JUEVES, 8 DE FEBRERO DE 2007
Jugársela por el libre comercio

¿Cómo percibe usted el inicio del actual sexenio?
Claro y esperanzador
Oscuro y amenazador



“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Ricardo Medina







“El caso del azúcar ejemplifica dramáticamente la escasa credibilidad de los supuestos líderes de los países desarrollados. Por ello, es una oportunidad única para que gobiernos como el de México se la jueguen en serio, en los foros multilaterales y en el frente interno, por el libre comercio. Como dicen: ¿Tendremos el valor o “nos vale”?”


Es admirable la decisión de países como Australia y Nueva Zelanda en su apuesta por la libertad económica, así como admirables han sido los magníficos resultados derivados de esa postura inequívoca.

 

El caso del corrompido mercado internacional del azúcar, que difícilmente se sostendrá en el mediano plazo, habla claramente de la crisis de liderazgo y credibilidad que padecen los países más desarrollados, como la Unión Europea y Estados Unidos.

 

Si México quiere de veras asumir un liderazgo en la región latinoamericana y usar frente a su poderoso vecino del norte un arma de negociación que vaya más allá de la gastada y vehemente retórica –que sirve más para consumo interno de una minoría trasnochada que para otra cosa- tiene que jugársela en serio a favor de la libre competencia y del libre comercio tanto en el frente interno como en los foros internacionales, por ejemplo en la Organización Mundial de Comercio.

 

Más todavía, puede empezar por una apertura unilateral de su mercado, como lo han hecho Australia o Brasil con magníficos resultados.

 

Como en muchas otras ocasiones en su historia México puede desaprovechar esta oportunidad y limitarse -¡otra vez!- a que las cosas le pasen y a rumiar su mala fortuna con mitos y discursos ridículos.

 

Hasta ahora los gobiernos mexicanos han supeditado su política comercial en materia de azúcar al desastroso modelo estadounidense: Mercantilismo puro y duro, con grupitos de presión incrustados en el poder político medrando de los excedentes que se arrebatan a los consumidores.

 

Si en un golpe de audacia y visión de largo plazo México apostase en serio por la liberalización total de los mercados agrícolas del mundo, y empieza por el del azúcar, ganaría una gran credibilidad como un nuevo y efectivo líder de los países en desarrollo. Haría causa común con otros países en desarrollo, como Brasil, la India, Colombia, Perú y Cuba (cuya transformación política y económica puede estar a la vuelta de la esquina), así como con Centroamérica, entre otros.

 

De paso, beneficiaría a millones de consumidores pobres en el país y contaría con una magnífica palanca –la congruencia entre política exterior y políticas públicas hacia los mercados internos- para ir desmontando los arreglos mercantilistas que aún padecemos.

 

Como me escribió ayer un conocedor de estas oportunidades desperdiciadas: “Mientras sea más rentable cerrar una carretera para exigir un mayor precio para la caña que, por ejemplo, utilizar mejores fertilizantes, no habrá oportunidades para una mayor productividad”.

 

Como dicen por ahí: ¿Tenemos el valor o “nos vale”?


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