VIERNES, 3 DE AGOSTO DE 2007
Sindicatos gubernamentales: una lacra

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“Los sindicatos gubernamentales son un lastre para el desarrollo nacional, una lacra. El costo lo pagamos todos los mexicanos en la forma de menor inversión pública y privada, mayores impuestos efectivos incluida la deuda pública, menor productividad de la economía en su conjunto, menor crecimiento económico y menores salarios de los trabajadores del sector privado.”


Dado que el mundo no es perfecto, uno en el cual todos los mercados operasen en un contexto de competencia perfecta, uno en donde existiese perfecta información, uno en donde no hubiese barreras de entrada y salida de los mercados, todos ellos incluido el laboral, es que se justifica la existencia de los sindicatos para reducir la brecha que pudiese existir en el poder de negociación entre una empresa y sus trabajadores. Es decir, dada la información incompleta y que la movilidad de los factores de la producción no es libre de costos, si cada trabajador tuviese que negociar en lo individual con la empresa los términos de su contrato, éste estaría en una posición negociadora de debilidad; de ahí la existencia de sindicatos.

 

Lo anterior tiende a cumplirse cuando se trata de los sindicatos cuyos trabajadores laboran en el sector privado, más esto ya no es válido cuando se trata de los sindicatos en donde el patrón es el gobierno, sea al nivel de los trabajadores de los gobiernos federal o estatal o, principalmente, cuando son trabajadores de alguna empresa gubernamental. En este caso, la relación asimétrica tiende a invertirse es decir, en lugar de que los trabajadores sean los que están en una posición de debilidad negociadora como en una empresa privada, cuando se trata de trabajadores gubernamentales la debilidad negociadora le corresponde al patrón. Esto es el resultado de que en la negociación entre el patrón y el sindicato, entran en consideración además elementos de carácter político, aunado al hecho de que en la empresa gubernamental los derechos de propiedad están ineficientemente definidos por lo que el administrador de ésta no cuenta prácticamente con ningún incentivo para que la empresa opere eficientemente, más aun cuando se trata de empresas que operan como monopolios.

 

Qué mejor ejemplo de lo anterior cuando hablamos de los sindicatos de las empresas gubernamentales mexicanas: PEMEX, CFE y CLFC así como otros organismos como el IMSS. Una revisión a vuelo de pájaro de los contratos colectivos de trabajo de estas empresas nos muestran los enormes privilegios que tienen los trabajadores, tanto en su salario directo como en las innumerables prebendas y prestaciones de las que gozan todo ello acompañado, obviamente, con una muy baja productividad, “logros” que se han obtenido a cambio de vender el apoyo político al régimen. Y peor aun, estos privilegios son prácticamente intocables ya que son los sindicatos los que tienen la fuerza en la negociación.

 

Esto naturalmente no es gratis; el costo lo pagamos todos los mexicanos en la forma de menor inversión pública y privada, mayores impuestos efectivos incluida la deuda pública, menor productividad de la economía en su conjunto, menor crecimiento económico y menores salarios de los trabajadores del sector privado. Los sindicatos gubernamentales son un lastre para el desarrollo nacional, una lacra. La solución: abrir estos sectores a la participación del sector privado, tanto a través de la inversión directa como a través del comercio internacional.

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