolverse únicamente de dos maneras: en autosuficiencia ?cada persona utiliza su inteligencia, habilidades y medios naturales para producir, aisladamente, todo lo que necesita para vivir? o en cooperación con otros. El hombre resolvió esas necesidades en autosuficiencia hasta que descubrió el maravilloso principio de especialización e intercambio, según el cual, dos o más individuos pueden resolver mejor sus necesidades de consumo si, en vez de producir todo lo que desean consumir, cada uno dedica sus recursos a los bienes y servicios que produce mejor, y luego los intercambia por aquellos que otros ofrecen en condiciones ventajosas.


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EL CASO DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO ENTRE ESTADOS UNIDOS, CENTROAMÉRICA Y REPÚBLICA DOMINICANA (DR-CAFTA)


1. INTRODUCCIÓN

El mercantilismo consiste en una serie de ideas y políticas establecidas en Inglaterra y Francia durante el siglo XVII, acompañando el surgimiento del capitalismo comercial. Los mercantilistas enfatizaron la importancia del comercio como fuente de riqueza de la Nación, y promovieron políticas para incrementar dicha riqueza (amasar cantidades de oro) y el poder de una Nación mediante el impulso de las exportaciones y el desestímulo de las importaciones (Pass et al., 1991). En Raíces de pobreza; las perversas reglas del juego en América Latina, Guillermo Yeatts señala que las políticas comerciales establecidas por la Corona española en América Latina eran extremadamente mercantilistas. Esta actitud con respecto al comercio fue reafirmada después de la independencia, a principios del siglo XIX, y ha continuado hasta el presente. Sin embargo, la justificación de esas políticas ha variado a través del tiempo. Durante los años 1940-1970, la justificación fue la necesidad de industrializarse, lo cual implicaba fuertes barreras contra las importaciones. Se le llamó la era de la sustitución de importaciones. A mediados de los años 80, la justificación devino en la necesidad de diversificar y promover las exportaciones. De hecho, los mercantilistas de hoy (neomercantilistas) promueven políticas para favorecer las exportaciones y la inversión extranjera (mientras disuaden las importaciones) con el fin de promover la industria y generar empleos, y, a través de estos, la riqueza de la sociedad.

La promoción de las exportaciones se encontró con un serio problema: dado que todos los gobiernos hacían lo mismo, era imposible incrementar las exportaciones. Ante esta realidad, a los gobernantes no les quedó otro remedio que la negociación para poder avanzar. Así nació la era de la proliferación de los mal llamados tratados de libre comercio (TLC), los cuales se caracterizan por ser concesiones recíprocas que se otorgan los productores de dos países para que cada grupo pueda vender en el mercado del otro (los intereses de los consumidores no son tomados en cuenta). El gobierno que logra mayores ventas (exportaciones) para sus productores, sin hacer grandes concesiones en su mercado se considera el más astuto, el ganancioso. Esta es la razón por la cual cuando los gobiernos latinoamericanos negocian estos tratados con países desarrollados ?como los Estados Unidos?, utilizan el argumento insensato de la asimetría entre las economías para pedir plazos diferenciados de apertura comercial. El país desarrollado se abre de inmediato a las exportaciones del país latinoamericano, mientras que este se abre a las exportaciones del país rico solo después de 15 ó 20 años.

Entre otras, esta forma de encarar el comercio tiene las siguientes consecuencias: el aumento de riqueza generado a raíz de los TLC palidece con respecto a lo que se hubiese podido lograr con el verdadero libre comercio, la distribución del ingreso empeora, y los más pobres de los pobres se benefician muy poco de la apertura comercial.

El propósito de este documento es demostrar que, por estar totalmente impregnado del más rancio mercantilismo, el tratado comercial entre Estados Unidos, los países centroamericanos y la República Dominicana (DR-CAFTA, por sus siglas en inglés), los más pobres de los pobres en la región recibirán solo una pequeña fracción de los beneficios que podrían y deberían obtener de una liberalización comercial. Para lograr este objetivo, es necesario tener un marco de referencia, o lograr un entendimiento básico de cómo funciona el sistema económico o, para ser más exactos, el sistema generador de riqueza. Esta es la siguiente tarea.

2. EL SISTEMA GENERADOR DE RIQUEZA

Todos los seres humanos consumen bienes y servicios para su subsistencia y bienestar. Tienen necesidades de consumo, las cuales pueden resolverse únicamente de dos maneras: en autosuficiencia ?cada persona utiliza su inteligencia, habilidades y medios naturales para producir, aisladamente, todo lo que necesita para vivir? o en cooperación con otros. El hombre resolvió esas necesidades en autosuficiencia hasta que descubrió el maravilloso principio de especialización e intercambio, según el cual, dos o más individuos pueden resolver mejor sus necesidades de consumo si, en vez de producir todo lo que desean consumir, cada uno dedica sus recursos a los bienes y servicios que produce mejor, y luego los intercambia por aquellos que otros ofrecen en condiciones ventajosas. La aplicación generalizada de este principio da vida al sistema de especialización e intercambio (SE&I), una intrincada red de interrelaciones e interdependencias, en la cual, cada individuo produce un bien (o muy pocos) y obtiene, para su consumo, todos los demás mediante el proceso de intercambio (Stewart 2006).

Características del sistema

El sistema de especialización e intercambio ?conocido también como el sistema de mercado o sistema generador de riqueza? tiene tres características que merecen ser destacadas: su motor es el consumo, hay una gran interdependencia entre individuos y trasciende cualquier noción de frontera política. Primero, la satisfacción de necesidades de consumo es lo que mueve todo el sistema. La esencia de su creación de riqueza y bienestar consiste en que cada individuo encuentre la mejor solución (la más barata) para cada una de sus necesidades de consumo, en cualquier parte del mundo. El motor no es la producción, como erróneamente se cree. De hecho, una actividad productiva genera bienestar (riqueza ) solo cuando su producto resuelve una necesidad de consumo, y cuanto mejor sea la solución (cuanto más barata sea), mayor es la riqueza generada. Esto es así por cuanto la reducción del precio de un bien enriquece a todos los que lo consumen y, luego, a todos los productores de los bienes cuya demanda incrementa a raíz del primer efecto.

