MIÉRCOLES, 17 DE OCTUBRE DE 2007
No controles

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Para un gobierno que presume privilegiar lo posible sobre lo deseable, la ruta tomada hasta ahora en bienes básicos como la gasolina, el gas natural o los alimentos básicos, es incongruente con la realidad económica que vivimos.”


Hay una gran diferencia entre la creación de riqueza y la transferencia de riqueza.  El primer escenario implica aumentar el tamaño del ingreso disponible, es decir, del pastel económico que se divide la sociedad en sus intercambios cotidianos. El segundo escenario implica tomar recursos de alguna parte de la economía y, por medio de diversos procesos, redistribuir esos recursos a otra parte de la economía. No genera crecimiento, sino solo un reajuste del pastel.

 

Para que una sociedad pase del status de un mero pastelito a un crecimiento digno del bienestar que busca la política económica como objetivo principal, es necesario hacer valer ciertas condiciones, entre ellas, la estabilidad de precios, la fácil entrada y salida de los actores a los diferentes sectores de negocios, una estructura impositiva sencilla, que no lesione los incentivos, y otros más. Una de estas condiciones es que los precios puedan ser determinados libremente, por oferentes y por demandantes, para que así se pueda cumplir el papel mismo de los precios de transmitir información sobre los deseos y las necesidades de la población.

 

Si se interfiere voluntariosamente o por razones políticas con este proceso, los resultados, a la poste, siempre tienden a ser negativos—en el maíz, con los productos de moda, con los salarios, con los bienes básicos, hasta con el tipo de cambio.

 

La ola de controles artificiales que hemos observado a lo largo del actual sexenio se puede interpretar como medidas de emergencia, temporales, que permitan al ejecutivo sortear una crisis de confianza en un determinado sector. Sin embargo, para un gobierno que presume privilegiar lo posible sobre lo deseable, la ruta tomada hasta ahora en bienes básicos como la gasolina, el gas natural o los alimentos básicos, es incongruente con la realidad económica que vivimos.

 

Por un lado, los controles impuestos esconden el nivel real de la inflación. Por lo mismo, distorsionan el papel de los precios en informar a los agentes económicos sobre los cambios en la estructura económica de esos productos. Por otro lado, genera presiones artificiales sobre la demanda de esos productos, así como un riesgo moral que puede, a la larga, ocasionar un problema de escasez.

 

Estos temas nos hacen recordar, como ya lo han señalado algunos observadores, los llamados ingredientes heterodoxos en el control de presiones inflacionarias. Empero, en el actual esquema de autonomía central y el régimen de metas, la válvula de escape no es el control voluntarioso, si bien políticamente complicado, de precios. Debe ser, en todo momento, la política monetaria—un choque inflacionario de una sola vez, como aumentos en el precio de la gasolina, o cambios en la demanda agregada de un bien básico, debe ser considerado en la respuesta que de la autoridad monetaria, por ejemplo, un aumento al ya famoso “corto” monetario que logre inducir un aumento en las tasas de interés.

 

Los buenos deseos son primorosos, y políticamente rentables, pero en la economía también hay que distinguir entre lo posible y lo deseable. La única herramienta segura para estabilizar los precios es la política monetaria.

• Control de precios

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