MARTES, 20 DE FEBRERO DE 2007
Elección en el PRI

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“Tantas veces se ha escrito el epitafio del PRI, especialmente ahora que ha pasado de ser el partido siempre triunfador a una organización que ha perdido dos elecciones presidenciales consecutivas, que en algunos círculos se piensa que el partido ha perdido toda importancia. Pero esto es falso.”


Este domingo, 18 de febrero, se llevó a cabo la elección para la nueva dirección nacional del PRI. Es un proceso muy importante, ya que el partido necesita redefinir su dirección.

 

Tantas veces se ha escrito el epitafio del PRI, especialmente ahora que ha pasado de ser el partido siempre triunfador a una organización que ha perdido dos elecciones presidenciales consecutivas, que en algunos círculos se piensa que el partido ha perdido toda importancia.

 

Pero esto es falso. El PRI sigue siendo la única organización política mexicana que tiene una presencia realmente nacional: los otros partidos son fuertes en algunos estados o regiones, pero carecen de presencia en otros. Por otra parte, ningún otro partido cuenta con tantos gobiernos estatales y presidencias municipales. Es verdad que el PRI perdió en las elecciones federales del 2006 su tradicional papel como principal partido en el Congreso, pero sigue siendo la bancada indispensable para aprobar casi cualquier legislación.

 

El papel del PRI se vuelve más indispensable por el hecho de que el partido ocupa un lugar crucial entre las posiciones políticas de un PAN, que representa a una derecha con frecuencia moralista, y a un PRD, que ha adoptado estrategias de una izquierda radical que a todo dice que no. El PRI no es precisamente un partido de centro, pero su lugar en la centro-izquierda bien puede colocarlo en el corazón del país.

 

Beatriz Paredes y Enrique Jackson llegaron a la contienda por la presidencia, junto con otros tres candidatos de menor importancia, ofreciendo visiones distintas para el partido. Paredes ha buscado posicionarse en la izquierda, mientras que Jackson subraya su pragmatismo.

 

Hay quien dice que el resultado de la elección poco importa. El poder en el PRI ha migrado lentamente de la presidencia del comité ejecutivo nacional a las coordinaciones en el Congreso y a los gobernadores estatales. Pero hay buenas razones para creer que un buen presidente sí puede marcar una diferencia. El trabajo interno para reforzar el partido es muy importante, especialmente con vistas a las elecciones locales que tendrán lugar en el 2007 y en el 2008. En la selección de candidatos para los comicios federales del 2009, por otra parte, será crucial el papel del presidente del partido.

 

La experiencia nos dice que las victorias políticas son un peligro, ya que crean excesiva confianza y llevan con frecuencia a una arrogancia que puede ser fatal en el largo plazo. Las derrotas, en cambio, cuando son bien aprovechadas, pueden convertirse en un acicate para mejorar. No hay un estadista importante en la historia que no haya sufrido una derrota en el camino que le haya ayudado a convertirse en un mejor político.

 

Será importante que Paredes entienda que su labor como presidente del partido será unir y conciliar en lugar de dividir. El PRI no puede darse el lujo de seguirse dividiendo. Si lo hace, se estaría condenando a sí mismo a la irrelevancia.


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