VIERNES, 20 DE OCTUBRE DE 2006
Una hacienda responsable

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“¿Es Agustín Carstens la persona para el puesto, para asumir la dirección de la hacienda responsable que requerimos?”


La designación de Agustín Carstens como coordinador económico en el equipo de transición “felipista,” y por ende candidato natural para ocupar la Secretaría de Hacienda, ha ocasionado, como era de esperarse, respuestas diversas, tanto positivas como negativas. Las positivas se esperaban, dada la reputación de Carstens en el mundo financiero global.

 

Las respuestas negativas, sin embargo, en vez de plantear críticas constructivas,  se han caracterizado por su desconocimiento (deliberado, y hasta infantil) o por su contenido visceral—sobre todo, la ridícula idea que la designación responde a un ajuste de cuentas con el Fondo Monetario Internacional. La más común es la burra noción de que Carstens tenderá a privilegiar la estabilidad de precios en perjuicio del crecimiento, y del empleo—una acusación también irónica, dado que apenas la semana pasada se le reconoció con el Premio Nobel de Economía a Edmund Phelps, quién ha demostrado que no existe relación negativa a largo-plazo entre baja inflación y desempleo.

 

Más allá de la persona, sin embargo, debemos interrogar sobre las características que debe reunir una hacienda responsable. Ante todo, un Secretario de Hacienda moderno, responsable, conlleva una tarea capital para el futuro económico del país. Empero, ello no es porque tiene a su cargo las herramientas de expansionismo para lubricar la actividad de la economía nacional. Es, más bien, por el hecho que debe reunir una capacidad probada de manejo de riesgos, de ejercer política pública bajo un marco “risk-management.” Un Secretario de Hacienda responsable debe tener un sentido de urgencia, un compromiso con el crecimiento sano y sostenido, con el aumento de salarios reales, con las reformas estructurales. Las excusas son inaceptables.

 

Una hacienda pública responsable siempre debe suponer lo peor, si bien esperar lo mejor. Los altos precios del petróleo no son para siempre; el aumento del gasto no puede darse sin ajustes en la eficiencia del mismo; el mejor blindaje siempre será prevenir. Y, tal como hemos insistido en este foro, un Secretario de Hacienda responsable, con capacidad de manejar riesgos en un mundo de alta movilidad de capitales, será uno que suponga que la probabilidad de un choque externo negativo en el futuro es ciencia cierta, equivalente a 1. En vez de esperar el momento y recurrir a salidas desesperadas, hasta expansionistas, un Secretario de Hacienda exitoso habrá tomado las medidas preventivas, que haya dejado las bases para aguantar lo peor.

 

Los ingresos extraordinarios generados por los altos precios del petróleo reflejan un espejismo fiscal de abundancia falsa. En todo caso, el próximo Secretario de Hacienda debe buscar la autonomía financiera de la paraestatal petrolera, y debe buscar que ingresos extraordinarios sean destinados para asuntos extraordinarios—sobre todo, amortización de deuda pública, hasta el financiamiento de una reducción de tasas impositivas, o incluso las necesidades financieras coyunturales de la reorganización de gasto público.

 

Un grave error en el pasado fue interpretar flujos de capitales como permanentes, no temporales; y las fugas de capital como temporales, un episodio “transitorio,” no como un evento permanente. Esta es una regla básica de la administración financiera moderna, de una hacienda responsable.

 

Bajo esta perspectiva, independientemente de ideologías, de partidismos, debemos preguntar: ¿Es Agustín Carstens la persona para el puesto, para asumir la dirección de la hacienda responsable que requerimos? Por nuestra parte, por la trayectoria, experiencia y reputación de Agustín Carstens, no tenemos duda que la elección sería inmejorable.


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