VIERNES, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2006
La importancia de la libertad económica

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“No son sueños de algún liberal inocente, o de una ideología radical. Son hechos, números, estadísticas que apuntan a una dirección, y ciertamente una conclusión, de importancia capital para el futuro de los países en vías desarrollo.”


El proyecto de medir la libertad económica mundial era, hace apenas unos años, visto como un objeto de risa, deseo de algún radical libertario frustrado, ciertamente parte de un “compló derechista.” Sin embargo, a partir de las publicaciones del reporte anual del proyecto denominado Libertad Económica en el Mundo, coordinado por el Fraser Institute en colaboración con más de sesenta instituciones a nivel mundial, se ha dado un paso muy importante en relación a la creación de consciencia internacional sobre la importancia de la libertad económica, y su relación al objetivo de alcanzar mayor prosperidad.

 

En su versión de este año, por ejemplo, el reporte destaca los siguientes resultados. La libertad económica es importante, entre otras razones, porque tiene mayor impacto en el combate a la pobreza que el asistencialismo financiero de la ayuda externa. Es mejor, en otras palabras, consolidar las condiciones internas de libertad de producción, de elección, que pedir dinero al Banco Mundial, al Fondo Monetario, y a otras burocracias clientelares en el mundo financiero global.

 

La medición de la libertad económica, todavía, por cierto, en un proceso gradual de ensayo y error, se basa en cinco grandes agregados: 1) tamaño del gobierno, 2) estructura legal y protección de los derechos de propiedad, 3) estabilidad monetaria, 4) intercambio en el comercio internacional; y, 5) regulaciones sobre crédito, mercado laboral y negocios. El ingrediente más importante de estos componentes es, quizá, el correspondiente a la ley y al imperio de la ley: sin un sistema de justicia confiable, sin respeto a los contratos, sin un marco de derechos de propiedad bien definidos, la libertad de elegir se disminuye, y a la vez la oportunidad de mejorar el nivel de vida de una comunidad.

 

Vaya que si hemos aprendido esa lección, y por las malas, en el caso reciente de la experiencia mexicana. Por cierto, nuestro país califica bien en comercio exterior, bien en el control de la inflación, pero muy mal en ambiente de negocios e instituciones. Por ello, ocupa el lugar 60 entre este universo de 130 países—típicamente mediocre, a la mitad, en el centro. El reto es transformar la cultura de libertad económica para lograr los beneficios de los países que hoy obtienen las mejores calificaciones, por ejemplo, Hong Kong, Suiza, Irlanda, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Islandia, hasta Estonia o El Salvador. La tesis es que, de ser así, el largo plazo verá incrementos correlacionados en el nivel de vida.

 

De hecho, los niveles de libertad económica alrededor del mundo han aumentado en el último cuarto de siglo. Y el resultado parece ser contundente: los países del más alto cuartil en libertad económica cuentan con una producción promedio per cápita de 24,000 dólares, comparado casi 3,000 de las naciones del más bajo cuartil. El cuartil más alto, a su vez, cuenta con una tasa de crecimiento per cápita de 2.1%, comparado con -0.2% del cuartil más bajo. La evidencia, año con año, es que hay una relación íntima entre mayores niveles de desarrollo y libertad económica. Estos no son sueños de algún liberal inocente, o de una ideología radical. Son hechos, números, estadísticas, que pueden estar mal, pero que apuntan a una dirección, y ciertamente una conclusión, de importancia capital para el futuro de los países en vías desarrollo.

 

Vaya, como el nuestro.


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