Segundo, como todos los individuos están interrelacionados y son interdependientes, cualquier incremento o disminución de la productividad de uno –cualquier acción o evento que lo perjudique o beneficie– tiene un efecto de oleada a través de todo el sistema, con repercusiones en muchos o todos los demás actores.

Tercero, el principio de especialización e intercambio –practicado, ante todo, por individuos con base en sus circunstancias– antecede y trasciende cualquier límite o frontera política. Los países, en ningún sentido son unidades económicas, menos en el sentido comercial. Para el comercio, lo importante es el área económica natural (AEN), definida como el área en la cual ocurre especialización e intercambio en forma natural y espontánea . Cuando intercambian sus bienes, en esa área se ubican el bananero hondureño y el granjero estadounidense que produce trigo; así como el maderero panameño y el alemán que fabrica tractores. El prohibir, encarecer o dificultar el comercio entre individuos de su misma AEN es evitar o limitar la creación de riqueza a través de la especialización y el intercambio.

Dinámica de la generación de riqueza

Todo sistema o subsistema de especialización e intercambio cuenta con un solo mecanismo para incrementar la riqueza creada con una cantidad dada de recursos : la obtención de mejores soluciones para las necesidades de consumo de los participantes. Estas mejores soluciones pueden surgir con el ingreso de nuevos actores ; o del proceso de búsqueda llevado a cabo por los que ya participan en el subsistema. En ambos casos, el mecanismo tiene la misma dinámica: la nueva (y mejor) solución para una necesidad de consumo desplaza a la vieja; los proveedores de la vieja solución cambian de actividad o mejoran su productividad para igualar a la nueva solución. Esta es una condición sine qua non para la creación de riqueza.

En ambos casos, también, la riqueza se genera o aumenta en dos rondas. La primera es el efecto directo sobre los consumidores del bien: su ingreso real aumenta al abaratarse el bien de consumo. La segunda consiste en el efecto sobre los productores de otros bienes. Al elevarse el ingreso real de los consumidores del bien A (es decir, de todos los demás productores), estos utilizan el recurso adicional para satisfacer otras necesidades de consumo, lo cual implica el incremento de la demanda y la producción de muchos otros bienes, y la multiplicación de las ganancias de sus productores. Esta segunda ronda bien podría llamarse el efecto multiplicador de una mejor solución para cualquier necesidad de consumo.

Veamos, como ejemplo, el efecto multiplicador, en el subsistema A, del acceso a arroz más barato, proveniente de otra parte del mundo. Supongamos que a raíz de la liberalización comercial, el arroz ingresara en A al 20 por ciento del costo local. Esto implicaría una ganancia para todos los que consumen arroz. Pero eso no sería todo. Al pagar menos por el arroz, todos esos consumidores tendrían más dinero para consumir otros bienes: frijoles, carne, verduras, libros, zapatos, vestimenta y un largo etcétera. En todas estas actividades se generarían mayor producción, empleo y ganancias. Así, del ingreso de arroz más barato, resultarían los siguientes ganadores y perdedores. Beneficiados en el campo: (1) todos los que consumen arroz: peones agrícolas y no agrícolas, sastres, zapateros, panaderos. (2) Campesinos que no producen arroz: estos ganarían a raíz del arroz más barato y, también, de la mayor demanda para sus productos. (3) Campesinos arroceros: los que son consumidores netos del grano. Beneficiados urbanos: todos los que consumen arroz: taxistas, periodistas, meseros, clérigos, secretarias, empleados públicos. Perdedores en el campo: los productores netos de arroz, los cuales se verían forzados a incrementar su productividad o utilizar sus recursos para resolver otras necesidades de consumo de los participantes. Cualquiera de estas dos acciones generaría aun más riqueza para todos.

Requisitos para la generación de riqueza

Para que el sistema de especialización e intercambio genere la máxima cantidad de riqueza –y se distribuya de la mejor manera entre los actores–, es necesario que se respete absolutamente el derecho de propiedad de todos los participantes. Propiedad son todos los factores de producción (materiales o intelectuales) utilizados en el proceso de especialización y todos los bienes y servicios producidos e intercambiados. Se entiende por derecho de propiedad la facultad de cada individuo para disponer de su propiedad de la manera que prefiera. Este derecho le confiere absoluta libertad para decidir qué producir, con quién intercambiar y en qué términos hacerlo .

El respeto absoluto al derecho de propiedad es necesario por dos razones. Primero, porque la riqueza no la constituye cualquier bien o servicio, sino aquellos deseados por los que participan en el sistema. Y estos expresan sus preferencias a través del libre uso de su propiedad. El individuo manifiesta sus preferencias cuando ofrece equis unidades del bien A por zeta unidades del bien B. Segundo, la expresión de preferencias es solo una parte del acto de creación de riqueza; la otra es el intercambio. Cualquier limitación del intercambio de bienes (o sea, del comercio) implica una negación del derecho de propiedad y, necesariamente, una reducción de los beneficios derivados de la especialización y el intercambio, pues ese acto excluye mejores formas de satisfacer algunas necesidades de consumo de los participantes.

Relaciones voluntarias. Una de las implicaciones del respeto absoluto al derecho de propiedad es que las relaciones entre quienes participan en el sistema de especialización e intercambio tienen que ser estrictamente voluntarias. Se excluyen el uso de la fuerza y del engaño. Nadie debe impedir que el individuo A satisfaga las necesidades de consumo del individuo B, bajo los términos que ellos convengan. Cuando las relaciones entre los participantes no son voluntarias, la riqueza individual y la riqueza social generadas se contraponen. En efecto, existen dos tipos de actividades económicas que generan riqueza privada: las que generan riqueza para los demás participantes en el sistema, o sea, riqueza social; y las que causan pérdidas a la sociedad. Lo que diferencia a estas actividades es el respeto al derecho de propiedad. Cuando el Estado, irrespetando este derecho, usa su fuerza para obligar a cualquier participante en el sistema a disponer de su propiedad de manera distinta (o darle otro valor) del uso que él le daría en libertad (v.gr., fijación de precios o erección de barreras comerciales), lo que resulta es el enriquecimiento de unos pocos (los favorecidos) mediante transferencias , y el empobrecimiento del grueso de los participantes (la sociedad).

Competencia. La quintaesencia de las relaciones voluntarias es la competencia. Cuando dos o más individuos desean satisfacer alguna necesidad de consumo de otros participantes –lo que es usual y deseable en el sistema–, la única vía aceptable para dirimir el “conflicto” es la competencia entre ellos, y la libre elección por parte de los “necesitados”.

