MIÉRCOLES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2005
Cinco años complicados

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“Cinco años de alternancia, cinco años surrealistas, llenos de intensidad, de deseos frustrados. Cinco años complicados.”


En perspectiva, a pesar de la inocencia y la incompetencia que ha caracterizado el quehacer de la administración foxista, sobre todo su inhabilidad de formar los consensos mínimos y la negociación de la agenda de las reformas, es esencial reconocer dos hechos. Primero, en la era foxista, se ha logrado consolidar un clima de estabilidad de precios. No es consecuencia propiamente de la administración, sino la culminación de toda una serie de eventos, sobre todo el impacto de la autonomía central. Pero se ha hecho un esfuerzo consciente de ayudar la causa de la estabilidad. Los resultados, en las tasas de interés, en el riesgo país, en el escenario cambiario, han sido positivos.

 

Segundo, esta administración enfrentó una serie de choques externos negativos, de una magnitud inesperada: la recesión mundial del 2001, después de varios años de fuerte e ininterrumpida expansión económica; los ataques terroristas del 9/11, y sus consecuencias en el mundo económico-financiero; el ajuste más severo en los mercados de capital en la era moderna; la crisis contable derivada de los escándalos de Enron, Wordcomm y otros; las consecuencias del enfrentamiento bélico en Iraq; y, la volatilidad de los petro-precios.

 

En otras palabras, la casa interna sobrevivió huracanes, torbellinos, terremotos—y aun así logró consolidar la estabilidad. El crecimiento se desplomó, evidenciando nuestra dependencia sobre el ciclo económico internacional, así como la debilidad de los propios cimientos de la casa económica. Pero no se dio el derrumbe acostumbrado, derivado de un mal manejo monetario o macroeconómico.

 

Una lección de estos cinco años es que el reto de la prosperidad futura depende de alcanzar una cultura de alto crecimiento—y que esta no se dará en ausencia de una larga lista de tareas pendientes en el escenario microeconómico. Hoy mismo se presenta, en esta ciudad, el estudio del Banco Mundial Doing Business in the World, donde nuevamente se resalta el tremendo daño que ocasionan los altos costos de transacción en nuestro país, y, sobre todo, su impacto en la tendencia decreciente que muestra la productividad laboral. El desafío de la próxima administración, necesariamente, será abordar las condiciones que se requieren para alcanzar el alto crecimiento.

 

El triunfo de la democracia mexicana en esta administración de la alternancia no fue un episodio similar al fin de la historia, a pesar de del triunfalismo foxista al respecto. Más bien, estamos ante un cambio de paradigma complicado, turbulento, desconocido—y muy probablemente explosivo, dado el escenario electoral que enfrentamos en el 2006. Es eventualmente necesario abordar los cambios políticos pendientes, que permitan aterrizaje suave de la transformación en el sistema institucional mexicano.

 

A pesar de los errores, de la falta de estrategia, de lo que podamos decir, hasta de no decir, de la administración foxista, el entorno actual, el debate de fondo, se caracteriza por lo que Jerry Jordan, antes miembro de la Reserva Federal, describe como “la política de creación de riqueza versus la política de redistribución de riqueza.”

 

Fox propuso una agenda económica de creación de riqueza, pero no supo, después no pudo, negociar con la contraparte legislativa. Y, se creó poca riqueza, equivalente a una tasa de crecimiento promedio mediocre, muy por debajo del potencial económico del país.

 

Hace cinco años, varios nos preguntábamos si este “cambio” no representaba una caja de Pandora; y vaya que se han dado cosas que jamás antes esperábamos. Era ya hora, y en ese sentido, a pesar de todo, y digan lo que digan, qué bien que se dio.


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