Foro libre
Ene 26, 2007
Edgar Piña

El diablo y el mercado (II)

Al contrario de lo que a muchos han inducido a pensar: el mercado no es el problema, es la solución

En la colaboración anterior el lector me acompañó en una mirada retrospectiva hacia el nacimiento de una nueva religión en el siglo XIX, uno de cuyos nombres es el de “marxismo” en rememoración de uno de sus creadores.

 

En dicho escrito afirmé que la prédica principal de este sistema de creencias consiste en establecer que el capital es el enemigo del trabajo y que el mercado es la personificación del mal, al tiempo que el gobierno es el representante de la bondad y la justicia.

 

Permítame el lector continuar ahora con una frase que encontré por ahí que es contundente, terrible, pero aterradoramente cierta y que dice que educar a un pueblo con marxismo es como amamantar a un recién nacido con alcohol. Veamos porqué pienso así.

 

Se dice que el mercado, el capitalismo -y desde hace algunos años el neoliberalismo- es el causante de la pobreza, del atraso, la inflación y todas las desgracias de nuestro tiempo.

 

Yo digo que el capitalismo no inventó la pobreza, sino que la heredó. Son los modos de producción precapitalistas (para usar el mismo lenguaje de los marxistas) los que causaron la miseria de las mayorías frente a la opulencia de unos cuantos. Es el capitalismo precisamente el que tumbó las murallas de los castillos feudales donde la casta monárquica disfrutaba del trabajo inhumano de la plebe hambrienta y desnuda. Ya en el siglo pasado fue el capitalismo el que demolió el Muro de Berlín, a pesar del férreo control ejercido por los comunistas sobre la población.

 

El mercado, es decir el encuentro entre quien ofrece un bien o servicio y quien lo demanda, no es una invención del capitalismo. Ha existido por siglos. Es una creación de la civilización, es decir, ahí donde hay individuos dispuestos a cooperar ordenadamente en un juego de interacciones que permiten que todos ganen.

 

Al ser el mercado el diablo de los izquierdistas la mayoría de la gente le tiene terror y ese pánico conceptual impide ver lo obvio: el mercado somos todos. Son mercado el niño que compra un dulce y el tendero que se lo vende. Son mercado la empresa que demanda obreros y la población que los ofrece.

 

El capitalismo -y su vehículo de funcionamiento el mercado- deben buena parte de su desprestigio entre las mayorías, principalmente a que los seguidores de la doctrina comunista le achacan los males del estatismo, el proteccionismo y el imperialismo, cuando son estos precisamente los enemigos del mercado que le impiden su actuación en beneficio de todos los concurrentes.

 

México y América Latina –con excepción de la República de Chile posterior a Pinochet- viven, lo entendamos o no, lo aceptemos o no, en sistemas precapitalistas cuyos principales componentes son los monopolios, oligopolios, duopolios, centralismo, proteccionismo, concesionismo, corrupción, inseguridad, ausencia de estado de derecho, ignorancia y parasitismo burocrático, por mencionar sólo algunos. Es por ello que existe inequidad, marginación, pobreza, insatisfacción y desgracias como la inflación, la criminalidad y el abuso.

 

Al contrario de lo que a muchos han inducido a pensar: el mercado no es el problema, es la solución.

 

¿Usted amable lectora, lector, qué piensa?

 

 



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