La competencia es fundamental para la creación de riqueza, porque sin ella no funciona el único mecanismo que tiene el sistema de especialización e intercambio para incrementar la riqueza creada con los mismos recursos. Sin libre competencia, no hay ingreso de nuevos actores en el sub-sistema con mejores soluciones para las necesidades de consumo, ni ocurre la búsqueda incesante de esas mejores formas por parte de los actores ya establecidos. La competencia, además, estimula el flujo de información, la cual es como la sangre del sistema. Sin información, los participantes no tendrían cómo encontrar las mejores soluciones para sus necesidades de consumo, una condición indispensable para la creación de riqueza.



3. EL NEOMERCANTILISMO CENTROAMERICANO

La doctrina de la balanza comercial dice que la Nación se beneficia cuando hay un exceso de exportaciones sobre importaciones, o ingresos desde el exterior sobre egresos. Con base en esa doctrina, los mercantilistas del siglo XVII impulsaron políticas para incrementar la riqueza y el poder de la Nación mediante el estímulo de las exportaciones y el desaliento de las importaciones (Pass et al. 1991).

El contexto en el cual aquellos escribieron era el siguiente: las relaciones comerciales entre países (sus habitantes) se limitaban a exportaciones e importaciones de bienes; los mercados de capital casi no existían y el intercambio de servicios era casi nulo. Las monedas de todos los países eran el oro y la plata, y la única forma de incrementar la oferta monetaria en los países carentes de minas, como los europeos de la época, era aumentando el exceso de exportaciones sobre importaciones. Al principio, el propósito de la acumulación de oro y plata era poner a disposición del rey los medios necesarios para financiar las frecuentes guerras extranjeras. Cuando fuere necesario, el rey podía disponer de esa riqueza a través de impuestos.

En el contexto actual, el mercantilismo tiene dos problemas fundamentales. 1) Plantea el comercio en términos de la Nación (el país), cuando es obvio que el comercio internacional es ejercido estrictamente por individuos que viven en distintos países. 2) Plantea la riqueza de la Nación en términos de la cantidad de oro y plata acumulada; pero la riqueza de los individuos está constituida por los bienes y servicios que logran disponer para su consumo. Así, cuanto mayor sea la diferencia entre exportaciones e importaciones, sin que medien ciertos flujos financieros, menor es la riqueza de la sociedad.

Neomercantilismo. Hoy, en los albores del siglo XXI, las ideas mercantilistas siguen ejerciendo una fuerte influencia sobre las políticas comerciales de los gobiernos latinoamericanos. Pero es un nuevo mercantilismo. En él, el concepto de exportación incluye la inversión extranjera, la venta de servicios turísticos y las remesas desde el exterior. Los neomercantilistas favorecen las exportaciones sobre las importaciones porque creen que una balanza comercial de este tipo (Exp>Imp) genera crecimiento económico y bienestar, mediante empleos y ganancias en ciertas industrias. No han podido asimilar un concepto fundamental para el bienestar y desarrollo de la región: las exportaciones no son un fin en sí mismas, sino un medio; son el barco que trae aquellas cosas que en realidad nos enriquecen: las importaciones.

4. EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO ENTRE ESTADOS UNIDOS, CENTROAMÉRICA Y REPÚBLICA DOMINICANA (DR-CAFTA)

Antes de abordar específicamente el DR-CAFTA y sus efectos sobre el bienestar de los pobres, es menester señalar que los gobiernos de los países pobres de América Latina no negocian tratados comerciales con países desarrollados porque estén convencidos de las bondades y eficacia del libre comercio para aliviar la pobreza y gestar el desarrollo. Son tercamente mercantilistas. Al fracasar rotundamente la política de sustitución de importaciones, estos gobernantes han optado por otra política mercantilista: la promoción de exportaciones. Pero, como es imposible que todos los países exporten y ninguno importe, se han visto forzados a negociar tratados comerciales, cuyo propósito es hacerse concesiones mutuas para lograr el primer objetivo. Aquí cabe señalar que los gobernantes latinoamericanos serían inmensamente felices si los representantes de los países desarrollados les permitieran exportar todo lo que quisieran sin pedirles a cambio cierta reciprocidad. Esta tesitura está confirmada por el hecho de que, durante las negociaciones, los latinoamericanos siempre utilizan el argumento de la asimetría entre las economías para pedir una apertura más lenta que la del otro país .

Para que no haya la menor duda con respecto a lo antes señalado, he aquí una ínfima muestra de las manifestaciones de gobernantes centroamericanos sobre el comercio. En 2006, el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, escribió: “Por 20 años el incremento de nuestras exportaciones y la atracción de inversión extranjera han sido una parte fundamental de nuestro modelo de desarrollo. Eso no debe cambiar” (La Nación, 09/07/2006). Antes de ganar las elecciones de 2006, el nuevo presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, señaló: “Mi gobierno aprovechará las oportunidades que nos abrió el DR-CAFTA y lo que no podamos vender ahí lo venderemos en América del Sur” (Govaere 2006). Según Marco Vinicio Ruiz (2006), el actual titular del ministerio de Comercio Exterior (Comex) de Costa Rica “una de las prioridades del Comex es fomentar la inversión extranjera… como vía para generar mayor crecimiento económico, empleo y bienestar social”.

En agosto de 2006, después de firmado el DR-CAFTA, el mandatario guatemalteco giró instrucciones a su ministro de Economía, Marcio Cuevas, para que le pidiera a la OMC que le exija a EE. UU. detener sus prácticas desleales (ACAN-EFE, 7/8/06). Según el presidente Berger, Estados Unidos está exigiendo que se le compren piezas de pollo a un precio que él considera demasiado bajo. "No vemos correcto que los americanos nos obliguen a comprar sus piezas negras de pollo (muslos, alas y cuadriles) y no permitan que nuestras deliciosas pechugas lleguen a EE. UU.", señaló. De acuerdo con el ministro de Agricultura, Álvaro Aguilar, el precio de la libra de pechuga supera el dólar en el mercado estadounidense, pero EE. UU. envía a Guatemala la libra de muslo a $0,50. Según el columnista costarricense Juan Carlos Hidalgo , cuando se le preguntó a Marco Vinicio Ruiz, si, con el DR-CAFTA, Costa Rica tendría un "problema" similar al guatemalteco, este respondió, con orgullo: "Ellos (los guatemaltecos) permitieron el ingreso de 21.000 TM de pollo estadounidense al año, mientras que los ticos solo negociaron el ingreso de 300 TM ".

