Foro libre
Oct 11, 2006
Edgar Piña

¡Vos no querés ver, boludo!

Muy pronto los argentinos habrán de recuperar el camino de prosperidad que tuvieron en épocas pasadas y que explica en mucho ese tipo de conducta colectiva que los caracteriza como sobre ponderados y hechones

A unas cuantas horas de subir al avión de regreso a la ciudad de México, la ciudad de Buenos Aires luce tranquila, con una temperatura agradable que nos recuerda que la primavera esta empezando. Aquí en el centro de la capital federal de Argentina, en un domingo por la tarde, al igual que en muchas ciudades del mundo, el tráfico vehicular y de peatones es considerablemente menor al que se presenta en los días laborables de la semana.

 

Por aquí en el barrio de Recoleto, muy cerca de El Obelisco –símbolo de la ciudad de Buenos Aires- y la Plaza de Julio –donde todos los días primero de cada mes se siguen reuniendo las madres de los desaparecidos en la década de los setentas durante  la ultima dictadura militar de este país-, es en donde principalmente el paisaje concentra la hermosa arquitectura palaciega que recuerda a nuestra ciudad de los palacios, pero ya modificado por edificios modernos de hierro y vidrio, de varios pisos, que dan asiento a compañías internacionales y que también son conocidos como rascacielos inteligentes por disponer de servicios completamente computarizados.

 

Después de tres intensos días de economía austriaca en el rectorado de la Universidad Nacional de Rosario, en la ciudad del mismo nombre, no deja de inquietarnos la coexistencia persistente  de dos argentinas: una rica y una pobre.

 

A cada paso aquí es posible constatar la existencia simultánea de prosperidad y de pobreza, exactamente en la misma forma en que se observa a todo lo largo y lo ancho del continente americano, al sur del río Bravo.  Las coincidencias y similitudes entre México y Argentina, son tantas que las pocas diferencias se convierten en nada a la hora de reflexionar al respecto.

 

Con un producto interno bruto per capita de 3 700 dólares anuales, la economía argentina es la tercera de Latinoamérica después de México y Brasil, pero como ya dijimos, los contrastes y la pobreza que invade a pueblos y ciudades son los mismos que caracterizan a todos los países hermanos de centro y Sudamérica.

 

El enorme orgullo Argentino, usted ya lo sabe, proviene de la predominancia de inmigrantes europeos, cuya mezcla con los nativos es prácticamente inexistente. Sin embargo, no obstante la piel blanca, los ojos celestes y las cabelleras rubias, la mendingancia callejera alcanza a todas las ciudades y aquí en Buenos Aires no es la excepción.

 

Así puede usted ver a una anciana de tez roja  y ojos claros extendiendo la mano en la  puerta de la Catedral o la salida de las estaciones del Subte –como se le llama aquí al Metro. Pero también puede ver a los infaltables coyotes a las entradas de las casas de cambio, en las terminales de autobuses y todos los lugares donde exista un nicho de actividad factible de ser cubierto por el mercado negro.

 

Tanto en Rosario como en Buenos Aires la basura en las calles es una constante. Interrogado al respecto uno de nuestros amables anfitriones nos explico que ello obedece a una propensión del argentino a quebrantar las leyes y con esa argumentación no dejó cabida para alguna explicación relacionada con la ineficacia gubernamental o la indiferencia ciudadana ante un problema que deteriora gravemente la imagen del país.

 

Con una buena cartera de nuevos amigos y muchos recién conocidos de todas partes del mundo, principalmente de Sudamérica, y con un repertorio amplio de posibilidades de investigación y documentación de las convincentes propuestas de la escuela Austriaca de economía, nos despedimos de este hermoso país, convencidos de que muy pronto  los argentinos habrán de recuperar el camino de prosperidad que tuvieron en épocas pasadas y que explica en mucho ese tipo de conducta colectiva que los caracteriza como sobre ponderados y hechones.

 

Después de todo si ellos no son capaces de ver el enorme potencial de una tierra rica y vasta junto a sus actuales condiciones de pobreza y polarizacion económica; si no le dan importancia a la traba definitiva que les significa tener dictaduras militares o presidentes demagogos y populistas, muy probablemente sea porque están convencidos de que cuando se propongan ser de primer mundo lo habrán de lograr, ya que por algo son… ¡argentiiinos, che!

 



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