Interamérica hoy
Oct 16, 2007
Carlos Ball

Si no Irak, Irán

Aunque la Constitución de Estados Unidos deja claro que la declaración de guerra es responsabilidad del Congreso, en la Casa Blanca se trata de desviar la atención de Irak a Irán y el presidente Bush nos da a entender que poco le importa lo que la gente piensa y dice hoy porque la historia lo reivindicará.

Miami (AIPE)- El gobierno del presidente George W. Bush se ha caracterizado por disparar primero y averiguar después. Nunca se comprobó la supuesta participación de Saddan Hussein en el ataque terrorista contra las torres gemelas, ni su tenencia de armas nucleares o biológicas, pero ya han muerto más soldados de Estados Unidos en la ocupación de Irak que civiles inocentes víctimas del ataque del 11 de septiembre de 2001. Empantanados en Irak, en una guerra que parece una repetición de la pesadilla en Vietnam, los neoconservadores en el gobierno tratan de desviar la atención hacia una nueva “amenaza” en Irán. Y desde Jerusalén y Washington oímos repetir las ventajas del uso de la fuerza contra las instalaciones nucleares de Irán.

 

En 1981, la fuerza aérea israelí destruyó el reactor de Irán en Osirak, pero ahora esas instalaciones están en centros poblados y un bombardeo podría causar miles de víctimas.

 

Actualmente, las fuerzas armadas de Estados Unidos confrontan crecientes dificultades en atraer a  nuevos voluntarios, por lo que los soldados son asignados a períodos más largos de servicio activo en Irak y se incrementa la contratación de empresas de seguridad. Estas compañías privadas aportan los servicios de alrededor de 30 mil guardias en instalaciones de Estados Unidos en ese país y como guardaespaldas de sus funcionarios. El más reciente escándalo involucró a la empresa Blackwater, cuyos guardias, aparentemente sin provocación alguna, mataron a 17 civiles inocentes en Bagdad e hirieron a 22. Según un informe del Congreso, Blackwater ha estado envuelto en 195 casos en los que su personal armado disparó primero.

 

Hay indicaciones que el nuevo secretario de Defensa, Robert Gates, se opone a un ataque “preventivo” contra Irán y estimula a los generales a hablar abiertamente sobre los retos que actualmente confrontan las fuerzas armadas de Estados Unidos, que podrían ser superiores a sus recursos.

 

Respecto a un posible ataque a Irán, el almirante William Fallon, jefe del Comando Central de las Fuerzas Armadas, dijo el mes pasado que no es conveniente estar constantemente tocando tambores de  guerra. Por su parte, el general George Casey, jefe del estado mayor del ejército, declaró en el Congreso que lo que se espera del ejército está por encima de sus posibilidades actuales y es imposible encarar nuevas contingencias.

 

Por su parte, el ex funcionario del Departamento de Justicia y actual profesor de Harvard, Jack Goldsmith, en su recién publicado libro “The Terror Presidency” escribe que “el presidente y el vicepresidente siempre han dejado muy claro que una importante prioridad de la administración es mantener y expandir los poderes legales del presidente”.

 

Saddam Hussein era el peor enemigo de Irán y Estados Unidos quizás hubiera podido utilizar la destrucción de la tiranía de Hussein para lograr un acercamiento con el gobierno de Irán. Parece que no se intentó y ahora Irán se ha fortalecido en el Medio Oriente y su gobierno gana popularidad en el mundo islámico por  su enemistad hacia Washington.

 

Aunque la Constitución de Estados Unidos deja claro que la declaración de guerra es responsabilidad del Congreso (Artículo 1, Sección 8), en la Casa Blanca se trata de desviar la atención de Irak a Irán y el presidente Bush nos da a entender que poco le importa lo que la gente piensa y dice hoy porque la historia lo reivindicará.

 

___* Director de la agencia AIPE.

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