Jaque Mate
Nov 22, 2007
Sergio Sarmiento

Reforma electoral

La libertad en México ha sufrido un golpe importante con las modificaciones a la Constitución para la llamada reforma electoral. Nuestro país ha sufrido un retroceso en un asunto en el que habíamos avanzado de manera constante en las últimas décadas. Quizá llegó el momento en que los mexicanos hemos empezado a perder garantías individuales que desde hace años hemos considerado normales.

Este pasado 14 de noviembre, un día después de su publicación en el Diario Oficial de la Federación, entró en vigor la primera parte de la reforma electoral. Ésta es una modificación a una serie de artículos de la Constitución para cambiar mucho de la forma en que actualmente se llevan a cabo los procesos electorales en nuestro país.

 

Falta por promulgarse un nuevo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) para reemplazar el actual, que se ha quedado obsoleto como consecuencia de las nuevas reglas constitucionales. En principio el Congreso tiene 30 días para redactar y aprobar la nueva ley, pero esta regla no tiene sanción y es muy probable que no se respete. Mientras tanto, sin embargo, se mantiene una especie de limbo legal en que no se sabe a ciencia cierta qué reglas se están aplicando.

 

La Secretaría de Gobernación, por ejemplo, ha señalado que se está pidiendo a todos los órdenes de gobierno que dejen de utilizar la voz y la imagen de los gobernantes en sus anuncios de obra pública. Al mismo tiempo, sin embargo, ha señalado que esta regla no se aplica, por lo menos no de momento, a los promocionales del presidente Calderón en Tabasco.

 

Por otra parte, las nuevas disposiciones constitucionales prohíben que cualquier persona o institución que no sea el IFE pueda contratar anuncios en los medios que puedan influir sobre decisiones electorales. Al parecer la primera víctima de esta disposición ha sido el cineasta Luis Mandoki, quien contrató anuncios de radio en provincia para promover su nueva película, México: fraude 2006, que fueron rechazados por no saber las radioemisoras si violaban o no los nuevos artículos constitucionales por su contenido político.

 

No queda claro, por otra parte, si las personas o las instituciones podrán contratar tiempos de medios para defender posiciones en temas como el aborto, la política económica y otros que son también asuntos de debate en las campañas electorales. Al parecer esto queda también prohibido, a pesar de que abiertamente viola el derecho a la libertad de expresión que garantizan los artículos sexto y séptimo de la Constitución.

 

La libertad en México ha sufrido un golpe importante con las modificaciones a la Constitución para la llamada reforma electoral. Nuestro país ha sufrido un retroceso en un asunto en el que habíamos avanzado de manera constante en las últimas décadas. Lo peor de todo es que el rezago no necesariamente ha terminado ahí. Puede haber un deterioro todavía mayor a través del nuevo Cofipe y de la nueva Ley de Radio y Televisión, para la cual algunos políticos están proponiendo establecer figuras de abierta censura a los contenidos.

 

México no cambió aparentemente este 14 de noviembre cuando entraron en vigor las nuevas normas constitucionales en materia electoral. Todo el mundo continuó haciendo su trabajo como lo hace todos los días. Y, sin embargo, quizá ese haya sido el momento en que los mexicanos hemos empezado a perder garantías individuales que desde hace años hemos considerado normales.



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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