LUNES, 6 DE NOVIEMBRE DE 2006
Un nuevo “consenso económico”

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El punto sobre la i
“El liberalismo quiere ser el marco, pero nunca pretende ser la pintura.”
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“Las mentes progresistas del mundo han atribuido en las últimas tres décadas todos los pesares del mundo a tres fenómenos: el cambio climático, los afanes imperialistas de los Estados Unidos y el “Consenso de Washington”.”


Las mentes progresistas del mundo han atribuido en las últimas tres décadas todos los pesares del mundo a tres fenómenos: el cambio climático, los afanes imperialistas de los Estados Unidos y el “Consenso de Washington”, todas las demás causas a sus problemas no tienen la relevancia para ellos como para ser consideradas como Jinetes del Apocalipsis modernos.

 

Así las desventuras del clima son azote de los pueblos, lo mismo que la maquinaria de guerra de los gringos pero fundamentalmente el azote viene por el lado económico en que las crisis son motivadas por las malas políticas que promueve el Fondo Monetario Internacional y a las que los países del tercer mundo se ven obligados a aceptar. Por ello hay hambre, hay pobreza, la deuda es impagable, los gobiernos son corruptos, los países no producen, las economías se abren y se ven forzadas a importar, llega el monstruo de la privatización, los pobres emigran como ilegales y súmele usted su dolor de muelas o las desventuras de vivir en una sociedad con grandes índices de violencia e inseguridad. El gran culpable es el “Consenso de Washington”.

 

El “Consenso” fue el resultado de una encuesta entre agencias de gobierno, multilaterales y think tanks que realizó el economista John Willianson sobre las medidas de política económica que se recomendaban a mediados de los años 80. de esta encuesta surge un paquete de políticas populares, no imposiciones o decálogos de las agencias, que consisten en: Disciplina fiscal, Prioridades en el Gasto Público, Reforma Fiscal, Liberalización Financiera, Tipos de Cambio, Liberalización del Comercio, Inversión Extranjera Directa, Privatización, Desregulación y Derechos de Propiedad. Muchos países adoptaron esta recetas “ortodoxas” y otros no, parece que la gran mayoría de los que sí hicieron la tarea están creciendo, mientras que los que no nos seguimos lamentando y nos atrasamos.

 

Y es que esa es la diferencia, en los 80´s el concepto de competencia entre países era relativamente nuevo, prevalecía el concepto de productividad pero también era nuevo, ahora la productividad tiene que ser global si no no sirve de nada, por ello los preceptos del viejo “consenso” tienen dos destinos o son verdad irrefutable (disciplina fiscal y derechos de propiedad) o han pasado a formar parte de las herramientas necesarias pero no suficientes para conseguir el crecimiento.

 

El consenso hoy parece estar por el lado de las reformas transversales, ya no es desregulación sino mejora regulatoria o ya no es apertura sino competitividad, ya no es privatización sino competencia como meros ejemplos de hacia a dónde se está moviendo el mundo, y de nuevo los detractores de la sensatez salen a las calles a combatir el comercio o la flexibilización laboral.

 

Lo cierto es que nuestro querido México no terminó de hacer las reformas de primera generación y aún hay varias pendientes, pero tiene que competir con países como Eslovenia, Estonia, Polonia o Corea del Sur que ya están muy avanzados con las reformas de segunda generación y van encaminados a las de tercera que tienen que ver con asuntos como democratización tecnológica, sociedad del conocimiento o marcas país.

 

Por ello nos urge que el ejecutivo y el legislativo se pongan de acuerdo para de una vez por todas ponernos al día, ni siquiera a la vanguardia, al día nada más en: propiedad privada, una mejor regulación, una mejora sustancial en administración de justicia, una política energética competitiva y moderna, la reconstrucción de nuestra cultura laboral y más que nada sindical, una mayor apertura y competencia en el sector financiero, adecuar las telecomunicaciones a los adelantos mundiales, una nueva política de salud que no se base únicamente en el asistencialismo y particularmente que desactive la bomba de las pensiones que no es ya de tiempo sino suicida seguir con el mismo modelo y una verdadera revolución educativa para que no sigamos siendo la mayoría de los mexicanos unos analfabetas funcionales en Español, matemáticas o tecnología. Es pues un reto en el que todos, menos los retrógradas de la política, estamos de acuerdo y no es un consenso que venga de fuera, la economía mexicana ha cambiado y por ello la necesidad de ser competitivos ya no es sólo de las empresas exportadoras sino de las papelerías, las taquerías o hasta del peluquero.


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