MARTES, 22 DE AGOSTO DE 2006
Mienten palabra por palabra

Según usted, ¿cómo le está yendo a la economía mexicana?
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Bien
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El punto sobre la i
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
Viktor Frankl


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“Los perredistas que tienen secuestrada no sólo a la ciudad de México, sino al resto del país, a los medios de comunicación y a todos los ciudadanos, mienten palabra por palabra, frase por frase”


Los perredistas que tienen secuestrada no sólo a la ciudad de México, sino al resto del país, a los  medios de comunicación y a todos los ciudadanos, mienten palabra por palabra, frase por frase.

 

Mienten en toda la prolijidad de sus discursos, sus declaraciones, sus entrevistas, sus griteríos, sus gracejadas y sus arengas, porque jamás han acertado ofrecer argumentos válidos, razonamientos aceptables, pruebas suficientes sobre la existencia de un fraude, de un complot, de un contubernio.

 

Con ellos -los poseedores de la verdad absoluta, los voceros del evangelio de la purificación, los portadores de la promesa mesiánica de la renovación- es inútil cualquier intento de conversación, de dialogo, de razonamiento, de entendimiento, de negociación, de acuerdo.

 

A ellos no les importa el alto costo social y económico de una ciudad semiparalizada por seguidores de salario mínimo y promesa máxima; tampoco les importa el desorden, la división, el caos, el coraje social acumulado; lo que les interesa es la toma del poder a como de lugar, por las buenas o por las malas, pésele a quien le pese.

 

Ellos, los mantenidos del sistema, los mamadores insaciables de presupuestos públicos, no ceden ni un ápice en su pretensión demente de apoderarse del país, de sus recursos, de nuestro presente y de nuestro futuro.

 

Personas que jamás han sabido lo que es establecer y desarrollar un negocio, un oficio, una profesión, insisten en ocupar las posiciones del poder para continuar disponiendo de nuestras vidas, de nuestro trabajo, de nuestro bienestar.

 

Ellos mienten y se mienten a sí mismos, cuando afirman, sin mostrar una sola prueba, que la derecha hizo fraude. Derraman desvergüenza,  cinismo e hipocresía, cuando afirman que se efectuó una elección de Estado y se resisten a aceptar que ellos también son parte del Estado y que los recursos –que no son pocos- con que comen, viven, visten, viajan y se divierten provienen también del Estado Mexicano, sí, el mismo que –dicen- van a destruir.

 

Si ellos fueran habitantes de cualquier otro país, hace mucho que estarían en la cárcel, o por lo menos en sus casas luchando por la vida, pero no, aquí en nuestro México, ellos gozan de fuero, de prerrogativas, de prebendas, de dietas, de sueldos, de contratos, todo con cargo al erario, o sea de nuestros bolsillos.

 

Si los que sufrimos las consecuencias de tan nefasta actitud y acciones, fuéramos ciudadanos de otra nación, hace mucho tiempo que habríamos exigido al gobierno federal que cumpla con su obligación –para eso le pagamos- de respetar y hacer respetar las leyes, las instituciones, los derechos de terceros.

 

Si quienes salimos afectados con el juego macabro de la desestabilización y el desperdicio -en un país de enormes carencias-, perteneciéramos a una civilización de a de veras, todos estos fulanos, empezando por los detestables títeres de barba sucia, barriga enorme y constante eructo –Encinas y Bátiz-, ellos ya estarían en prisión al lado de secuestradores, narcotraficantes, homicidas y defraudadores.

 

En la misma forma  todos los acarreados, los reclutados, los plantonistas a sueldo, ya podrían haber sido trasladados –con gastos pagados, como mucho les encanta- a las Islas Marías a trabajar en las salinas, de preferencia coordinados y supervisados por sujetos del tipo Batres, Padierna, Noroña, Muñoz Ledo, Camacho y otros –desafortunadamente muchos otros- que siguen viviendo de nuestros impuestos.  

 

Y para no dejar sentido al sector de los académicos de izquierda, a alguno que otro intelectual, y a muchos periodistas y locutores, digamos también que más les vale que se pongan las pilas, de las buenas, porque con dementes como los que tenemos en el escenario nacional ni ellos están seguros y no sería nada raro que también perdieran sus nichitos, en el caso, remoto caso, imposible caso, de que el purificador de Macuspana llegará a Palacio Nacional.

 

Por último una pregunta: ¿No está usted harto de “El  Loquito” y sus voceros? Yo sí.

 


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