JUEVES, 9 DE AGOSTO DE 2007
Electricidad: ¿Están locos en Europa?

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“Tres modelos: Libre competencia, monopolios privados regulados políticamente por el gobierno o monopolio gubernamental secuestrado por un sindicato. Berlín, Buenos Aires, ciudad de México.”


En la Unión Europea la autoridad comunitaria presiona para que los precios –ojo: precios, no tarifas- que ofrecen las empresas a los usuarios de electricidad reflejen una auténtica competencia. Hay una guerra de precios y los consumidores con gran facilidad se cambian de proveedor según les convenga.

 

En Argentina el gobierno regula severamente las tarifas –no son precios- que cobran las empresas privadas a los consumidores, quienes sólo pueden “disfrutar” los servicios del monopolio privado que les tocó en suerte. Subsiste el mito de que la industria eléctrica es un “monopolio natural” y que la competencia es antieconómica. Dado que el gobierno no ha permitido la actualización de las tarifas (inflación reprimida por decreto), las empresas carecen de incentivos para mejorar el servicio. Algunas empresas “ya no quieren queso, sino salir de la ratonera”.

 

En México el consumidor padece, según donde viva, a un monopolio gubernamental malo y deficiente o a un monopolio gubernamental –de hecho secuestrado por un sindicato- pésimo. El segundo, Luz y Fuerza del Centro, es tan nefasto que hace lucir al primero, Comisión Federal de Electricidad, como si fuese un dechado de eficiencia y productividad; que no lo es. Las tarifas, jamás precios, son fijadas por el gobierno, son más altas que en otros países y aún así se requieren cuantiosos subsidios para mantenerlas a raya. El servicio es proverbialmente malo y si el consumidor corre con suerte recibirá un amplio catálogo de pretextos para justificar las frecuentes fallas: “Nos tienen asfixiados con el presupuesto” (pretexto sindical), “hemos mejorado mucho en la atención de quejas” (pretexto de la empresa).

 

Por eso es tan absurdo el espantajo de la privatización de la industria eléctrica que esgrime el Sindicato Mexicano de Electricistas para sus grillas estridentes, un día sí y otro también. Para empezar, ni quien quiera comprar ese monstruo cargado de pasivos laborales; monumento a la improductividad.

 

Mejor que las cosas se queden como están. Así le ahorramos chamba a la Comisión Federal de Competencia…

 

Y que ningún berlinés le venga a presumir que allá sí hay competencia. Usted sabe, esos europeos están locos; ya no saben qué inventar.

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