JUEVES, 4 DE OCTUBRE DE 2007
¿Los consumidores debemos esperar?

¿Usted cree que, en caso de llegar a la presidencia, López Obrador buscará cambiar el mandato del Banco de México para agregarle la responsabilidad de promover el crecimiento económico?
No
No sé



“Si crees en la igualdad de derechos, entonces ¿qué significa ‘derechos de las mujeres’, ‘derechos de los homosexuales’, etc.? O son redundantes o son violaciones del principio ‘derechos iguales para todos’.”
Thomas Sowell

Ricardo Medina







“¿A quién se castiga exigiendo “reciprocidad” en la apertura a las inversiones extranjeras como requisito para aceptar la libre competencia en México?, ¿a otros países? ¡No!, a los consumidores mexicanos.”


La inversión extranjera directa (IED) contribuye significativamente a mejorar la distribución del ingreso. Esto se ha demostrado con acuciosidad y precisión en una muy pertinente investigación de Nathan M. Jensen y Guillermo Rosas (ver Foreign Direct Investment and Income Inequality in Mexico, 1990-2000, publicada en International Organization, Summer 2007, pp.467-87).

 

Aun sin necesidad de realizar una investigación científica exhaustiva como ésa, es claro que una mayor IED permite una mayor competencia en los mercados y, en esa misma medida, genera beneficios a los consumidores, ya sea disminuyendo los precios, incrementando las opciones disponibles y/o mejorando la calidad de los productos y servicios.

 

Aun para la arcaica mentalidad proteccionista y tontamente nacionalista que ha caracterizado a las leyes y regulaciones mexicanas en la materia, empieza a ganar terreno la opinión de que es importante –y hasta urgente para incrementar la competitividad y la productividad en beneficio de los consumidores- garantizar y fomentar condiciones de plena y libre competencia en todos los mercados.

 

Por desgracia esta incipiente “apertura mental” de muchos de nuestros legisladores, empresarios y funcionarios públicos es más retórica que efectiva. Una cosa es predicar la libre competencia en abstracto y otra, muy distinta, garantizarla efectivamente en actividades clave para la productividad del país, por ejemplo en las telecomunicaciones.

 

Ante la mera posibilidad de que se modifique la ley de IED en México en un sentido liberal, y específicamente en materia de telecomunicaciones, de inmediato los poderosos intereses monopolísticos han emprendido una campaña proclamando que la apertura es buena, siempre y cuando en el país de origen de la inversión extranjera exista “reciprocidad”, es decir existan iguales condiciones de apertura. Restricción cuyo único efecto es fastidiar, ¡otra vez!, a los consumidores mexicanos.

 

Es una tomada de pelo patriotera –el patriotismo como el último refugio de un canalla, como decía Samuel Johnson- que demuestra que los consumidores seguimos estando al final de la fila en los intereses de políticos metidos a gestores de los intereses de poderosos cazadores de rentas monopolísticas.


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