En octubre de 2006, se le preguntó a Eduardo Ayala Grimaldi, viceministro de Economía de El Salvador y jefe negociador comercial del DR-CAFTA, por los resultados prácticos de aplicar el tratado comercial en su país a partir del 1° de marzo de 2006, y este respondió: “Las exportaciones sin contar la maquila llegaron a $150 millones entre marzo y agosto del 2006 frente a $97 millones en el mismo lapso del 2005. Hemos tenido sorpresas, en especial en micro y pequeñas empresas del rubro agroindustrial. Se reactivó el algodón para la industria textil local, la exportación de quesos creció un 220%, se venden tamales de elote, panadería y jocotes”. Cuando se le preguntó sobre la inversión extranjera, respondió: “Se calcula que han llegado unas 15 empresas y hay $150 millones de inversión desde la entrada en vigencia del TLC, porque hay otras posibles en trámite muy avanzado. Un aspecto importante es que la inversión no es sólo estadounidense sino de Brasil, Europa, Asia y otros países que entendieron la importancia del instrumento del TLC. Por ejemplo, una firma de capital mexicano produce tableros para cabinas de vehículos y los exporta a EE. UU. bajo beneficios del Tratado. Otra empresa atunera española hizo una fuerte inversión”. Y cuando se le preguntó por los sectores afectados, su respuesta fue: “En este momento no hay ninguno. Se tenía la misma sensación de eventuales problemas cuando empezó a regir el Tratado con México y no se han presentado ni problemas comerciales ni rubros en problemas. Tampoco el ingreso de volúmenes de productos mediante cuotas agrícolas, como las de arroz y lácteos, afectó a la producción interna. Un punto importante es la buena administración de esas cuotas. En este momento casi se completaron los volúmenes acordados para el año sin que se presenten quejas de los sectores” (Barquero 2006).

Según Jorge Woodbridge (2006), viceministro de Economía del actual gobierno costarricense, “las exportaciones son básicas para crecer y desarrollarnos. Más de 4.000 productos enviamos al mercado de EE. UU. Las exportaciones han significado: desarrollo social y tecnológico, encadenamientos productivos, más y mejores empleos y, en general, la fuerza del crecimiento. Tenemos que firmar el TLC y desarrollar paralelamente una agenda nacional. Hay que ayudar a los sectores más vulnerables con medidas concretas. Lo que no podemos hacer es perder esta oportunidad que significa mayores exportaciones de miles de otros productos agrícolas e industriales”.

Acceso a mercados

Al igual que la mayoría de los mal llamados tratados de libre comercio, en cuanto al acceso de mercados, el DR-CAFTA se negoció con base en diferentes canastas de bienes y servicios, cada una con sus propias condiciones de acceso a los respectivos mercados. En lugar de abordar todas para sopesar el efecto del tratado sobre los más pobres de los pobres en Costa Rica (y el resto de Centroamérica), el análisis se concentra en los bienes contenidos en la primera columna del Cuadro 1, ya que esos forman una parte importante de la canasta básica de alimentos.

La segunda columna del cuadro detalla las condiciones de acceso de los consumidores de Costa Rica a los bienes estadounidenses, y la tercera, las condiciones de acceso de los productores costarricenses al mercado estadounidenses (o de los consumidores de EE. UU. a los productos de Costa Rica). La abismal diferencia entre las condiciones negociadas para los dos grupos de costarricenses constituye un testimonio vivo del predominio del neomercantilismo en esas negociaciones comerciales, y de su preeminencia en la política comercial de estos países. Es un ejemplo de la magnitud del desconocimiento de los gobernantes en cuanto a cómo funciona el sistema de especialización e intercambio, cuáles son los requisitos para su buen desempeño, y cómo se genera la riqueza.

La gran diferencia entre las condiciones negociadas por las autoridades estadounidenses para sus consumidores y las negociadas por las autoridades de Costa Rica para los suyos también revela una actitud poco humana y un desprecio hacia los más pobres. Los consumidores norteamericanos tendrán, en la mayoría de los casos, libre acceso a los bienes costarricenses; en cambio, los de Costa Rica tendrán que pagar aranceles astronómicos (según cualquier estándar) por los bienes estadounidenses, los cuales no empezarán a bajar, en la mayoría de los casos, sino hasta 10 años después de la entrada en vigencia del tratado, y la disminución será lenta

Los más pobres de los pobres de Costa Rica (y de Centroamérica, pues las condiciones negociadas son muy parecidas) tendrán que esperar entre 15 y 20 años para tener el mismo acceso a alimentos baratos que tendrán los estadounidenses a partir del día uno. Ni siquiera se les permite el ínfimo respiro que podrían significar las pequeñas cuotas libres de arancel, ya que se activa la salvaguardia (incrementan los aranceles) tan pronto los consumidores compren una cantidad bajísima de arroz, lácteos y otros. Esta tesitura, neomercantilista en extremo, explica el porqué de la deplorable situación alimentaria de los centroamericanos, descrita seguidamente por La Nación (2006):

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dio a conocer anteayer, Día Mundial de la Alimentación, un dato lacerante por su propio significado humano, así como por repetitivo y acumulativo. Se trata de las estadísticas definidoras de la realidad social de América Latina y del Caribe: el flagelo de la desnutrición.

Las cifras son aplastantes. En América Latina y el Caribe, 52 millones de personas viven por debajo de los niveles de nutrición. La mitad de esta población se encuentra en los sectores rurales, especialmente en Centroamérica.

El hambre, según estos datos, azota con más fuerza a Centroamérica, en particular a Honduras, Guatemala y Nicaragua. El 23% de los habitantes de Honduras no tiene qué comer. En Guatemala, un 23% de los niños sufre hambre crónica y en Nicaragua, un 27% de sus habitantes padece de desnutrición. A este terrible diagnóstico se deben agregar el azote de la naturaleza: terremotos, huracanes, inundaciones y sequías. No creemos que haya argumentos más poderosos que estos hechos para que los gobiernos y los pueblos centroamericanos tomen conciencia de su propia situación y para que los sectores supuestamente pensantes de Centroamérica modifiquen su discurso y sus posiciones ideológicas. La injusticia y la miseria no se combaten con proclamas ni con rencillas políticas.

