MIÉRCOLES, 15 DE AGOSTO DE 2007
Riesgos, terapias, paranoias y algo más

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“¿Por qué tanta paranoia financiera? Vaya, porque así son los inversionistas: nadie, ni el más picudo banquero central, puede adivinar temores, caprichos o raciocinios de los protagonistas en mercados de capital.”


Una de las lecciones más importantes del legado de Alan Greenspan en la Reserva Federal es la tesis que la estrategia de bancos central modernos, a la luz de las tremendas innovaciones en los sistemas de comunicación en las finanzas globales, y la consiguiente rapidez de flujos de capital, es similar a una estrategia de “risk-management,” de manejo de riesgos.

 

No hay fórmula exacta o preconcebida para amortiguar choques inesperados que se puedan dar en el sistema de pagos internacional. Hay, sólo, manejo de probabilidades—y un ingrediente, nada despreciable, de suerte.

 

Así, decía Greenspan, deben entenderse los actos de política monetaria central en su mandato—desde el rescate del fondo Long Term Capital Management en 1998, hasta el recorte dramático de tasas de interés posterior a los ataques terroristas del 9-11, siguiendo con las estrategias para evitar una (improbable, pero sí posible) espiral inflacionaria en el 2003. Todos estos actos obedecían la regla de riesgos—apuestas calculadas, tomando en cuenta pros y contras, así como probabilidades.

 

La analogía relevante es la de un capitán de un barco que toma decisiones sobre la base de (infinitamente limitados) conocimientos sobre las corrientes oceánicas, haciendo lo posible para navegar tranquilamente, pero consciente sobre turbulencias inesperadas en el  volátil mar de finanzas globales. La regla es esperar lo mejor, pero planear para lo peor.

 

Así, también, se puede interpretar la acción de Ben Bernanke y la Reserva Federal de “inyectar” liquidez a los mercados financieros. Es un manejo de riesgo ante volatilidad financiera que no se justifica ni por los hechos ni por razones. Pero así son los mercados globales: un evento aislado en la economía global, en este caso los problemas de deudas inmobiliarias incobrables (“subprime”), puede contaminar, inesperadamente, el resto de la economía. Mejor, dice la lógica de risk-management, intervenir con un grado de liquidez, para amortiguar el contagio, que dejar que los mercados caigan en forma tan abrupta, con un nivel de sobre-reacción tan marcado.

 

¿Funcionará? No sabemos. Es meramente un manejo de probabilidades. Bernanke, y sus colegas, saben muy bien que se ha generado un “over-shooting” irracional, o sea, no sustentado en los hechos. Las pérdidas realizadas en los mercados accionarios sobrepasan dos billones (“trillion” en inglés) de dólares tan sólo en el mercado estadounidense, y más a nivel global. Esta cifra es muy superior a la cantidad total de pérdidas inmobiliarias, y de deuda corporativa, tanto en el presente como en el futuro cercano.

 

Además, contrario al caso de la crisis de 1998, donde sí existía una marcada sequía de liquidez, la reserva de liquidez global en la actualidad es significativa. Y, los famosos “fundamentales” de la economía muestran solidez a mediano y largo plazos—con tasas de crecimiento al alza y desempleo a la baja. Adicionalmente, los riesgos que tomaron los fondos de capital privado son riesgos de los fondos, no de la banca central—y sus deudas, si fracasan, deberían generar nuevas llamadas de capital de inversionistas, no rescates de la burocracia financiera a costas del erario indefenso.

 

Entonces, nos preguntamos, ¿por qué tanta paranoia financiera? Vaya, porque así son los inversionistas: nadie, ni el más picudo banquero central, puede adivinar temores, caprichos o raciocinios de los protagonistas en mercados de capital. Pero sí (dice la tesis de manejo de riesgos) se puede administrar una terapia calculada, para evitar que el temor de hoy, se transforme en una esquizofrenia incurable del mañana.

 

Ya veremos.

• Finanzas internacionales

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