MARTES, 15 DE ENERO DE 2008
El bolívar convertido en chavito

¿Se debe utilizar una parte de las reservas del Banco de México para financiar la reconstrucción?
No
No sé



“Existe una tiranía en el vientre de cada utopía.”
Bertrand de Jouvenel

Carlos Ball









“A pesar de estrictos controles de precios, el Banco Central de Venezuela reportó que la inflación sigue aumentando: 14.4% en 2005, 17.5% en 2006 y 22.5% en 2007. Si esas son las cifras “oficiales” del gobierno venezolano, podemos estar seguros que la realidad es mucho peor.”


Miami (AIPE)- El 1 de enero le borraron tres ceros a la moneda venezolana y le cambiaron el nombre a “bolívar fuerte”. Chávez sigue los pasos del Che Guevara, quien como presidente del Banco Central de Cuba  borró dos ceros al peso cubano y como ministro de Industria se dedicó a crear un “nuevo hombre socialista”. Lo que el Che logró en la economía cubana –reducir a la mitad la producción azucarera- es muy parecido a los logros de Chávez, ya que la producción petrolera ha caído de más de 3 millones de barriles diarios a un promedio de 2,3 millones.

 

Y a pesar de estrictos controles de precios, que a lo largo del 2007 produjeron una escasez sin precedentes de alimentos y demás productos básicos, el Banco Central reportó que la inflación sigue aumentando: 14,4% en 2005, 17,5% en 2006 y 22,5% en 2007. Se trata de la peor inflación en América Latina y si esas son las cifras “oficiales” del gobierno venezolano, podemos estar seguros que la realidad es mucho peor. Analistas privados sostienen que la inflación verdadera en Venezuela alcanzó 40% el año pasado y el precio de los productos agrícolas aumentó 51,6%, extraordinario resultado del socialismo del siglo XXI.

 

El precio récord del petróleo, que ya alcanzó 100 dólares, ha permitido que se disparen las importaciones venezolanas, reemplazando así la fuerte caída de la producción nacional. A esto se le añade la utilización de reservas del Banco Central para financiar el gasto público, creando un falso ambiente de prosperidad.  

 

Inflación es el nombre políticamente correcto que le dan al hecho de que las autoridades roban a la ciudadanía, incrementando el dinero en circulación --imprimiendo billetes-- por encima del valor de los bienes y servicios que se ofrecen a la venta. Pero, según las autoridades monetarias venezolanas, la inflación se debe a “la existencia de oligopolios, oligopsonio y grupos de poder que definen precios…”

 

El socialismo del siglo XXI decreta aumentos salariales y de prestaciones sociales, prohíbe los despidos, congela precios, expropia industrias, haciendas y fincas ganaderas para supuestamente favorecer a los más pobres de la sociedad. Pero la realidad que logra con todo eso es reducir drásticamente la producción, las inversiones en nuevas fábricas y equipos, el empleo productivo y la competencia. Más y más trabajadores de las fábricas y de la agroindustria se convierten en empleados públicos improductivos, cuya labor se circunscribe a llevar puesta una franela roja, denigrar del capitalismo y gritar vivas al líder máximo.

 

Ese socialismo chavista es sostenible mientras siga alto el precio del petróleo y mientras Petróleos de Venezuela no colapse por la corrupción, el desvío de dinero a propósitos ajenos a la industria y falta de exploración y descubrimiento de nuevas reservas.

 

Los amigos del palacio presidencial le ponen la mano a antiguas empresas nacionales y extranjeras, reemplazando su falta de capacidad y experiencia empresarial con privilegios especiales que reciben de parte de sus amigos al frente de los 24 ministerios del poder popular. Así se dispara la corrupción y la inflación, a la vez que decae la eficiencia, la productividad y la competencia.

 

Los “empresarios” chavistas gozan de prioridad absoluta en los dólares preferenciales y los permisos de importación, por lo que no tienen que preocuparse con el mantenimiento de antiguas fábricas ni el entrenamiento del personal. Esa es la razón por la cual los puertos venezolanos no se dan abasto descargando los barcos.

 

Si Chávez realmente quisiera un bolívar fuerte restauraría el patrón oro, el cual impidió la inflación en Venezuela a lo largo de 82 años, desde 1879 hasta 1961, cuando un bolívar valía un gramo de oro. Ese sí era un bolívar fuerte, no este nuevo chavito debilucho.

 

___*  Director de la agencia AIPE.

www.aipenet.com

 

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