MIÉRCOLES, 1 DE AGOSTO DE 2007
Altibajos bursátiles

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“Es imposible vaticinar el futuro de los mercados financieros. Por ello, la regla de oro en materia financiera es aprender a vivir con la volatilidad, esperar lo mejor, pero planear para lo peor.”


Todo lo que sube, tiene que bajar; y todo lo que baja, tiene que subir. Esa parece ser la ley inexorable de los mercados bursátiles globales. En días recientes, poco después de registrar máximos históricos, los mercados bursátiles, incluyendo las Bolsas de México y EUA, sufrieron caídas importantes, “mini-cracs” que han puesto en alerta a los analistas financieros y a los protagonistas que participan en estos mercados.

 

Hay quienes piensan que éste es el inicio de una corrección financiera, la cual ya se tardó en darse. La acumulación de deudas inmobiliarias, el exceso de capital mundial, las valoraciones actuales, sobre todo en el mundo inmobiliario, son signos de un ajuste mayor en los mercados financieros. Los aumentos bursátiles, de acuerdo a esta visión pesimista, eran insostenibles.

 

Ciertamente, el crecimiento exponencial de los principales indicadores bursátiles es sobresaliente, sobre todo ante el antecedente de los ajustes que se dieron a partir de tres grandes crisis financieras en el nuevo milenio: el ajuste que siguió la caída del fenómeno de las empresas “punto.com,” en el año 2000, el pánico financiero generado por el ataque terrorista del 9-11, en el 2001, y finalmente los ajustes derivados, en el 2002, de la crisis contable en empresas como Enron, WorldCom, Delphi y otros.

 

Desde entonces, sin embargo, se han dado crecimientos de dos y tres dígitos en los mercados bursátiles internacionales. El mercado bursátil mexicano, por ejemplo, aun con estas crisis, aun con la incertidumbre política del año pasado, ha crecido más de 400% en el lapso 2000 a la fecha. ¿Es sostenible el aumento? Hay quienes, repetimos, que dicen que no, que debemos prepararnos para un ajuste duro y directo.

 

Otros, sin embargo, piensan que ésta es una mini-corrección, pasajera, natural en estos mercados, donde el riesgo se ajusta cada minuto, donde la volatilidad se ha vuelto la esencia y consecuencia de la compraventa de acciones y bonos. En un reporte al respecto, David Malpass de Bear Stearns, sostiene que el ambiente económico global sigue robusto, con amplia liquidez. La caída de índices de desempleo, las utilidades que han registrado las empresas que cotizan en los principales mercados, son argumentos estructurales para inferir que existe, todavía, un colchón importante de apreciación—y que la bonanza no ha terminado.

 

Dice Malpass: “los factores de crecimiento siguen siendo favorables: bajas tasas de interés, a pesar de los aumentos observados; bajos diferenciales crediticios; y bajas tasas de desempleo.” Todo esto, según esta versión optimista, indica que los ajustes financieros recientes son de índole temporal, totalmente naturales, pero que la tendencia en el largo-plazo (crecimiento económico robusto con baja inflación) sugiere futuros crecimientos en los mercados bursátiles—independientemente del problema de la fuerte deuda acumulada en el sector inmobiliario estadounidense.

 

Es imposible vaticinar el futuro de los mercados financieros. Por ello, la regla de oro en materia financiera es aprender a vivir con la volatilidad—esperar lo mejor, pero planear para lo peor.


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