MIÉRCOLES, 9 DE AGOSTO DE 2006
¿Quién es "nosotros"?

¿Se debe utilizar una parte de las reservas del Banco de México para financiar la reconstrucción?
No
No sé



“Existe una tiranía en el vientre de cada utopía.”
Bertrand de Jouvenel

David R. Henderson









“La gran tragedia del colectivismo es que logra que la gente no tenga corazón; nos convierte en seres despiadados, al no poder ya detectar las verdaderas pérdidas y el daño que se le hace a gente inocente porque dejamos de verlos como individuos.”


Stanford, California (AIPE)- Uno de los principios que distinguía a los fascistas, nazis y comunistas del siglo XX era que veían a la sociedad como un organismo y a cada uno de ustedes -amables lectores- como una célula perteneciente a alguna parte de ese organismo. Y así como las células no tienen ninguna importancia más allá de servir al cuerpo entero, los seres humanos para ellos no tenían otra razón de ser que servir a la sociedad. Así, el individuo no es más que un instrumento para servir los fines de otros. Y si la sociedad es un organismo, entonces la cabeza es el gobierno. Pero como hay muchos en el gobierno, la verdadera cabeza es el líder: llámese Mussolini, Hitler, Lenin o Stalin.

 

¿Qué tiene esto que ver con la realidad actual?  Lamentablemente, esa visión orgánica de la sociedad, hostil a los derechos individuales, se ha diseminado en el lenguaje cotidiano y distorsiona la manera de ver y pensar sobre lo que hoy sucede, incluyendo la guerra. Así, la mayoría de la gente discute sobre las relaciones internacionales diciendo “nosotros” hicimos tal cosa, cuando no fuimos nosotros, sino que fue la decisión tomada por algún funcionario público.

 

George Orwell escribió su famoso ensayo “La política y el lenguaje inglés” y su novela “1984” resaltando el hecho que el lenguaje afecta profundamente la manera de pensar. Eso es lo que trato de explicar aquí. Si utilizamos el “nosotros” para describir lo que el gobierno hizo o hace, estamos adoptando el concepto orgánico de la sociedad, lo cual influye marcadamente en nuestra manera de pensar.

 

Conversando hace poco con un hombre inteligente que ha viajado mucho, éste me habló de “la guerra de Bush” y procedió a minimizar el ataque del 11 de septiembre. Estoy de acuerdo que se trata de la guerra de Bush, pero esos tres mil muertos fueron una horrible tragedia y quienes planearon y ejecutaron tan horrendos asesinatos forman parte de la peor gente de la historia universal. ¿Cómo es eso que jóvenes, mujeres y viejos asesinados se “auto infligieron” las heridas y la muerte? Su visión “orgánica” de la sociedad lo llevó a decir que las muertes fueron auto infligidas.

 

La gran tragedia del colectivismo es que logra que la gente no tenga corazón; nos convierte en seres despiadados, al no poder ya detectar las verdaderas pérdidas y el daño que se le hace a gente inocente porque dejamos de verlos como individuos. El ejemplo anterior muestra a alguien que no ve el dolor de individuos inocentes. Otro ejemplo es cuando los norteamericanos no ven el daño que su gobierno está haciendo a muchos extranjeros. Dos ejemplos de esto último me vienen a la mente.

 

Cuando estaba leyendo el borrador de una tesis de uno de mis estudiantes, hace varios años, encontré la frase: “menos de 150 personas murieron en la primera guerra del golfo de 1991”. Al margen de la página le escribí que la verdadera cifra de muertos excedía los 150,000. Poco después, cuando estábamos revisando su tesis, me dijo que cuando escribió “personas” lo que quería decir era “norteamericanos”. Se trataba de un error inocente, pero era la inocente consecuencia del colectivismo selectivo: ver a los norteamericanos como individuos, pero a la gente de otras sociedades como partes de un organismo, especialmente cuando se trata de ciudadanos de países contra los que el gobierno de Estados Unidos había estado en guerra.

 

Mi segundo ejemplo tiene que ver con Kevin S. un oficial de la marina y anterior colega mío en la Escuela de Postgrado Naval. El sufrió graves quemaduras cuando el avión chocó contra el Pentágono, el 11 de septiembre. Parecía que no iba a sobrevivir, pero sí lo logró. Ese heroico reportaje fue publicado en la prensa local, lo cual me llenó de alegría. Pero luego, el artículo informaba que Kevin había contactado a  amigos suyos en la Fuerza Aérea para que en una bomba a ser lanzada en Afganistán le escribieran el mensaje “enviada por Kevin”. Así como simpatizo con Kevin, simpatizo también con las personas en Afganistán que la bomba de Kevin lesionó o mató, quienes son tan inocentes como él. Lamentablemente, el pensamiento colectivista de Kevin le impide diferenciar entre los que lo hirieron y los que ningún daño le han hecho.

 

El colectivismo es la ideología más horrible del mundo. Es directamente responsable de la muerte de más de 100 millones de personas durante el siglo XX. Debemos contribuir no participando en el colectivismo, especialmente de su lenguaje. La única esperanza de un mundo en paz es asignarle la responsabilidad a la gente por sus actos y tratar a la gente inocente de todos los países como inocentes. Dejemos de hablar de “nosotros” cuando nos referimos a algo que detestamos y que hace el gobierno.

 

___* Profesor de la Escuela de Postgrado Naval y académico investigador del Hoover Institution.

© www.aipenet.com

 


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus