Reinventando México
Feb 11, 2008
Santos Mercado

Huelga en la UAM

Poco importan las demandas, el objetivo es incrementar el poder de los líderes sindicales ante cualquier rector que se atreva a menospreciar al sindicato.

El Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (SITUAM) estalló la huelga el primero de febrero a las 11 p.m. ¿Cuántas huelgas ha padecido la UAM desde su creación en 1974? Ya perdí la cuenta pero es uno de los deportes favoritos desde que nació.

 

Antes de que estallara, anduve sondeando qué querían los trabajadores, profesores y alumnos. Nunca encontré a un solo universitario a favor de la huelga, incluso me acerqué a los más allegados al sindicato para provocarles “¡estallemos la huelga!” y todos me miraban con desaprobación. Luego, entonces, ¿por qué estalló si nadie la quería? Por supuesto, los alumnos eran los menos deseosos de que las puertas se cerraran.

 

Bueno, la huelga estalló porque tenía que estallar a como diera lugar, de acuerdo a la visión de los líderes sindicales. Había que pedir lo inalcanzable para tener el pretexto adecuado. “Queremos 35% de aumento en los sueldos o estallamos la huelga” decían las pancartas del sindicato. Si la UAM les hubiera ofrecido el 34.99% de todos modos se hubiera estallado “porque la UAM no satisface nuestras demandas”.

 

Así es el deporte de las huelgas sindicales. En realidad, poco importan las demandas, el objetivo es incrementar el poder de los líderes sindicales ante cualquier rector que se atreva a menospreciar al sindicato.

 

Por cierto, este rector, con tal de evitar el entallamiento de huelga concedió demandas que no debía. Pensó en la buena voluntad de los líderes sindicales y estoy seguro que ahora está arrepentido, es el precio de la novatez.

 

Algún presidente dijo recientemente que los tiempos de crisis son oportunidades que desafían nuestra inteligencia. Ciertamente, la pregunta es ¿Cómo debe resolverse el conflicto de la UAM?

 

Este conflicto ya rebasó las fronteras de la UAM y ahora debe intervenir el gobierno federal aunque seguramente lo hará sin anunciarlo, por eso del respeto a la autonomía universitaria. Hay varias alternativas:

 

a)      Si el gobierno concediera lo que piden los líderes, es decir, el 35% de aumento. Daría una señal al resto de las universidades para que demanden el mismo o mayor porcentaje. Daría una señal de que el sindicato puede lograr lo que desee, y éste no desaprovecharía la oportunidad. Ahora, para dar ese aumento, el gobierno tendría que incrementa los impuestos, digamos, subir el IVA para que la población aporte el dinero que quieren los sindicalistas; pero también podría pedir dinero prestado y endosarle el pagaré a las generaciones futuras, o podría extraer más petróleo para venderlo en el mercado internacional o bien, podría poner a funcionar la maquinita de hacer billetes para imprimir todo el dinero que pide el sindicato y los demás sindicatos que sacarían inmediatamente las garras. MALA SOLUCIÓN.

 

b)      El gobierno puede adoptar una política de “ni un peso más” y sentarse hasta que el sindicato acepte el porcentaje ofrecido originalmente. Esto llevará a un conflicto de 50 días. Los trabajadores regresan derrotados, como siempre y con el aumento recibido ya no compensan el salario perdido, terminamos peor que antes de iniciar la huelga. Bueno, en realidad los profesores habremos disfrutado de unas vacaciones de 50 días a medio sueldo, los trabajadores de confianza no habrían perdido nada pues su salario sigue fluyendo durante todo el tiempo de huelga. Los directivos tampoco pierden.

 

Los que sí pierden irremediablemente son los alumnos. A ellos nunca se les pregunta si apoyan la huelga, simplemente se tienen que someter. Y se someten pues no se sienten con el derecho de reclamar puesto que no están pagando, reciben “educación gratuita”.

 

Pero otro gran perdedor que ni se ve, ni se le pregunta, es el contribuyente, es decir, el que verdaderamente pone los recursos para mantener a las “universidades gratuitas”. El contribuyente puede mirar que se usan mal sus recursos, pero no sabe qué hacer, cómo obligar a que no se desperdicien sus dineros para satisfacer los caprichos de la burocracia sindical y universitaria.

 

¿Habrá alguna forma de administrar mejor los recursos de tal manera que no se generen estas huelgas locas donde casi todos perdemos?

 

Es tiempo de hacer una gran reforma al sistema de universidades públicas a fin de que no se siga tirando el dinero a la basura.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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