JUEVES, 29 DE NOVIEMBRE DE 2007
Comunicación de calidad y respeto a las instituciones

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“No estoy de acuerdo en el respeto a la ley, y el respeto a las instituciones de la República, si ese respeto supone, de parte de quienes nos dedicamos a la comunicación, no criticarlas, no señalar sus excesos y defectos, no proponer alternativas.”


La semana pasada se firmó, en presencia del presidente Calderón, el Acuerdo Nacional por una Comunicación de Calidad, mismo que tiene como objetivo, tal y como su nombre lo indica, elevar la calidad de la comunicación que se lleva a cabo, precisamente, a través de los medios de comunicación, algo que urge en todos los ámbitos de la comunicación televisiva, radiofónica y periodística. Buena muestra de lo anterior la tenemos en los errores que, una y otra vez, se cometen en lo relacionado con el análisis económico que se realiza en dichos medios, inclusive en aquellos supuestamente especializados en la materia. Ojalá que se logre esa comunicación de calidad.

 

Dicho lo anterior quiero comentar algo de lo dicho por el presidente Calderón en la firma del acuerdo, algo que, bien leído, resulta, o un desliz, que como tal no debería de haberse dicho, o una advertencia que, en cuanto tal, se dijo con toda intención. Cito al presidente: “El apego a principios como los que se promueven en este Acuerdo, el respeto a esa libertad, el respeto a la verdad, el respeto a la Ley, el respeto a las instituciones de la República y a los órganos que lo representan, el respeto a los demás constituyen, sin duda alguna, valores que hay que aquilatar y que son imprescindibles para posibilitar la convivencia”. En todo estoy de acuerdo menos en dos puntos: el respeto a la ley, y el respeto a las instituciones de la República, mucho menos si ese respeto supone, de parte de quienes nos dedicamos a la comunicación, no criticarlas, no señalar sus excesos y defectos, no proponer alternativas.

 

Muchas de las leyes, sobre todo en el ámbito de la economía, son injustas e ineficientes, comenzando por el capítulo económico de la Constitución, plagado, desde el punto de vista de la teoría económica, de errores y, desde la perspectiva de la lógica, de contradicciones. Muchas de las instituciones de la República (sin olvidar que al final de cuentas las instituciones son las reglas del juego: las leyes), no son, ni remotamente, lo que deberían ser, sobre todo en la esfera de la actividad económica, y no lo son porque pecan por exceso y por defecto. ¿Qué supone que un comunicador, como tal, las respete? ¿Que no señale injusticias e ineficiencias, excesos y defectos? ¿Que se calle?

 

Por ejemplo: quienes sabemos que las nuevas reglas del juego (leyes e instituciones) en materia electoral limitan seriamente la libertad de expresión de los ciudadanos, expandiendo el poder de los partidos políticos, ¿debemos callar “por respeto a las leyes e instituciones”? Otra muestra: quienes, teniendo acceso a los medios de comunicación, no estamos de acuerdo con la reforma fiscal, que ya forma parte de las reglas del juego presupuestario y tributario del país (nuevamente: leyes e instituciones), por respeto, ¿no debemos criticar, señalar excesos y defectos, proponer alternativas?

 

Respetar, lo dice el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española, es “tener respeto, veneración, acatamiento; tener  miramiento, consideración”, y respeto es “veneración, acatamiento que se hace a uno; miramiento, consideración, deferencia”. ¿Es eso lo que el presidente Calderón quiere que, quienes trabajamos en los medios, tengamos para con las leyes e instituciones de la república, sobre todo cuando son injustas e ineficientes, cuando tienen excesos y defectos? Porque, tal y como yo concibo la labor periodística, nuestra tarea es la contraria: criticar, siendo ésta la mejor manera que tenemos de comunicar con calidad, señalando los excesos y defectos de las instituciones, las injusticias e ineficiencias de las leyes. Eso es lo que nos hace el verdadero contrapeso del poder político.

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