MIÉRCOLES, 7 DE NOVIEMBRE DE 2007
¿Ya la hicimos?

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Ni en épocas negras de lluvia, ni en tiempos felices de sol, estamos en las condiciones óptimas para mitigar riesgos o capitalizar oportunidades.”


El asunto de nuestro pobre desempeño en competitividad se ha convertido en sabiduría convencional. Ya no es tema ideológico. Si bien hemos ganado algo de terreno en las últimas versiones de los índices globales, aun seguimos dejando muchos recursos sobre la mesa.

 

Un fenómeno similar se refleja en las proyecciones macro de crecimiento esperado para el 2008—un nivel superior a la media registrada en años anteriores alrededor de 3.5%), lo cual es superior ante una expectativa de desaceleración en la economía estadounidense, pero inferior ante el potencial que podríamos estar generando en forma sostenida.

 

De hecho, el tema de fondo no es la competitividad, sino un concepto más profundo, más cuantificable, la productividad. Las naciones compiten, una con la otra, por flujos de capital, por nuevas inversiones. Un régimen competitivo es un régimen confiable, que permite facilidades al trabajo, que implica facilidades para reducir costos, tanto directos como de transacción. Visto así, todo el tema de ser más competitivos se convierte en un tema de cómo elevar la productividad.

 

Por eso, sería prematuro, hasta irresponsable, concluir que ya la hicimos. Es verdad, como dicen las autoridades financieras, que hemos dejado atrás ciclos de crisis financieras. Es verdad también que la permanencia de un proyecto ya no está supeditada a tal o cual resultado electoral (aunque ello se puede cuestionar, a la luz de lo ocurrido en el 2006). Es verdad, sin embargo, que podríamos captar el doble o el triple de inversión extranjera de lo que se capta anualmente, o que la economía podría registrar índices de ingreso por habitante muy superiores a los que registra en la actualidad.

 

Hemos insistido, en ocasiones anteriores, que una estrategia de manejo de riesgos (“policy risk management”) es una parte capital de las nuevas formas en política económica. Debemos trabajar en sentar las bases, mas no en coordinar las facetas de sintonía fina que requiere el cuerpo económico para caminar. A su vez, ello significa siempre trabajar para lograr lo mejor, pero estar preparados para enfrentar lo peor.

 

Vaya, si tuviésemos una infraestructura económica más productiva, menos obstaculizadora, es probable que hubiésemos reaccionado por mayor eficiencia para mitigar las consecuencias de desastres naturales como los que hoy sufren los tabasqueños. Si tuviésemos las bases para maximizar nuestra potencialidad, los recursos de los altos petro-precios se podrían convertir en una gran oportunidad, de una sola vez, para generar nuevos proyectos de inversión productiva.

 

Ni en épocas negras de lluvia, ni en tiempos felices de sol, estamos en las condiciones óptimas para mitigar riesgos o capitalizar oportunidades.

 

Podríamos, quizá, iniciar por cuestionar si la propiedad medieval estatal de todos los aspectos del sector energético sirve las necesidades económicas de la actualidad. O podríamos iniciar en otro apartado. Con tal que iniciemos, con tal que abandonemos el triunfalismo de que ya la hicimos.


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