La elocuencia de estas cifras golpea con más desesperación la conciencia si se advierte, como informa la FAO, que Latinoamérica produce tres veces la cantidad de alimentos necesarios para satisfacer a su población, que es actualmente la mayor exportadora de alimentos del mundo.

Cuadro 1. Condiciones de acceso de los consumidores de Costa Rica y Estados Unidos a
                  algunos productos agrícolas negociados por sus respectivos gobiernos en el
                  marco del DR-CAFTA

Producto

             Acceso de los consumidores de Costa Rica

Acceso de los consumidores de
Estados Unidos

Carne de bovino

  • Arancel inicial 15%
  • Desgravación del arancel en 15 años
  • Durante los primeros 5 años, no hay desgravación
  • Volumen de salvaguardia de 150 TM, con un crecimiento anual del 10%
  • Libre acceso para cortes finos, tipo prime y choice, y para los despojos comestibles
  • Cuota libre de arancel de 10.300 TM, con un crecimiento anual del 5%
  • Desgravación del arancel en 15 años
  • Cuota libre de arancel de 1.000 TM, con un crecimiento anual de 100 TM durante los primeros 5 años; 125 TM del año 6 al año 10, y 150 TM del año 11 al año 14

Carne de cerdo

  • Arancel inicial 46%
  • Desgravación del arancel en 15 años
  • Durante los primeros 6 años, no hay desgravación.
  • Cuota libre de arancel de 1.000 TM, con un crecimiento anual de 100 TM durante los primeros 5 años; 125 TM del año 6 al año 10, y 150 TM del año 11 al año 14.
  • Volumen de activación de la salvaguardia de 400 TM en el primer año, y de ahí en adelante, el 40% del volumen de la cuota
  • Libre acceso para despojos comestibles y tocino
  • Libre comercio

Partes negras
de pollo

  • Arancel inicial 150%
  • Desgravación del arancel en 17 años
  • Durante los primeros 10 años, no hay desgravación. Del año 11 al 14, el arancel se desgrava en un 40%, y del año 15 en adelante, se desgrava el 60%.
  • Cuota libre de arancel de 300 TM, con un crecimiento anual del 10%
  • Volumen de activación de la salvaguardia de 233,4 TM para el primer año, y de ahí en adelante, un 30% del volumen de la cuota
  • Libre comercio

Arroz

  • Arancel inicial 36% para arroz en granza
  • Desgravación del arancel en 20 años
  • Durante los primeros 10 años, no hay desgravación. Del año 11 al 15, el arancel se desgrava en un 40%, y del año 16 en adelante, se desgrava el 60%.

 

  • Cuota libre de arancel de 50.000 TM para arroz en granza, con 2% de crecimiento anual , y 5.000 TM de arroz pilado con 5% de crecimiento anual
  • El volumen de activación de la salvaguardia es del 10% del volumen de la cuota
  • Consolidación del requisito de desempeño para la importación de arroz en granza
  • Libre comercio

Productos lácteos

  • Arancel inicial del 65% para leche líquida
  • Desgravación del arancel en 20 años
  • Durante los primeros 10 años, no hay desgravación. Del año 11 al 15, el arancel se desgrava en un 40%, y del año 16 en adelante, se desgrava el 60%.
  • Cuota libre de arancel para leche líquida, leche en polvo, quesos, helados, yogurt, y otros productos de alto contenido de leche
  • El volumen de activación de la salvaguardia es del 30% del volumen de las cuotas
  • Desgravación del arancel en 20 años
  • Cuota libre de arancel para leche líquida, leche en polvo, quesos, helados, yogurt, y otros productos de alto contenido de leche

 

Aceites refinados

 

  • Arancel inicial del 31%
  • Desgravación del arancel en 15 años
  • Durante los primeros 5 años, no hay desgravación. Del año 6 al 10, el arancel se desgrava en un 40%, y del año 11 en adelante, se desgrava el 60%.
  • El volumen de activación de la salvaguardia es de 1.178 TM, con un crecimiento anual del 5%         
  • Libre comercio

Azúcar y productos con alto contenido de azúcar

  • Arancel inicial del 50%
  • Desgravación del arancel en 15 años

 

  • Cuota libre de arancel de 13.000 TM adicionales a los 15.000 TM disponi-bles bajo la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, con un crecimiento del 2% anual para azúcar crudo y refinado

Papa fresca

 

  • Arancel inicial del 46%
  • Desgravación del arancel: NUNCA
  • Libre comercio

Cebolla

  • Arancel inicial del 46%
  • Desgravación del arancel: NUNCA
  • Libre comercio

Fuente: Ministerio de Comercio Exterior

Indudablemente, los gobernantes de Centroamérica y República Dominicana no tienen la mínima comprensión de que todo el ejercicio económico tiene como objetivo la satisfacción de necesidades de consumo, y que cuanto más baratos sean los bienes, mejor es la solución, menor es la hambruna, mayor es la creación de riqueza. Ellos están absolutamente convencidos de lo contrario, tal como lo consigna la siguiente manifestación de la viceministra de Comercio Exterior de Costa Rica: “El TLC con EE. UU. es un acuerdo internacional que otorga, por un lado, condiciones comerciales muy favorables a nuestro país, de acceso en libre comercio inmediato para la casi totalidad de bienes para los productos costarricenses y hasta 20 años de plazo para eliminar los impuestos al comercio a los productos estadounidenses que compiten con nuestros sectores productivos” (Pacheco 2007). Es obvio que el consumo de alimentos se dificulta cuando los gobiernos buscan exportar todo lo producido e impedir cualquier importación. La advertencia de la FAO no ha de sorprender a nadie, pues la hambruna es un resultado lógico del neomercantilismo reinante.

