LUNES, 29 DE ENERO DE 2007
Las imprecisiones del Secretario General de la OCDE

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“La barrera infranqueable del ejercicio de los derechos de cada cual deben ser los derechos de los demás, que nos imponen el deber de respetarlos, deber que debemos asumir libremente. El que no todos estén dispuestos a asumirlo es la razón de ser del Estado.”
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“¿Quiénes son los enemigos de la globalización? Los burócratas incrustados en el poder que protegen intereses de unos cuantos e inhiben con ello los intercambios entre las personas.”


Artículo dedicado a José Angel Gurría

 

No esperábamos francamente que el flamante Secretario General de la Organización para la Cooperación y Desarrollo económico (OCDE), el mexicano José Ángel Gurría, se chutara la siguiente frase: “la globalización está agravando los problemas de la distribución del ingreso en algunos países miembros de la OCDE”. Vaya, se lo habíamos oído a otros dirigentes anteriores de la OCDE, pero este servidor (ahora sí bisoño como los políticos mexicanos) creyó que Gurría abandonaría ya este rancio discurso socialdemócrata que ha acompañado a los últimos secretarios de este organismo internacional.

 

Decepción total. A ver, hay que explicar una vez más que la globalización no es el invento de ningún gobierno imperial, economista, trasnacional, organismo internacional, ó ente sobrehumano. La globalización surge a partir de que el ser humano se vuelve un ser gregario, es decir, un ser humano que ya para vivir necesita de los demás (y los demás de él). Y esta conformación del hombre en comunidades es resultado de haber dominado factores naturales como el fuego, el agua y la tierra, así como a otras especies naturales como los animales feroces. Es en este contexto en que los intercambios entre los seres humanos se vuelven esenciales para poder vivir mejor (el que curte pieles las intercambia por las herramientas que el herrero hace, con lo que ambos se benefician, el que hace pan lo intercambia con el que produce miel, etc.). En la medida en que las sociedades crecen y la especialización también (división del trabajo), entonces el ser humano se ve en la necesidad ya no sólo de intercambiar bienes y servicios con sus semejantes de lengua y raza, sino con otros, de otras partes del mundo. Claro, la innovación tecnológica (apariciones como el barco de vapor, la electricidad) facilita, acelera estos intercambios.

 

Por cierto, la globalización no es un asunto de nuestros días como los ignorantes piensan. De hecho, el mundo ya era muy global en el siglo que precede a la primera guerra mundial. En Europa, la gente ya se movía alrededor de todo el continente sin necesidad de pasaportes ó visas (inventos de los gobiernos); la libre movilidad de la fuerza de trabajo condujo a que ese período fuera de grandes avances en el conocimiento y, por supuesto, en la prosperidad de la gente. Así que la globalización no es un fenómeno de nuestros días. Aquel abierto mundo fue acabado por la colusión entre intereses mercantilistas y gobiernos, nunca por algún tipo de “falla de mercado,” como hoy pregonan los enemigos de la globalización. No, la globalización que se expresa en mayores intercambios voluntarios (no sólo de mercancías, sino también de ideas) entre la gente de diversas partes del mundo (el comercio internacional lo hace la gente, no los gobiernos), sólo puede acarrear bienestar entre las partes involucradas. La globalización se vuelve apestosa cuando los gobiernos la inundan con aranceles, burocracia de viajes como pasaportes y visas, cláusulas ridículas como “la nación más favorecida,” restricciones fitosanitarias, muros fronterizos, etc. ¿Quiénes son los enemigos de la globalización? Respuesta: los burócratas incrustados en el poder que protegen intereses de unos cuantos e inhiben con ello los intercambios entre las personas. Le recomiendo, amigo lector, el artículo ¡La globalización es fabulosa!, del reconocido profesor Tom G. Palmer, para que no se trague todas esas patrañas que diariamente se dicen sobre la globalización (peor cuando vienen de funcionarios pertenecientes a la burocracia internacional).

 

Hay que explicarle al licenciado Gurría que dos son las principales causas por las que algunos países de la OCDE pueden estar ampliando la brecha entre los que más ganan y los que menos. En primer lugar, varios de los países de la OCDE hoy están estancados económicamente (como Francia y Alemania), no producto de la globalización, sino de la burocratización. Estos países sufren de la presencia de un estado del bienestar oneroso que implica altos impuestos (para mantenerlo), numerosas regulaciones laborales y por ende un enorme ejército de desempleados. No hay peor desigualdad que la que crean los mercados intervenidos por el gobierno. La vieja frase de “un francés que tiene empleo, jamás lo perderá, y uno que no lo tiene, jamás lo encontrará”, resume todo. Altos impuestos, mercados laborales rígidos, mercados agrícolas distorsionados por jugosos aranceles que termina pagando el consumidor, son la causa principal de que en algunos países, sobre todo europeos, haya gente con empleo y millones sin él, mercantilistas ricos (sobre todo del sector agrícola) y empobrecidos consumidores, nacionales privilegiados e inmigrantes pobres, etc. Pero en todos estos problemas, insistimos, la causa es la interferencia gubernamental y no la globalización.

