VIERNES, 4 DE MAYO DE 2007
ISSSTE: "Me amparo contra mi libertad de elegir"

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“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
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“No tienen perdón esos truhanes que manipulan la angustia de la gente. El negocio del engaño les resulta redondo gracias a que hemos perfeccionado hasta la ignominia la fabricación, en las aulas, de generaciones de temerosos, acomplejados y resentidos ante el mundo, incapaces de descifrar la realidad con otra clave que no sea la de la sospecha permanente y el fatalismo.”


Nunca había visto una “oposición” tan inflada, tan escuálida, tan ignorante y tan manipulada como la que durante la semana han tratado de vendernos –sobre todo en la Ciudad de México– como si de veras estuviese tal “oposición” en pie de lucha contra las reformas a la Ley del ISSSTE.

 

Entiendo que los malos sueldos de los reporteros y los editores, el calor, la precaria capacidad intelectual de algunos colegas y la patente irresponsabilidad de los dueños de los medios de comunicación formen el caldo de cultivo ideal para “fabricar” de la nada una oposición a no se sabe muy bien qué, magnificada por unos medios ávidos de noticias que se han quedado incapacitados para ver las auténticas noticias que pasan frente a sus narices.

 

Me indigna que algunas personas –afiliadas al ISSSTE o familiares de afiliados a ese Instituto- hayan sido engañadas inmoralmente por algunos presuntos “luchadores sociales” quienes les han dicho, sin rubor, que van a perder sus derechos y/o sus pensiones por la maldad aviesa del PAN y del PRI que seguramente quieren robarle su dinerito a la pobre gente para irse a despilfarrarlo en francachelas en México o en el extranjero. No tienen perdón esos truhanes que manipulan la angustia de la gente. El negocio del engaño les resulta redondo gracias al pésimo estado de la educación en México donde hemos perfeccionado hasta la ignominia la fabricación, en las aulas, de generaciones de temerosos, acomplejados y resentidos ante el mundo, incapaces de descifrar la realidad con otra clave que no sea la de la sospecha permanente y el fatalismo.

 

El colmo son los presuntos formadores de opinión, como Miguel Ángel Granados Chapa y Carmen Aristegui, como el periodicucho “La Jornada”, que promueven con entusiasmo una de las mayores estupideces de la que se tenga noticia: Los juicios de amparo –dicen- contra la ley del ISSSTE. Despachos de vividores se aprestan a esquilmar a los más candorosos diciéndoles que mediante una módica cooperación voluntaria les garantizan la “suspensión provisional” de los efectos “nefastos” que las reformas les causarían. ¿Contra qué se ampararán?, ¿contra una ley que les da total libertad de elegir si quieren seguir como están, si quieren cambiar de sistema, si quieren recibir un bono de reconocimiento, si quieren ahorrar individualmente para su retiro o si prefieren que alguien decida por ellos? Es absurdo.

 

Quien tenga dudas sobre las dichosas reformas al ISSSTE puede consultar en cualquier café Internet o en la computadora del compañero de oficina la página electrónica del ISSSTE que, en esta ocasión, ha hecho un encomiable esfuerzo por informar exhaustiva y claramente en qué consisten las reformas, a quién se aplican y, muy importante, el abanico de opciones que tiene cada trabajador del gobierno federal para hacer con su dinero –porque la pensión es suya, de nadie más- lo que le de su regalada gana.

 

Yo entendería que algunos contribuyentes protestásemos quizá porque las reformas son en extremo generosas con la burocracia, y caras para los contribuyentes; yo entendería que algunos desalmados neoliberales a ultranza dijesen que en lugar de reformas debieron haber dejado que tronase el ISSSTE y que, una vez quebrado ese instituto, que cada cual se rascase con sus propias uñas. Pero no. Quienes promueven la protesta –inútil, por demás- son los presuntos defensores de la burocracia, son, para variar, los “luchadores sociales” y personajillos como Granados o Aristegui que han devenido de mediocres periodistas a enfebrecidos propagandistas y agitadores.

 

Si tengo la desdicha de encontrarme en algún sitio con estos mentirosos profesionales me encantaría decirles algo así: “Sigan adelante, ojalá logren que esa reforma se fastidie y con ella millones de burócratas, ojalá cuando menos logren engañar a muchos con esa patraña de los amparos de forma que esos pobres candorosos, además de perder la oportunidad de tener una pensión más o menos decente, gasten sus escasos ahorros en mantener a parásitos sociales como ustedes y como los leguleyos que medran con los miedos y la ignorancia. Yo no pierdo nada, en una de esas, si logran que todo se vaya al carajo, nos va a salir más barato a quienes pagamos la mayor parte de los impuestos en este país, con suerte nos va alcanzar para irnos un mes de vacaciones, en lugar de sólo una semanita”.

• Pensiones

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