MARTES, 2 DE ENERO DE 2007
Fin de año y de sexenio

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El punto sobre la i
“La barrera infranqueable del ejercicio de los derechos de cada cual deben ser los derechos de los demás, que nos imponen el deber de respetarlos, deber que debemos asumir libremente. El que no todos estén dispuestos a asumirlo es la razón de ser del Estado.”
Félix de Jesús


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“¿Qué nos dejó el año y el sexenio culminantes?”


Se acabó el sexenio y se acabó el año. Reciba mis mejores deseos para el año que comienza amigo lector. Entrando en análisis, nos preguntamos, ¿qué nos dejó el año y el sexenio culminante? Bueno, para responder con la mejor precisión necesitaríamos mucho mayor espacio que el destinado a este servidor en esta página. Ya se encargarán seguramente los historiadores (y por supuesto, otros colegas de esta página) de hacer un análisis minucioso de la gestión foxista. Por lo pronto si podemos mencionar algunas cosas relevantes:

 

Mantenimiento y consolidación de la estabilidad macroeconómica. Definitivamente, México se perfila como un mercado emergente apuntando a la madurez por su solidez macroeconómica. En este sentido, las inflaciones y devaluaciones traumáticas son cosa desconocida para las jóvenes generaciones de mexicanos. En hora buena, pero hay que recalcar que esto no ha sido fruto del cielo. Se han tenido que emprender esfuerzos serios en materia de política monetaria, fiscal y cambiaria, así como en lo que se refiere a la apertura comercial de los mercados y el manejo prudente en materia de endeudamiento externo. El esfuerzo viene desde la segunda mitad del sexenio zedillista y fue atinadamente continuado por Vicente Fox. Bien el gobierno en esta materia.

 

Crecimiento económico mediocre. Roberto Salinas apuntaba con atino en un artículo la siguiente idea: se ha vuelto una especie de dogma el creer que la estabilidad macroeconómica está peleada con el crecimiento económico (no crezco por que la política monetaria “ortodoxa” no me lo permite al tener que subir las tasas de interés para controlar la inflación; asimismo, el que el gobierno contenga su gasto es dañino para la economía). Efectivamente, esto es un dogma para los ignorantes en materia económica y también para algunos economistas confundidos que sería bueno que revisaran con más denuedo sus libros (seguro empolvados) de teoría monetaria. La política monetaria, ciertamente, cuando está mal instrumentada se puede volver un dolor de cabeza para el crecimiento de la economía. No se diga el gasto público desbocado. Pero cuando se aplica con eficiencia, entonces se vuelve un instrumento que coadyuva a que los negocios se desenvuelvan en un ambiente propicio y esto se logra a través de la estabilidad de precios que un buen Banco Central logra. Igualmente, en materia fiscal, si el gobierno gasta menos, se endeuda menos y presiona en menor medida a las tasas de interés. Estabilidad es el ingrediente esencial para que la economía crezca. Claro no es suficiente. El sexenio foxista se caracterizó por un crecimiento mediocre (tasas promedio abajo del 4%), pero la causa no fueron la política monetaria y fiscal. Al contrario, la coordinación de estas es esencial y condición primera para lograr detonar el crecimiento económico. Ya en el pasado a México le costó mucho que el Banco Central no fuera autónomo y que estuviera supeditado a la expansión gigantesca y desordenada del gasto del gobierno. A los desmemoriados se les olvida fácilmente esto. La causa del magro crecimiento económico foxista fue la ausencia de reformas en materia laboral, energética y fiscal, así como del entramado institucional actual que es muy deficiente en materia de protección y cumplimiento de los derechos de propiedad, lo que es esencial para que las transacciones que se llevan a cabo en los mercados, sean eficientes. La estabilidad no es el enemigo; al contrario, los mexicanos desde el año 2001 ya no han visto deteriorar su ingreso año con año; algunos hasta les ha permitido financiar la compra de una casa (con estabilidad, las tasas de interés tienden a la baja lo que beneficia a la inversión y al consumo de los mexicanos). Hoy las naciones que más crecen en el mundo es por que han logrado estabilidad de precios. Ahí están los tigres asiáticos y naciones como Estonia, Irlanda y Nueva Zelanda. El crecimiento económico positivo de naciones como Argentina y Venezuela no es sano, pues no está sustentado en la estabilidad de precios, sino sólo en la expansión fiscal irresponsable, que causa inflación de dos dígitos. Ya veremos luego como truenan estas economías. Salvo algunas reformas financieras importantes, en el sexenio foxista no hubo una sola reforma esencial para que la economía mexicana detonara su crecimiento. Pero, insistimos, esto no fue culpa de las políticas fiscales, monetarias y cambiarias, sino de la ausencia de reformas que hicieran más productivos a los factores de la producción.

