Práctica económica
Sep 1, 2006
Juan Carlos Leal

El escenario de la anulación

Desde el 2 de julio López sabe que perdió y ha tratado de imponerse, pero cada vez se queda más solo, dos tercios de la población no le creen nada y muchos menos lo quieren acompañar en su intentona revolucionaria, lo peor para él es que no hay apoyo en el extranjero.

Analistas, académicos, opinadores, conductores y sobre todo los acólitos del movimiento lopista han insistido, particularmente después de que el Tribunal Electoral desechara los alegatos, no probados, de la Coalición por el Bien de Todos sobre el “fraude electoral”, en la anulación de la elección. Los hay moderados que insisten en que se debió contar voto por voto, pero esto era imposible en primera instancia porque es un slogan pegajoso pero nunca se concretó en forma de petición formal al Tribunal, o los que hablan de la necesidad de que por las “clarísimas” inequidades habría que anular la elección y repetirla o en el extremo los que piden que haya un revolución para tomar el poder que no ganaron el 2 de julio por la vía institucional. Todos a cual más de exacerbados, pero sin el apoyo de las mayorías.

 

Las encuestas no mienten y cada vez se cae con más claridad el argumento del fraude masivo, sobre todo cuando el argumento para no aceptar la anulación de más votos por parte del tribunal es precisamente el respetar la voluntad ciudadana y salvaguardar el voto, es pues que a pesar de lo que digan los detractores de nuestras instituciones y de los ciudadanos que participamos en la elección del 2 de julio, hay alguien que se toma la molestia en tomar en cuenta el ejercicio ciudadano y responde jurídicamente a las demandas políticas de la coalición y con ello se da un espaldarzo a esa mayoría de dos tercios que sí cree en las instituciones y en la democracia mexicana.

 

Pero los seguidores del caudillo, descarados o no, insisten en que existió inequidad, que hubo poca transparencia y que esto es suficiente para anular la elección presidencial, pero no la elección legislativa que se realizó con los mismos funcionarios y los mismos recursos humanos y económicos, esta es la primera de las contradicciones y precisamente la más importante de todas. Pongamos el caso de la anulación por la intervención de Fox, pero también de Encinas, García y todos los gobernadores de todos los partidos, lo mismo que los apoyos “indebidos” de las cámaras empresariales y los medios parciales a todos los partidos y todos los colores, de los opinadores que en mucho hicieron de López un candidato mediático, a pesar de el insistir en pueblear, en este sentido la inequidad la padecieron todos o me van a decir que en Tabasco Calderón no tuvo votos por no hacer campaña, o que López no se adueñó de medios y horarios o de ciudades como la que gobernó. Así pues si de inequidades hablamos pues todos coludos o todos rabones. Y agréguele la campaña sucia, negra, negativa, que la hicieron todos sin excepción. Entonces vamos a anular.

 

Y entonces el Tribunal electoral dice que anular es lo correcto y que se elija un presidente en el Congreso, cuya elección igual de cuestionada no se anula. Ese día no cae Fox, o el IFE sino que el país se desintegra porque sus instituciones desaparecen, empezando por el Tribunal Electoral, es decir borrón y cuenta nueva en los tres poderes de la unión. Y la crispación se dispara hasta niveles inéditos en la historia moderna del país.

 

Imagine, lector, un Congreso que tratará de elegir a un Presidente Interino con la división que hoy presenta este brazo del Estado mexicano. Recibiendo la instrucción de una autoridad judicial cuestionada por todos los partidos, entonces ¿quién tiene legitimidad? La respuesta es muy sencilla nadie. Entonces ¿quién va a gobernar? La respuesta es muy sencilla pero muy dolorosa, el caudillo que tenga más fuerza o el militar al que le salgan agallas o el delincuente que pueda hacerlo. Es muy claro el costo de desconocer la elección en la que nadie tuvo dudas hasta que López las sembró y nunca demostró: quedarnos sin país y entrar en una nueva “revolución”.

 

Este escenario es espantoso pero desde mi perspectiva es el único escenario que López se planteó desde que inició su campaña a la presidencia el 5 de diciembre del 2000, o gano por la buena o gano por la mala. Y es que toda la maquinación y el complot Lopista parece encajar como piezas de tetris, si no gano me robaron, si no me dan la impugnación pues reviento al país y lo hago comoquiera, pues la ley y las instituciones me estorban para el “proyecto alternativo de nación”. Así de sencillo, desde el 2 de julio López sabe que perdió y ha tratado de imponerse, pero cada vez se queda más sólo, dos tercios de la población no le creen nada y muchos menos lo quieren acompañar en su intentona revolucionaria, lo peor para él es que no hay apoyo en el extranjero, así que al comandante Andrés le esperan largos períodos de soledad y mucha más amargura pues el pueblo lo paró el 2 de julio y sigue buscando quien se las pague y lo haga presidente, aún y al costo de destruir al país.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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