Aquelarre Económico
Jun 19, 2020
Manuel Suárez Mier

Cómo aniquilar a los autócratas

Ante la proliferación de malos gobiernos por doquier, que además se tornan autoritarios y pretenden eternizarse en el poder, surge con reiteración la pregunta de cómo se pueden deshacer de ellos los ciudadanos. Aquí se intenta describir una forma de conseguirlo.

En el actual clima de zozobra que priva en muchos países del mundo, en especial los que sufren liderazgos autoritarios o que aspiran a serlo, surge cada vez con mayor frecuencia la pregunta de qué hacer para detener el amago contra las leyes e instituciones cuyo ocaso pondría en peligro la libertad y la democracia.

Una opción es la resistencia civil que Erica Chenoweth[1] muestra, con copiosa evidencia empírica, es más efectiva que la lucha armada y bajo qué condiciones funciona o fracasa y, en algunos casos, como en Sudáfrica, primero fracasa y décadas después se vio coronada con el éxito.

Esto viene a cuento cuando las calles de EU se incendian con protestas de la población negra, con el apoyo creciente del resto, por la violencia de policías blancos contra miembros de esa minoría, que a juzgar por lo recién ocurrido en la ciudad de Atlanta, no parecen haber entendido nada.

En países como México y Brasil, con liderazgos que exhiben gran ineptitud para manejar las crisis que enfrentan y que además padecen una violencia fatal de bandas criminales, con gobiernos incapaces de someterlas, la población protesta contra el mal gobierno pero sin resultados tangibles.

La gran duda es si en este contexto de creciente anarquía, que muchos creen desembocará en ingobernabilidad y caos, la resistencia civil pacífica de la población ayuda a eliminar líderes autoritarios e ineptos con boicots, protestas, marchas y huelgas, retando así al poder atrincherado.

La autora muestra que la resistencia pacífica, con apoyo de sanciones del resto del mundo, fue efectiva en la remoción de regímenes autoritarios en Serbia (2000), Madagascar (2002), Georgia (2003) y Ucrania (2004-05), después de elecciones fraudulentas, y acabó con la ocupación foránea del Líbano (2005).

En su archivo de resultados de campañas pacíficas y violentas (NAVCO, por sus siglas en inglés), analiza 323 campañas de resistencia entre 1900 y 2006, y prueba que el número de eventos con violencia aumentaron con el tiempo mientras que el éxito de las pacíficas, también lo hizo.

La interrogante que surge es cuál es la efectividad de la protesta pacífica contra un cada vez más autocrático Donald Trump, ante una elección en cinco meses en la que las encuestas indican que perderá, lo que de ocurrir, lo llevará a denunciar fraude y desembocará en una crisis constitucional.

La autora sustenta que las protestas son efectivas por otras razones. Inducen a otros a unirse a la causa, mientras sean pacíficas y ganen concesiones; llegan a la “mayoría silenciosa,” que verá al gobierno con creciente escepticismo; animan a congresistas y burócratas a resistir desde dentro del gobierno; alcanzan al resto del mundo, que ve que la gente rechaza el autoritarismo.

El libreto de los líderes autoritarios incluye dividir a la sociedad para imponerle su agenda, que va en contra de sus intereses, lo que se oculta tras una perorata populista que afirma lo opuesto.

¡Orwell tenía razón, hay que releer 1984, que hoy es más popular que nunca!



[1] Why Civil Resistance Works: The Strategic Logic of Nonviolent Conflict, Columbia U. Press, 2011.


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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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