 

Oligarquía política. Sí, francamente los partidos políticos mexicanos se han vuelto un jugoso negocio para unos pocos. Urge una reforma política que ponga fin al uso indiscriminado y corrupto del los recursos del contribuyente por parte de las mafias incrustadas en los diversos partidos políticos. El sexenio se caracterizó por partidos que obstaculizaron todo tipo de medidas tendientes a modernizar a la economía mexicana. Incluso, ya la nueva legislatura también dio cuenta de ello. Persiste la perversa idea entre los políticos mexicanos (la actual legislatura no es la excepción) de que para salir adelante hay que gastar, gastar y gastar. No, ello, además de ir en contra de la eficiencia económica, sólo beneficia a los grupos de interés incrustados en el campo, la educación y los negocios. Recuerde amigo lector, políticos gastalones, igual a compadres ricos y pueblo pobre. La ecuación no falla. Urge una reforma profunda al Congreso (que se profesionalice más y que se puedan reelegir los legisladores eficientes) para que no se repitan los excesos del sexenio pasado en el actual.

 

Débil estado de derecho. Una característica de todos los regímenes priístas fue la regla “pan” ó “palo”. “Si te portas bien con el sistema te doy privilegios, si no, te excluyo y en el peor de los casos te elimino”. Esta lógica permitió tener controlados a los más violentos, aún cuando fue a costa de la libertad de expresarse. La llegada a la presidencia de un primer gobierno no priísta (en la historia reciente), pensamos muchos, derrumbaría a los viejas reglas priístas. En efecto, algunas se terminaron. Pero nunca se sustituyeron por un marco jurídico eficiente, para que en un entorno de democracia y libertad, los matones y violentos estuvieran controlados. Por desgracia, la falta de aplicación de la ley fue práctica cotidiana en el sexenio foxista. Bastaba Con asomar un machete, para que la administración foxista cediera ante todo chantaje. Los asesinatos descarados (a plena luz del día y en lugares públicos) entre narcos y el conflicto de Oaxaca, fueron la culminación de esta triste historia de impunidad.

 

Parásitos sindicales. Esta es una herencia de los viejos regímenes priístas que sabíamos no se acabaría por el hecho de llegar al poder la oposición. Pero creíamos que Fox comenzaría a pintar su raya. No fue así. Ahí siguen los viejos líderes sindicales antidemocráticos (incrustados sobre todo en el sector público) defendiendo a capa y espada sus privilegios y chupando a sus agremiados, y por supuesto, al contribuyente. Fue patético que el ex presidente Fox permitiera que a la obra pública más importante de su sexenio (una presa gigantesca) se le pusiera el nombre del mafioso y vulgar Rodríguez Alcaine (la güera Rodríguez). Igualmente patético fue que se le permitiera al corrupto Napoleón Gómez Urrutia tomar posición como líder sindical de los mineros por “derecho de herencia” (a la muerte de su padre quien fue líder sindical minero). Luego se arrepintieron, pero ya era tarde. Gómez Urrutia y sus secuaces no permitirían su remoción. Hoy ya están “negociando” con la actual administración. En fin, no sólo no se acabó con estas alimañas, sino, parece, se continuó estimulando su crecimiento y consolidación.

 

Oligopolios intocables. Además de los intocables monopolios gubernamentales, la economía mexicana está llena de oligopolios privados (unos cuantos se reparten el mercado e imponen múltiples barreras a la entrada de nuevos competidores). Están dispersos a lo largo de varios sectores de la economía. Lo mismo, en el sector de telecomunicaciones, bancario, de Radio y Televisión, cementero, de construcción, cervecero, transporte y de carga, etc, los consumidores mexicanos enfrentamos precios que no reflejan la competencia sana entre empresas. En todo el sexenio de Fox, los oligopolios dieron muestra de su poderío y no dejaron que se diera pie a derrumbar las barreras que los protegen. La aprobación de la Ley Federal de Competencia sin lugar a dudas fue un acierto de la administración foxista, sólo que se dio ya al final de su sexenio, por lo que su aplicación y perfección todavía está por verse y ya le tocará a la actual administración su efectiva operación. Por lo pronto este es el ambiente de negocios que priva para los consumidores mexicanos.

 

Por supuesto que hay otros diagnósticos, pero, por razones de espacio los mencionaremos después.

 

En lo que al año que se fue ya, lo más relevante sin lugar a dudas fueron las elecciones presidenciales. Fue un año en el que México estuvo en peligro de caer a manos de un delirante fascista. Por fortuna, no ganó, y respiramos con alivio. Pero el Mesías ahí está (derrumbándose, presa de sus delirios) y seguirá perturbando la paz. Sólo la aplicación de la ley lo contendrá.

 

Por lo pronto, el arranque del Presidente Calderón ha sido acertado y parece que él si aplicará la ley. Bueno, eso es un primer paso. El reto que tiene Calderón es grande. Los problemas que le hereda Fox, como ya vimos, son complicados y requerirán de un diseño inteligente de agenda (y de astucia política) para ir superando los problemas y avanzando en el México que queremos para el siglo XXI. Suerte, suerte a todos en el año que comienza.


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