Pesos y contrapesos
May 28, 2020
Arturo Damm

Ackerman, ¿victimario?

La desigualdad en materia de ingreso no es consecuencia de la desigual distribución del mismo, sino de su desigual generación.

John Ackerman, propagandista de la 4T, tuiteó esto: “Si el PIB de México se distribuyera por igual entre todos, a cada familia le tocaría 48 mil pesos al mes. Si tú (sic) familia gana menos, eres víctima de la lacerante desigualdad neoliberal”. Increíble que una persona que presume tener dos doctorados, en Sociología Política (Universidad de California Santa Cruz) y en Derecho Constitucional (UNAM), sea capaz de afirmar tales disparates.

El tuit de Ackerman se divide en dos partes. La descriptiva, en la cual expone lo que, conforme a los números, es. La prescriptiva, en la cual comenta lo que, según él, debería ser.

Comienzo por la parte descriptiva. Durante el primer trimestre del año el PIB sumó 24,333,532,000,000 de pesos y el número de hogares (no de familias) alcanzó, según la última cifra disponible, 34,067.895. Si el PIB, que entre otras cosas mide el ingreso generado en la economía, se hubiera dividido entre todos los hogares, a cada uno le hubieran tocado 714,265.79 pesos que, divididos entre doce, da como resultado 59,522.19 pesos mensuales, cifra mayor en 21.5 por ciento a la mencionada por Ackerman. Hasta aquí los números, las operaciones aritméticas, y la conclusión: si el ingreso generado en la economía mexicana se dividiera entre todos los hogares a cada uno le tocarían, al mes, 59,522.19 pesos.

Sigo con la parte prescriptiva. Dice Ackerman que si el ingreso del hogar fue menor a (uso mi cifra) a 59,522.19 pesos, el mismo fue víctima de la “lacerante desigualdad neoliberal”, afirmación que parte de la creencia de que el ingreso generado de manera desigual (por muchas causas, la mayoría válidas, unos generan más ingreso que otros), debe redistribuirse de manera igualitaria (quitándole a quien genera más para darle a quien genera menos), dando lugar a la redistribución del ingreso, no con el fin de aliviar la pobreza, sino de lograr la igualdad.

Si de Ackerman dependiera, ¿redistribuiría el ingreso, no para que los pobres tengan más satisfactores (como ya se hace), sino para que todos tengan el mismo ingreso (como nunca se ha hecho)?

La desigualdad en materia de ingreso no es consecuencia de la desigual distribución del mismo, como si alguien repartiera dinero de un fondo común y le diera más a unos y menos a otros, sino de su desigual generación, porque unos tienen más capacidad para generarlo que otros.

En el hogar de los Ackerman, al que pertenece Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, su esposa, se genera ingreso por arriba de los 59,522.19 pesos que corresponderían a la igualitaria redistribución del mismo. Si Ackerman afirma que quienes “reciben” menos son víctimas de la lacerante desigualdad neoliberal, los que “reciben” más, como ellos, ¿son los victimarios?



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