Asuntos Políticos
Ago 27, 2006
Cristina Massa

Partidos Políticos: LX Legislatura

Mientras el excandidato presidencial del PRD radicaliza su movimiento como un último intento para acceder al poder, aquellos que han garantizado su ingreso al legislativo buscan la moderación. El partido le apuesta con esta decisión a su futuro electoral más que a la ruptura con las instituciones democráticas.

La organización partidista ha demostrado ser compleja: compuesta por intereses diversos que se expresan en diferentes comportamientos de sus miembros. Los partidos son producto de decisiones políticas concretas. Son determinados por su entramado organizacional que a la vez, es producto de sus expectativas electorales. Los partidos políticos no sólo generan relaciones conflictivas con sus competidores electorales, ellos mismos son producto de una competencia previa entre sus miembros.

 

La necesidad de construir un apoyo electoral mayoritario, en un país marcado por las diferencias, ha llevado a los partidos a incorporar fuerzas políticas diversas. El divisionismo de la izquierda es el menos sorprendente, pero en este escenario postelectoral debe ser visto como uno de los más relevantes. La tradicional disciplina del PAN ha encontrado su límite en la incorporación de nuevos cuadros que potenciaron su presencia electoral. El PRI padece las consecuencias de no actualizarse en la democracia y utilizar los espacios de poder como único mecanismo de cohesión.

 

La selección de quienes coordinarán los grupos parlamentarios de la siguiente legislatura sólo ilustra las divisiones de los partidos políticos en México. Expresa que el pluralismo mexicano no sólo se ha reflejado en la distribución de escaños parlamentarios entre los diferentes partidos sino en la heterogeneidad a su interior.

 

La elección de Javier González y Carlos Navarrete como coordinadores de las bancadas del PRD en la Cámara de Diputados y de Senadores, respectivamente, demuestran que el liderazgo de López Obrador -representado por los equipos de Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal e incluso aquél de Amalia García- ha menguado al interior de su partido. Ilustra el debilitamiento de la izquierda revolucionaria y el resurgimiento de la izquierda reformista.

 

La casi inminente derrota en la elección presidencial ha reconfigurado los escenarios del perredismo. Mientras el excandidato presidencial radicaliza su movimiento como un último intento para acceder al poder, aquéllos que han garantizado su ingreso al legislativo buscan la moderación. El partido le apuesta con esta decisión a su futuro electoral más que a la ruptura con las instituciones democráticas.

 

Los coordinadores perredistas han afirmado en sus declaraciones que detendrán las reformas estructurales en el sentido que –esperan- Calderón las busque. La posición del PRD que se vio fortalecida en su oposición al liberalismo se sostendrá en la LX Legislatura. La relevancia de que sus bancadas sean coordinadas por el grupo más cercano al cardenismo, no radica en la posibilidad de que el PRD participe en una alianza legislativa con el PAN que es casi impensable. La importancia es que llega a liderar un grupo que se ha distinguido por ser una oposición leal, que difiere y se opone pero a través de los mecanismos democráticos de expresión y decisión.

 

En el PRI y como reflejo de las importantes diferencias entre sus miembros, se eligieron candidatos de distintos grupos, Manlio Fabio Beltrones cercano a Madrazo en el Senado y Emilio Gamboa impulsado por los miembros del TUCOM en la Cámara de Diputados. El PRI sugiere con su decisión que aprovechará su posición mediana en la legislatura para fortalecer su mermada capacidad electoral. Envía señales de negociar en el sentido que mas convenga, con el gobierno o el PRD. Lo más probable es que acompañen al gobierno en reformas que se traduzcan en beneficios de corto y mediano plazo mientras le rechacen en aquellas más ambiciosas.

 

El PAN también tuvo un conflicto para elegir a sus líderes parlamentarios de entre los legisladores más cercanos a Calderón y aquéllos impulsados por Manuel Espino. Al final, ganaron estos últimos. El triunfo del equipo foxista refleja que el gobierno de Calderón tendrá que convivir con otras corrientes dentro de su partido. Además sugiere que el PAN busca garantizar la representación de sus grupos más conservadores y que a diferencia del PRI y el PRD, podrá negociar en el legislativo con elementos más radicales que, en la política parlamentaria, ayudan a acercar el resultado de la agenda al punto ideal del partido.

 

También puede leerse una dificultad del futuro presidente para ganar el control de su partido; sin embargo, a diferencia del sexenio foxista la fuerza del PRD y su posición de no cooperar con el nuevo gobierno, beneficiará de manera importante la disciplina parlamentaria y gubernamental del PAN. Por otro lado, también es posible que esta decisión refleje un acuerdo entre grupos para incrementar la autonomía de Calderón en la conformación del gabinete, a cambio de haber cedido espacios legislativos.

 

Los tres partidos eligieron líderes parlamentarios que dan visos de estabilidad a pesar de las diferencias, aunque ninguno garantiza el poder a liderazgos unívocos. La lección más relevante de este proceso ha sido cómo los partidos políticos han elegido la mesura como única forma de lidiar con sus conflictos internos. La preeminencia que han dado a la cohesión legislativa definirá la capacidad del próximo gobierno para entablar una relación exitosa con el poder legislativo. A pesar del ruido postelectoral, las oportunidades de ver alianzas legislativas parecen importantes.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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