5. EL BIENESTAR DE LOS MÁS POBRES

En Centroamérica, ¿quiénes son los más pobres? En el área urbana, el pobre representativo, si es que existe tal cosa, es aquel trabajador sin mayores calificaciones o estudios, cuyo bienestar está condicionado por la combinación de tres variables: el empleo en sí, la remuneración de la mano de obra, y el costo de los bienes y servicios (b&s) que compra con sus ingresos. Ninguna de estas, por sí sola, define su nivel de vida. El bienestar de un individuo cuyo empleo paga $0,10/hr mejora muy poco con respecto al de una persona desempleada. Igualmente, el nivel de vida de un empleado que gana $1.000 por mes y debe gastar $800 para adquirir una canasta básica de b&s es muy distinto al de la empleada que gana $2.000 por mes y solo debe gastar $500 para adquirir la misma canasta de b&s.

En el ámbito rural, el pobre representativo es miembro de un hogar que produce y consume bienes básicos; además, obtiene algunos ingresos mediante el empleo fuera de la granja. El bienestar de estos hogares también depende de la combinación de las tres variables antes citadas. Su nivel de vida suele incrementar con la disminución de precios de los bienes básicos, ya que casi todos son consumidores netos de la mayoría de esos bienes y productores netos de uno o dos. La suma de ambos efectos es positiva.

Ahora, ¿cómo son afectadas esas variables por la liberalización comercial? Al reducir las barreras comerciales, los precios de los bienes y servicios normalmente se reducen; mientras que el empleo y la remuneración de la mano de obra suelen aumentar. Esto último se explica así. El principio de especialización e intercambio indica que cuanto más libre sea el comercio, mayor es la división del trabajo; y cuanto mayor sea la división del trabajo, mayor es la productividad de la mano de obra; y cuanto mayor sea esta productividad, más numeroso es el empleo y mayor es la remuneración de la mano de obra. Veamos lo que dice la evidencia empírica.

Evidencia empírica

Existe mucha evidencia empírica en México, Centroamérica y otras partes del mundo que confirma los efectos positivos de una liberalización comercial sobre el bienestar de los actores económicos, en especial, los más pobres de los pobres. Estos efectos se materializan a través de las tres variables ya mencionadas: reducción de precios de los alimentos, e incremento del empleo y de la remuneración de la mano de obra.

? Reducción de precios de los alimentos básicos

México. El tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (NAFTA, por sus siglas en inglés), que entró en vigencia el 1 de enero de 1994, liberalizó los productos agrícolas. A raíz de ello, muchos críticos argumentaron que el tratado había exacerbado los problemas de pobreza en el área rural. Para probar esta tesis, se hizo un estudio con base en datos de encuestas de hogares, para estimar cómo la reducción arancelaria del NAFTA había afectado los precios y salarios percibidos por los habitantes rurales de México entre 1992 y 2000 (Sánchez 2006). Los resultados del análisis revelan que las reducciones arancelarias causaron una disminución de los precios internos, en México, de seis grupos de productos: cereales, aceites y grasas, vegetales, legumbres, azúcares y productos domésticos; y que estas reducciones tuvieron un impacto positivo sobe el bienestar de los pobres.

Nicaragua. Con base en los datos de la Encuesta de Medición del Nivel de Vida, de 2001, se hizo un estudio (Monge 2004) para determinar cuál sería el impacto sobre las familias pobres de Nicaragua de una liberalización total del comercio de varios productos de consumo que son básicos (sensibles): leche (y queso), arroz, fríjol, maíz (y tortillas), carne de res y carne de pollo. La muestra incluyó 4.182 hogares (2.394 urbanos y 1.788 rurales). Todas las familias son productoras y consumidoras, en distintos grados, de todos lo bienes. Para el análisis, el estudio se basó en la premisa de que las familias productoras de bienes sensibles se mantendrían produciendo el mismo cultivo ante cambios en los precios estimulados por la apertura, al menos en el corto plazo. También asume que su patrón de consumo no cambiaría. Con estos supuestos, se calculó el cambio en el bienestar (o ingreso real) de una familia, por medio de la multiplicación del cambio en el precio por el total de ventas del producto (lado de la oferta) menos el cambio en el precio por el consumo total del producto (lado de la demanda). Los aranceles nominales existentes en el momento eran: leche 20%, arroz 62%, fríjol 10%, maíz 10%, carne de res 15% y pollo 170%. Se asume que esos aranceles se eliminarían en forma inmediata con la entrada en vigencia del DR-CAFTA y, por tanto, que los precios de esos bienes se reducirían en forma inmediata.

Los resultados indican que, en términos generales, los cambios en los precios de todos los bienes sensibles incrementarían el bienestar del promedio de las familias así: urbanas 4,01%, rurales 1,55%. El 97,6% de los hogares urbanos y el 78,7% de los rurales ganarían con la reducción de aranceles. En promedio, el 90,2% de los hogares nicaragüenses ganaría, lo cual equivale a 879.000 hogares aproximadamente; mientras que los potenciales perdedores del proceso del DR-CAFTA ascienden a 80.000 hogares aproximadamente (8,8% del total). Muchos de estos potenciales perdedores están en el quintil de los más ricos.

Esas ganancias, sin embargo, no se van a materializar porque, en lugar de la liberalización inmediata, el gobierno nicaragüense exigió y obtuvo una liberalización extremadamente lenta y casi nula al principio. En el caso de la leche, la desgravación es lineal durante 10 años, después del disfrute de 10 años de gracia (en total 20 años); para la carne de res, es no lineal durante un período de 15 años; en el caso del maíz amarillo, es no lineal durante 15 años (incluyendo 6 años de gracia); para el maíz blanco, no habrá desgravación del todo; en el caso del arroz, es no lineal durante 8 años, después de un período de gracia de 10 años (en total 18 años); para el fríjol (rojo o negro) la desgravación es lineal en 15 años; y para la carne de pollo, el proceso es no lineal en 8 años, luego de disfrutar de 10 años de gracia (en total 18 años).

Costa Rica. Varios estudios han demostrado que la "protección" arancelaria (o no liberalización) de productos de consumo básico reduce considerablemente el ingreso de los más pobres. Monge y Rosales (1998) señalan que “la protección existente en muchos de los productos sensibles, principalmente aquellos considerados alimentos básicos, equivale a una tarifa arancelaria promedio ponderada, del 40 por ciento. Este sobreprecio representa una reducción del 41 por ciento del ingreso real de las 70.000 familias costarricenses más pobres. En otras palabras, el proteccionismo existente en los productos en referencia significa que: las 70.000 familias más pobres del país deben trasladar más de una tercera parte de sus ingresos a los productores locales de dichos bienes. Así, si se lograra eliminar este sobreprecio, el poder de compra de estas familias podría incrementarse considerablemente, lo cual redundaría en mejores condiciones de vida para este segmento marginado de la población”.

