VIERNES, 24 DE NOVIEMBRE DE 2006
Burocracia parásita

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El punto sobre la i
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
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“Burocracia parásita que depreda el ambiente y los recursos naturales y además... les pagamos por ello.”


Ya se acerca la temporada de caza y pronto la matanza de especies animales con el  intragable argumento del deporte cinegético será una lastimosa realidad en nuestro territorio.

 

Le platico que a finales del año pasado, en un lugar cercano a la ciudad de Hermosillo, estuvieron llegando varios fines de semana unos vehículos identificados con el logo de una empresa dedicada a los servicios cinegéticos, transportando a ciertos turistas armados con poderosas escopetas.

 

 Se apostaban camuflageados en distintas posiciones de un cuerpo de agua, a esperar que arribaran las cada vez más menguadas parvadas de patos canadienses. El tiroteo despiadado de los dizque cazadores y sus anfitriones mexicanos, tenía como consecuencia la muerte de docenas de los hermosos palmípedos, sin distinguir ni edades, ni tamaños, ni sexo.

 

Pareciéndome vil, abusivo y depredador en extremo –además de ilegal- el acto que se repitió todo diciembre y enero, hasta que prácticamente habían desaparecido las familias de patos canadienses en el lugar, me pareció fácil acudir a las dependencias oficiales encargadas del medio ambiente y la fauna silvestre, es decir, Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y Procuraduría Federal de Protección del Ambiente (PROFEPA), para que alguien me ayudara a comprender aquellos actos de exterminio de un recurso que pertenece a la humanidad y no a un grupo de matarifes armados hasta los dientes.

 

Después de recorrer la lista interminable de subsecretarías, direcciones generales, subdirecciones, departamentos, coordinaciones, delegaciones y oficinas; después de hablar con docenas de los señores Pérez, los licenciados López y las señoritas Marías; tras de recorrer agotado y frustrado las oficinas y los teléfonos de decenas de “servidores públicos”, encontré que es una sola mafia que vive muy bien de la venta legal de permisos y de la complicidad ilegal en el incumplimiento de la normatividad respectiva.

 

Hasta donde mi conocimiento llega, un permiso de cacería establece con claridad el número de ejemplares que se puede capturar por temporada y señala además las reglas que se tienen que cumplir para demostrar que se está cumpliendo correctamente con las normas para la conservación de las especies permitidas. Sin embargo, ninguno de los funcionarios y empleados a los que acudí quiso explicar el por qué de las matanzas irrestrictas de especies migratorias que se toleran a unos cuantos minutos de la capital de Sonora.

 

Con un poco de interés en el asunto, averigüé que lo mismo sucede con todas las especies como otras aves, pequeños mamíferos, venados, jabalíes y felinos. También fui informado por lugareños, quienes por algunos pesos ayudan a “los cazadores” a recoger las presas, que el negocio consiste en preparar los patos, congelarlos y trasportarlos atractivamente empacados a las grandes ciudades de Estados Unidos donde son servidos en restaurantes de lujo a exigentes gourmets quienes ni idea tienen de la forma en que las aves fueron masacradas. Y si lo saben… les vale.

 

Invito al lector a recorrer el sitio web de SEMARNAT y PROFEPA. En ellos va a encontrar una burocracia tan grande como inútil. Burocracia parásita que depreda el ambiente y los recursos naturales y además… les pagamos por ello.


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