 

Un segundo factor que explica la brecha en el ingreso es el más benigno. Este factor está relacionado con el espectacular crecimiento que en la productividad están teniendo las tecnologías de la información. EU es un país que atraviesa por esta etapa. Decimos benigno, porque en estos casos, es cierto, aumenta el ingreso más rápidamente de los más preparados, pero en el conjunto la economía se enriquece, pues al final hay un aumento del pastel para todos. Por ejemplo, hay dos personas, Juan y Pedro. El primero sólo acabo el bachillerato y gana 100 pesos. El segundo tiene estudios doctorales y gana 1,000 pesos. Después de que ambos han podido acceder a programas computacionales que los hacen más productivos, el primero aumenta sus ingreso a 200 y el segundo a 2500. ¿Qué pasó? Para la OCDE (y toda la burocracia internacional como el Banco Mundial y el FMI) la explicación sería que aumentó la brecha en el ingreso de los que más tienen respecto de los que menos. La prescripción segura de la OCDE: gravar con 50 pesos el ingreso de Pedro para dárselo a Juan y así no aumente la disparidad de sueldos. Patrañas socialistas perversas.

 

La realidad es que la tecnología hizo que ambos fueran más productivos y por ende ganaran más. Es cierto, Pedro sacó el mejor provecho, pero eso no fue un acto injusto, sino resultado de que su mejor preparación hizo que utilizara más productivamente la herramienta que le proveyó el programa informático. Juan también ganó, pero es obvio que tendrá que prepararse más en futuro si quiere progresar como Pedro. El mayor ingreso de Juan y Pedro (ya en conjunto) significará para la economía mayor consumo, y por ende futuras mayores inversiones y nuevos empleos (circulo virtuoso que arranca en la fase inversión-producción-empleo-consumo) y oportunidades para más personas (aún para las que apenas tienen la primaria). La receta de la OCDE sólo habría creado impuestos, que por un lado, no serían necesariamente pasados a Juan (lo que si sucediera, incentivaría a que éste ya no se preparara más y esperara su porción del productivo Pedro; este incentivo era el pan de todos los días en los regímenes socialistas, lo que los llevó a la mediocridad y al estancamiento), sino usados por la burocracia recaudadora para fines “productivos” como, construir un muro fronterizo, subsidiar a pancho, el productor de maíz, proteger a Juan y Pedro de la competencia de algún extranjero, ó en el peor de los casos, para librar una “guerra justa”. Al final, la historia podría acabar en fastidiar a Pedro con más y más impuestos, de tal modo que se viera obligado a salir de su país de origen.

 

Como puede ver amigo lector, los organismos internacionales como la OCDE están a favor de más impuestos con el argumento de “redistribuir mejor el ingreso.” No, y mil veces no, ese es una vez más el cuento socialista disfrazado con el argumento de crear un “capitalismo justo,” ó “comercio justo,” ó neoliberalismo menos salvaje,” puras patrañas que sólo destruyen los mercados y al final de cuentas, qué ironía, acaban creando más pobres y, eso sí, muchos ricos empresarios y privilegiados burócratas, como en la desparecida Unión Soviética.

 

Definitivamente, la clave es más globalización, nunca menos. Lo justo es la igualdad de oportunidades (que Juan y Pedro puedan trabajar, consumir e intercambiar libremente y en igualdad de circunstancias), nunca la igualdad de resultados (forzar a que Juan iguale a Pedro por decreto, vaya mediocridad, que fue la causa esencial de la caída en los regímenes socialistas).

 

Por cierto, el licenciado Gurría también afirmó que la globalización es inevitable, así que hay que enfrentarla. Falso. La globalización sí se puede interrumpir y siempre la responsabilidad recae en los gobiernos que con sus medidas socialistas (de dizque proteger al más débil), merman el intercambio de los mercados vía, impuestos, subsidios, controles de precios, aranceles, seguros del desempleo, leyes contra el despido laboral, contratación colectiva, salarios mínimos, estatización de empresas privadas, leyes ecológicas, asambleas constituyentes, etc. Ahí está Venezuela, que se está aislando de la globalización y que, por cierto, no marcha rumbo al socialismo sino al abismo, encarnado por su presidente, el ya totalitarista, Hugo Chávez.

 

Como vemos, hay países que sí pueden evitar la globalización (o al menos ponerle trabas), pero ello sólo origina hambrunas y emigraciones masivas.

 

Ojalá sea más responsable Gurría con sus declaraciones, pues sólo le hace el caldo gordo a dictadores como Chávez, y Morales (y por supuesto al eterno aspirante-suspirante López). Más globalización y menos autarquía es lo que beneficia a los pueblos. No lo olvidemos.

• Globalización / Comercio internacional

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