MIÉRCOLES, 30 DE ENERO DE 2008
Flexibilidad versus "fine tuning"

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“En una economía flexible, una recesión resulta ser transitoria, y menos dura de lo esperado; mientras que un episodio de bonanza genera más riqueza de lo normal. Pero ese es un debate de las estructuras que norman la actividad económica, no una queja un tanto estéril sobre el manejo de riesgos de la “Fed.””


El recorte de tasas de interés estadounidenses se ha criticado como una medida que no corresponde a la realidad económica—una inyección artificial de liquidez, equivalente a la “sintonía fina” de aceitar mercados financieros, en un momento donde sería preferible dejar que explote la burbuja, de tal forma que se puedan retiren los “excesos.”

 

El “fine tuning” ciertamente es una especie de lo que F.A. Hayek denominó “fatal arrogancia”—la presunción de suponer que ajustes de arriba hacia abajo, en una variable macroeconómica, pueden corregir todo un escenario de actividad económica. Todavía hay versiones primitivas de esta arrogancia (¿perfecta idiotez?) entre varios de nuestros menos distinguidos políticos.

 

Pero la moda convencional de culpar a Ben Bernanke, el actual gobernador de la “Fed,” por instrumentar medidas monetarias desesperadas que sólo agravarán el problema (y que además pueden generar inflación), no es del todo correcta; y, peca de petición de principio. La “Fed,” fiel a la tradición de su antecesor, está actuando sobre escenarios de riesgo, es decir, de acuerdo a políticas de “risk-management.” La idea, podemos inferir, es que es preferible desinflar el pánico ahora que permitir un daño mayor al que suponen los agentes cotidianos en una ola inesperada de pesimismo.

 

Sin duda, habrá consecuencias, y esas mismas (como el caso de la inflación futura) tendrán que atacarse en el futuro. Empero, nuestra lectura es que la “Fed” prefiere abordar ese problema en el futuro que permitir que una espiral de pánico irracional hunda más a la economía estadounidense en un episodio recesivo de lo que se justifica por los indicadores económicos del momento.

 

Es posible que la medida esté equivocada, pero no por las razones que se dicen por los analistas convencionales. Tal es la suerte de manejar riesgos, o probabilidades. Lo que Bernanke y sus colegas suponen es que han “comprado tiempo” para poder considerar los problemas de la crisis de crédito financiero en el fondo.

 

Este episodio de alarma, sin embargo, sirve para ilustrar los límites de las políticas monetarias como instrumentos efectivos para amortiguar choques financieros. Más allá de estímulos fiscales, o de medidas monetarias, están las reformas que países requieren para ser más flexibles. Esta es la palabra clave, “flexibilidad,” que se está ignorando, ya sea en Wall Street, en las flamantes sesiones de Davos, por no decir el brutal parque jurásico de San Lázaro. Sin embargo, es clave: una economía flexible, que celebre la apertura, que no obstaculice el trabajo, que brinde facilidades para la generación de riqueza, es una que por lo mismo podrá adaptarse rápidamente a los súbitos cambios que caracterizan esta época de innovación, velocidad y destrucción creativa llevada hasta sus últimas consecuencias.

 

Bernanke no ha insistido en esta palabra, todavía. Pero está presente en el fondo, como debe estar entre nuestras autoridades económicas. Una reforma energética, por citar uno de varios casos, podría brindar mucho mayor alivio económico que cualquier “aceite” coyuntural que brinde el banco central. Igual decimos de toda reforma económica que sea congruente con elevar la productividad.

 

En una economía flexible, una recesión resulta ser transitoria, y menos dura de lo esperado; mientras que un episodio de bonanza genera más riqueza de lo normal. Pero ese es un debate de las estructuras que norman la actividad económica, no una queja un tanto estéril sobre el manejo de riesgos de la “Fed.”

• Crisis / Economía internacional

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