Por otra parte, el autor de este análisis utilizó los datos de la última encuesta de ingresos y gastos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, de Costa Rica, junto con estimaciones de la protección nominal de varios bienes básicos (Stewart 2004), para estimar el impacto de la no liberalización inmediata de nueve productos (arroz, carne de res, carne de cerdo, pollo, azúcar, lácteos, aceite vegetal, cebolla y papa) sobre el consumo de alimentos por parte de los más pobres. Dichos cálculos arrojaron los siguientes resultados. Suponiendo que el patrón de consumo de los más pobres (el 1er quintil) es similar al expresado en la canasta básica de alimentos (CBA) –no se tuvieron datos exactos de la cantidad de cada bien que consume ese segmento de la población--, el gasto de los más pobres en solo esos nueve rubros bajaría en un 30 por ciento. Ese segmento de la población actualmente consume menos de la mitad de una CBA (0,45). La reducción de precios de los nueve rubros le permitiría consumir el equivalente a 0,54 CBA.

Guatemala y El Salvador. Según una investigación del Banco Mundial (Jaramillo y Lederman 2005), el 84 por ciento de los hogares de Guatemala y el 68 por ciento de El Salvador son consumidores netos de productos agrícolas básicos o “sensibles” y, por tanto, se beneficiarían de la disminución de sus precios. Solo cerca del 16 por ciento de Guatemala y el 5 por ciento de El Salvador son productores netos de esos bienes. Estos serían los únicos perdedores.

? Incremento del número de empleos

La evidencia empírica del impacto de la liberalización comercial sobre la creación de empleos es menos abundante. Una de las más conocidas es el estudio de Hunter (1990), según el cual, en EE. UU., por cada empleo que se destruye en una industria a raíz de una liberalización comercial, se crean 8 a través de toda la economía. En el contexto del DR-CAFTA, esto significa que por cada empleo que se mantiene en una actividad no liberalizada, se podrían dejar de crear unos 8 en el resto de la economía.

? Incremento de la remuneración de la mano de obra

La evidencia empírica del impacto de la liberalización comercial sobre la remuneración de la mano de obra también es escasa. En el caso del NAFTA, una vez identificados los efectos sobre los precios, se procedió a estudiar el impacto del acuerdo comercial sobre los salarios de la mano de obra rural, calificada y no calificada; y se encontró que las reducciones de los aranceles propiciaron un aumento salarial en las áreas rurales durante el período estudiado, particularmente para los trabajadores menos capacitados.

DR-CAFTA y el bienestar de los más pobres en Costa Rica

Con base en las consideraciones teóricas y las evidencias empíricas antes expuestas, ¿qué conclusiones se pueden extraer con respecto a la repercusión que tendrá en el bienestar de los más pobres la no liberalización, en el DR-CAFTA, de ciertos bienes de consumo que son básicos? La respuesta está en el comportamiento de las tres variables que, combinadas, definen el bienestar material de esos individuos.

Costo de los bienes. En cuanto al efecto mediante los precios de los bienes, hay dos aspectos que son de suma importancia. Primero, todos los estudios citados en la evidencia empírica utilizaron supuestos muy restrictivos. Consideraron que ni el patrón de producción ni el de consumo de los individuos u hogares variarían ante la reducción de precios de varios bienes que resulta de la liberalización. Pero se sabe que tanto los individuos como los hogares, ante una variación de precios, harían ajustes en ambos patrones para así alcanzar mayores niveles de bienestar. Segundo, ninguno de los estudios citados en la evidencia empírica tomó en cuenta la segunda ronda de beneficios que resulta de la reducción de precios. Aun así, concluyeron que la gran mayoría de los hogares saldrían beneficiados de la reducción de precios de varios alimentos que se daría con el CAFTA. Con base en todo lo anterior, es razonable concluir que los hogares más pobres de Costa Rica se verán inmensamente perjudicados (dejarían de obtener grandes beneficios) por la no liberalización inmediata de los nueve bienes de consumo básicos considerados en este análisis.

Empleo y remuneración de la mano de obra. En la medida que el DR-CAFTA haga incrementar la especialización y el intercambio de b&s, así será el incremento de la cantidad de empleo en Costa Rica (y en los otros países centroamericanos) . Como hay actividades en las cuales la liberalización no ocurrirá hasta 15 ó 20 años después, en la economía como un todo habrá menos especialización, lo cual implica que se generará menos empleo y habrá un menor incremento de los salarios de lo que habría con la liberalización inmediata. Con base en las estimaciones en Estados Unidos, sería razonable pensar que en Costa Rica (y otros países centroamericanos), por cada empleo que se mantenga en esas actividades, se dejarán de crear por lo menos 5 en otras partes de la economía.

Por otra parte, el menor incremento salarial será producto de dos efectos: el empleo de producción negativa y el empleo que se deja de generar. El empleo que se genera en las actividades no liberadas (o protegidas) es de producción negativa, ya que se produce un bien a un costo por encima del costo de oportunidad (el de importación). Si una actividad produce un bien a un costo de $500/unidad cuando se podría importar por $200, esa actividad no genera riqueza, sino pérdidas a la sociedad. En este sentido, la productividad de la mano de obra es negativa, y la remuneración debería ser negativa también. Pero el trabajador recibe un pago positivo, el cual no es más que transferencias de los consumidores del bien. Además, la no liberalización de ciertos rubros hace que, en el resto de la economía, muchas actividades se tornen inviables; actividades que con la liberalización generarían empleo del tipo productivo. La combinación de ambos efectos es una reducción generalizada de la remuneración de la mano de obra. La única evidencia empírica encontrada es el estudio del NAFTA, en México, el cual encontró una relación positiva entre la liberalización comercial y el aumento de los salarios.

Bienestar de los más pobres. En México, los resultados indican que, en general, los hogares rurales se beneficiaron gracias a NAFTA, ya que los consumidores disfrutaron de precios más bajos, mientras que los trabajadores percibieron salarios más altos de los que hubieran podido recibir sin dicho tratado comercial. Los modelos desarrollados en este estudio indican que, en promedio, el bienestar de los hogares rurales aumentó alrededor de un 3,6 por ciento como resultado de NAFTA (Sánchez 2006). Este estudio partió de un arancel promedio de no más del 12,5 por ciento (pero con muchos bienes), y no incluyó la segunda ronda de los efectos de la disminución de precios ni el aumento del empleo. En Nicaragua se estimó un aumento en bienestar de 4,1 por ciento para los hogares urbanos con base en seis rubros, y sin tomar en cuenta el incremento del empleo y de los salarios.

