MIÉRCOLES, 23 DE NOVIEMBRE DE 2005
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“¿A qué obedece la euforia, o bien entusiasmo financiero, dentro de los mercados emergentes de deuda y de capital? En concreto, ¿Cuál es la dinámica de inversión en estas regiones? ”


“La deuda soberna externa de varios mercados emergentes continuará a sorprender a los mercados financieros en su potencial de rendimiento; hay todavía una insuficiente apreciación en los mercados financieros.” Estas palabras, escritas por Mohamed El-Erian, jefe del fondo PIMCO en mercados emergentes, y una de las voces de mayor peso en el mercado global de inversiones, implican que todavía hay espacios de alto rendimiento en el mercado financiero de, digamos, varios países latinoamericanos.

 

Esta visión financiera se refleja en, por ejemplo, el comportamiento de la mayoría de mercados bursátiles latinoamericanos. En nuestro caso, si bien apenas rebasábamos las barreras de 6,000 puntos hace unos tres años, hoy registramos nuevos máximos históricos cada otro día. El año, muy probablemente, cerrará con un rendimiento arriba del 30%, por arriba de los 17,000 puntos—si no es que el actual mes. Las bolsas, y mercados de deuda, de otras naciones al sur de la frontera arrojan ganancias similares.

 

¿A qué obedece esta euforia, o bien entusiasmo financiero, dentro de los mercados emergentes de deuda y de capital? En concreto, ¿Cuál es la dinámica de inversión en estas regiones? Parecería que la voz de los capitales desconoce los riesgos asociados con el neo-populismo, las canciones de Chávez, los pasivos contingentes, así como otros factores en el horizonte económico latinoamericano.

 

El-Erian sostiene que, en la actualidad, existen candados institucionales derivados de la apertura financiera que han causado una especie rara de “populismo financieramente prudente.” El caso, sin duda, es más complicado. Empero, el efecto de un clima monetario más estable es innegable. La región latinoamericana registra inflaciones de un dígito, bajo, en la mayoría de sus casos. El más alto es el índice inflacionario de Venezuela, con 16%, cifra que hubiera sido motivo de celebración en varios casos durante los 80s, y una buena parte de los 90s.

 

El entusiasmo financiero actual obedece, en parte, a cuadros macroeconómicos más estables, más disciplinados, donde el impacto de la inflación, o de las variaciones cambiarias, se han reducido a una mínima expresión. A su vez, empiezan a surgir nuevos mercados de capital, tanto en financiamiento estructurado como en proyectos de inversión en áreas como infraestructura, los cuales ofrecen un rendimiento ajustado atractivo, dadas las condiciones generales del ambiente monetario.

 

Por otro lado, varias de estas regiones, sobre todo casos como Argentina, ofrecen un alto rendimiento porque prácticamente habían tocado fondo. Es parte de un efecto de rebote, donde la inversión en activos deprimidos tiene mucha mayor seguridad de capturar una apreciación, que un mayor descenso del valor de las unidades donde se invierte. En un ponderado de varias de estas unidades, la apuesta calculada es que el inversionista saldrá ganando, y en ocasiones con rendimientos muy superiores a los estimados.

 

Un tercer factor que explica el gran apetito financiero en los mercados emergentes es que los rendimientos en mercados desarrollados, o no están a la altura de lo esperado, en virtud de los riesgos existentes, o simplemente no justifican un patrón de inversión en activos de calidad. Es decir, ante riesgos como los estancamientos en países europeos, o, ante fenómenos como la burbuja inmobiliaria o el crecimiento del déficit corriente en el mercado  estadounidense, los mercados de capital buscan que dichos riesgos se compensen con un mayor rendimiento. En balance, varios de estos capitales, parecería, piensan que la ecuación riesgo-rendimiento es más atractiva en mercados emergentes, que en los países desarrollados, dadas las circunstancias actuales.

 

Habría que preguntar si existe un fondo en esta apreciación de las bolsas latinas, de los mercados de capital emergentes. Ciertamente en nuestro caso, el clima político del año entrante arroja un cuadro sin antecedente, donde, a estas alturas, como suele pasar en los vaticinios financieros, lo más seguro es que no hay nada seguro.


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