Foro libre
Mar 23, 2007
Edgar Piña

La voluntad es el problema

El problema no es que el presidente de la República ignore lo que hay que hacer; la dificultad no es que seamos presos cautivos de nuestras propias bestias apocalípticas –monopolios, partidocracia, burocracia y sindicalismo-; el infortunio no es que otros no quieran acabar con nuestros atrasos; el obstáculo está en nosotros mismos.

En alguna ocasión durante una entrevista en un medio de comunicación nacional, Felipe González, Primer Ministro del Gobierno Español de 1982 a 1996, interrogado por el reportero respecto a cómo veía la problemática mexicana en esos días, contestó, palabras más, palabras menos, que los grandes males de los países y de la humanidad eran absolutamente combatibles y que dado el portentoso avance tecnológico de nuestra tiempo el problema esencial era la voluntad.

 

Se refería el ex jefe de gobierno, a la voluntad de los dirigentes en el poder para romper las barreras, disolver los obstáculos e impulsar los cambios necesarios para que el mundo sea un mejor lugar para vivir, donde todo ser humano tenga la oportunidad de utilizar su vida, su propiedad y su libertad para obtener los valores necesarios a su felicidad y prosperidad.

 

Comparto plenamente esta forma de entender y explicar los males de nuestro tiempo –y de todos los tiempos-, pero me gustaría agregar algo más a la idea de que el problema es la falta de voluntad de cambio en los políticos y hombres del poder. En la otra cara de la moneda está la falta de voluntad de quienes cargamos con los costos de la ausencia de desarrollo sostenido y sostenible.

 

Existe en el mexicano, en la inmensa mayoría de los mexicanos, una actitud psicológica, una predisposición genética a tomar sus decisiones, a racionalizar su existencia, a conducir su vida, en términos, no del avance y el bienestar duradero, consistente, sólido, trascendente, sino del interés inmediato, poquitero pero tangible, limitado pero aprovechable ahora del más vale pájaro en mano, que cien volando.

 

Y he aquí que en este espíritu, con esta psicología, con esta conducta del ser mexicano, la historia de nuestro País, gira y gira que gira, incansablemente, eternamente en el mismo eje de su mediocridad, sin atinar a escapar hacia el destino que se merece.

 

El fabuloso cuerno de la abundancia, dotado de la más increíble variedad de recursos naturales, climáticos y humanos; rodeado de la inmensidad de los dos océanos más grandes del mundo; vecino privilegiado del mercado más poderoso sobre la Tierra; y poseedor de un enorme potencial de conocimiento y tecnología, se debate en los primeros lugares de corrupción, inseguridad y miseria y en los últimos de ingreso, crecimiento y bienestar.

 

El problema no es que el presidente de la República ignore lo que hay que hacer; la dificultad no es que seamos presos cautivos de nuestras propias bestias apocalípticas –monopolios, partidocracia, burocracia y sindicalismo-; el infortunio no es que otros no quieran acabar con nuestros atrasos; el obstáculo está en nosotros mismos.

 

 

La vida diaria nos ofrece frecuentemente oportunidades de comprobar la vocación, la inclinación de nuestros compatriotas a demostrar que somos muy listos, muy truchas, muy gandayas, pero nada inteligentes; que todos los días hacemos caldo a las gallinas de los huevos de oro.

 

Así son muchos mexicanos, digo yo. Y eso explica porqué no salimos del subdesarrollo. ¿Usted que dice?



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