Todo lo anterior indica que si se tomaran en cuenta todos los efectos —la segunda ronda de beneficios de la reducción de precios, y el aumento del empleo y de los salarios— y el hecho de que en Costa Rica se parte de aranceles mucho más elevados, sería razonable esperar que el incremento del bienestar (el ingreso real) de los más pobres, en Costa Rica, a raíz de una completa liberalización de los rubros de marras fuera de al menos 15 por ciento. Este incremento no se va a materializar porque el gobierno de Costa Rica exigió que la liberalización ocurra solo después de 15 ó 20 años de la entrada en vigencia del tratado.

6. RECOMENDACIONES

De todo lo expuesto aquí, queda claro que los gobernantes centroamericanos no entienden que, desde la óptica del individuo (el actor económico relevante), el propósito de la actividad económica es resolver necesidades de consumo; y que, en el sistema de especialización e intercambio, se crea la máxima riqueza cuando cada individuo encuentra la mejor solución –la más barata– para cada una de sus necesidades de consumo. En consecuencia, en el DR-CAFTA negociaron continuar con la protección a los productores de arroz, carne de res, carne de cerdo, pollo, azúcar, lácteos, aceite vegetal, cebolla y papas durante 15 a 20 años. Esto equivale a imponer sobre todos los demás productores (los consumidores de esos bienes) la peor solución para sus necesidades de consumo de esos nueve bienes.

Desde el punto de vista del alivio de la pobreza, esa estrategia es pésima por cuanto impide el funcionamiento del único mecanismo que tiene el sistema para generar más riqueza con una cantidad determinada de recursos. Y cuanto menos bien funciona este mecanismo, menor es la riqueza creada. La estrategia actual crea pobreza de cinco maneras. Primero, al evitar el ingreso libre de alimentos más baratos, rechaza, ad portas, el equivalente a cientos de millones de dólares anuales. Segundo, impide la generación de riqueza mediante el efecto multiplicador de esos alimentos baratos. La riqueza perdida puede ser igual o mayor que la del punto anterior. Tercero, permite la continuación de actividades en las cuales el empleo es negativo. Cuarto, impide la creación de muchos empleos productivos. Y quinto, no permite el incremento potencial de la remuneración de la mano de obra.

La estrategia recomendada. Existe una estrategia mucho más inteligente y muy superior en términos de la generación de riqueza, en especial para los más pobres de los pobres. Esta se puede llamar la estrategia de aceptar y compartir las ganancias, y consiste en dos acciones: la liberalización inmediata de los mercados en cuestión (apertura total) y la compensación a algunos productores de esos bienes. La liberalización inmediata generaría grandes beneficios a todos los consumidores de los bienes. En el caso del arroz, la Asociación de Consumidores Libres (de Costa Rica) estima que el beneficio sería de unos US$100 millones anuales (ACL 2004). Y estos constituyen solo la primera ronda de ganancias. Como dichos beneficios serían muy superiores a las pérdidas de los productores de esos bienes, la estrategia consiste en no rechazar ad portas esos millones de dólares, sino aceptarlos y, con una porción de ellos, compensar a una parte de los productores durante un corto período.

En cuanto a la compensación, hay varios puntos que merecen ser detallados. Uno, existe una compensación natural. La liberalización de todos los bienes de marras proveería una compensación natural a todos los productores, ya que el hogar que es productor neto de uno de los bienes (produce más de lo que consume) perdería con la reducción de precios de ese bien, pero ganaría con la reducción de precios de los demás bienes. Dos, no se compensaría con dinero a todos los productores, sino únicamente a los hogares pobres que son productores netos del conjunto de bienes considerados. Tres, una forma de llevar a cabo la compensación es aplicando, durante ese corto período, un arancel, digamos del 5 por ciento, y utilizando los ingresos para compensar a los productores.

Además de los grandes beneficios que se lograrían solo con la disminución de precios de alimentos básicos, esta estrategia, la cual también sería la óptima para los demás países centroamericanos, generaría una cantidad inmensa de riqueza a través de los otros cuatro efectos ya mencionados: el efecto multiplicador o de segunda ronda, la disminución del empleo negativo, el incremento del empleo positivo y un mayor crecimiento de los salarios. Afortunadamente, esta estrategia puede ser implementada por cualquier país unilateralmente. Según las cláusulas del DR-CAFTA, no sería necesaria una renegociación.

7. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Jaramillo, C. F. y Daniel Lederman. “DR-Cafta: Challenges and Opportunities for Central America.” World Bank Report No.32288-LAC, Chapter 5, June 7, 2005 (www.bancomundial.org/cafta).
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La riqueza generada es equivalente a la suma de todos los bienes y servicios que se logran disponer para el consumo.

Muchos son los factores que determinan un área económica natural. Uno de ellos es el costo de transporte. Para ciertos bienes y servicios, la unidad económica natural no se limita a áreas continuas o cercanas; pueden llegar a ser tan grandes como un continente o cubrir el mundo entero.

Esto significa que la riqueza se genera sin que se descubra algún recurso natural de altísimo valor para la humanidad o se expanda el espacio territorial. Las inversiones en capital físico y humano, y en la investigación o generación de conocimiento pueden aumentar los recursos, pero esas inversiones forman parte del proceso de creación de riqueza.

Esto ocurre, por ejemplo, cuando el gobierno de un país elimina las barreras comerciales.

Un verdadero régimen de derecho de propiedad es, a su vez, un régimen de absoluta libertad comercial —libertad para intercambiar bienes y servicios, tanto con nacionales como con extranjeros.

Aquí, este término se refiere a bienes que pasan de un individuo a otro sin que el primero reciba algo a cambio.

Lo llaman una balanza comercial (BC) positiva; pero, la realidad es que la BC favorable es totalmente lo contrario: Imp>Exp. Cuando un individuo exporta el bien A (lo envía a otro), lo hace con el único fin de obtener a cambio más unidades del bien B de las que obtendría produciéndolo


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