Pesos y contrapesos
Jun 3, 2020
Arturo Damm

12.5 millones

De esta magnitud fue el impacto que, sobre el empleo, y todo lo que del mismo depende, desde el ingreso hasta el consumo, y por lo tanto el bienestar, tuvo la decisión de prohibir la realización de las actividades económicas consideradas arbitrariamente no esenciales...

A partir del 1 de abril, con la intención de reducir la probabilidad de contagio, la economía se dividió, arbitrariamente, en actividades esenciales, que fueron permitidas, y no esenciales, que fueron prohibidas.

¿Cuántos más contagios tendríamos si no se hubiera tomado la decisión de cerrar parcialmente la economía? No lo sabemos, pero lo que sí está claro es cuál fue el efecto, de entrada sobre el empleo, y por lo tanto sobre el ingreso, el consumo y el bienestar de millones de familias, de haber prohibido las actividades económicas consideradas no esenciales.

Según la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo, del INEGI, en marzo, antes del cierre parcial de la economía, la población ocupada sumó 55.8 millones de personas. En abril, ya con la economía parcialmente cerrada, la población ocupada se redujo a 43.3 millones. En abril, comparando con marzo, 12.5 millones de personas dejaron de trabajar. Cito del comunicado del INEGI: “Es importante subrayar que se trata de una suspensión sin percepción de ingresos de por medio y sin certeza de si se mantiene el vínculo laboral o de retorno al trabajo”.

La población desocupada, que buscó trabajo sin conseguirlo, pasó de 1.7 a 2.1 millones de personas entre marzo y abril, y la población disponible, desocupada y que no buscó trabajo, aumentó de 5.9 millones, en marzo, a 20 millones en abril, personas que, por el cierre parcial de la economía, dejaron de trabajar en abril con la esperanza de que, reabierta la economía, volverán a su trabajo. ¿Cuántas lo conseguirán?

En marzo 5.1 millones de personas se encontraban subocupadas: tenían la necesidad y disponibilidad de trabajar más sin la oportunidad para hacerlo. En abril sumaron 11 millones. En marzo 12.9 millones de personas se encontraban en condiciones críticas de ocupación, trabajando menos de 35 horas a la semana, o trabajando más de 35 y ganando hasta un salario minio, o trabajando más de 48 y ganando hasta dos salarios mínimos. En abril sumaron 15.1 millones.

De tal magnitud fue el impacto que, sobre el empleo, y todo lo que del mismo depende, desde el ingreso hasta el consumo, y por lo tanto el bienestar, tuvo la decisión de prohibir la realización de las actividades económicas consideradas arbitrariamente no esenciales, impacto que probablemente fue mayor en mayo, por las consecuencias acumulativas de una decisión de ese tipo.

Según los datos de la encuesta de mayo, del Banco de México, sobre las expectativas de los economistas del sector privado, en 2020 se perderán, en el sector formal de la economía, 1,031,000 empleos (en 2019 se crearon 342,077), y la tasa de desempleo promedio mensual será del 5.81 por ciento (fue 3.5 en 2019) de la población económicamente activa, para cerrar el año, en diciembre, en 6.26 por ciento (fue 3.2 en 2019).



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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