MIÉRCOLES, 21 DE NOVIEMBRE DE 2007
Caballo de Troya

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Roberto Salinas







“Hay quienes piensan que esta última reforma fiscal fue un “plan con maña”; es decir, un caballo de Troya diseñado para hacer políticamente más viable una eventual transición hacia un verdadero régimen de tasa única. Empero, las estrategias troyanas conllevan un riesgo...”


Las críticas al nuevo marco tributario, basado en un impuesto empresarial de tasa única, se han centrado sobre las complejidades de una doble contabilidad (impuesto único versus impuesto sobre la renta, el que resulte más alto), así como la no deducibilidad fiscal de varios gastos. Otra crítica, más de corte intelectual, es que la razón de ser de una reforma fiscal no debe ser recaudatoria, sino basada en criterios de facilitar la productividad.

 

Otros han especulado, entre ellos representantes de la autoridad financiera del país, que si eventualmente bajamos la tasa única, nos deshacemos de la tasa sobre la renta, unificamos el impuesto al consumo, a una tasa menor, entonces las cosas no estarían tan mal. Vaya, en ese escenario (¿utópico?), habría tasas sencillas, bajas, con alto potencial recaudatorio, y no existieran (salvo impuestos especiales inevitables como los del tabaco o alcohol u otros impuestos ecológicos) los huecos fiscales que permiten elusiones tan marcadas y sofisticadas, desde la planeación fiscal de la dueña de la tiendita hasta la estrategia fiscal de operaciones de un alto impacto en la sociedad.

 

Este escenario, de ser realizable, es mucho más factible operar dentro de un marco fiscal que ya tiene un antecedente de tasa única. Basta comparar el muy probable funcionamiento de una tasa (sencilla efectiva) contra otra (llena de tanto hueco y altamente distorsionada) para “responder” al inevitable reclamo de que se debe eliminar el impuesto sobre la renta.

 

Por ello, hay quienes piensan que esta última reforma fiscal fue un “plan con maña”—es decir, un caballo de Troya diseñado para hacer políticamente más viable una eventual transición hacia un verdadero régimen de tasa única.

 

Si es así, bravo, nos comeremos las palabras de crítica (todas y cada una) que hemos expresado hasta ahora. Empero, las estrategias troyanas conllevan un riesgo. Si se está cacareando, resulta ser un caballo poco troyano, lo que pone a la oposición en una ventaja. Si no, existe el peligro que en vez de simplificar, lograr una tasa única genuina, acabemos con un laberinto todavía más etéreo, con altos costos de transacción, que el entorno fiscal actual.

 

Y ello sería suicida.

 

Por ahora, quizás, vale la pena contemplar este escenario de un caballo de Troya.  Recordemos los principios de un auténtico régimen de impuesto único: la tasa debe ser sencilla, fácil de cumplir, fácil de pagar, fácil de entender; no deben existir privilegios o preferencias; la tasa debe ser baja, “menor a la tasa total que paga la sociedad bajo la actual estructura”; y debemos, a la postre, buscar la total uniformidad de la tasa. Mejor subsidiar a los que menos tienen por vía del gasto directo que por vía de distorsiones que acaban beneficiando más al que más tiene, o más gasta.

 

Ya entró el caballo de Troya; falta ahora el paso definitivo para acabar, de una vez por todas, con nuestro complicado laberinto fiscal.

• Reforma fiscal

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