MARTES, 13 DE DICIEMBRE DE 2005
Frente a la OMC: proteccionismo y aislacionismo

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“Nadie quiere abrir, todos quieren proteger sus economías y aislarlas de la competencia, pero todos quieren aprovechar las ventajas de vender en el exterior.”


Cada ronda de negociaciones parece no tener fin, desde el año 2000 no se ha avanzado nada en esta Ronda de Doha, pues el problema más grave sigue siendo la agricultura y las ofertas de países industrializados para desmantelar sus aranceles, subsidios y subvenciones a la exportación han tenido escaso eco, como escaso es el recorte propuesto particularmente por parte de la Unión Europea.

 

Y es que lo paradójico es lo único claro de las reuniones de la OMC, mientras los países en desarrollo piden respetar las diferencias, esto es que se protejan sus sectores vulnerables como la agricultura, los países ricos piden lo mismo, especialmente Francia, que pide lo mismo y por ello no hay avances en el tema. Ya lo decía Smith en la Riqueza de las Naciones, el comercio se basa en las desigualdades, de ahí vienen las ganancias del comercio. Y es ahí donde radica lo paradójico, nadie quiere abrir, todos quieren proteger sus economías y aislarlas de la competencia, pero todos quieren aprovechar las ventajas de vender en el exterior. La ventaja de acuerdo con este razonamiento es que los superávits comerciales son buenos y los déficits son malos.

 

La segunda paradoja es que casi nadie está pendiente de los verdaderos problemas de la ronda como el caso del comercio de servicios que está detenido prácticamente desde la conferencia de Doha, no se avanzó nada en Seattle ni en Can Cun. Tampoco se sabe mucho de las negociaciones de sanciones no comerciales, como el caso de las salvaguardias, el antidumping o los requisitos fito o zoo sanitarios, que hacen que las medidas anti libre comercio sean poco claras pues ya no son impuestos pero sí son muy caras y más discrecionales. Esos temas son los más importantes no los plátanos o los mangos, como han querido hacer ver los “líderes” de los países en desarrollo: India y Brasil. Es decir, de verdad son tan importantes en el volumen de comercio mundial los alimentos o han sido puestos como un mecanismo de no va a más por este tema, lo que hace que todo lo demás este detenido y esto sea aprovechado por los “líderes” de la UE para no ver trastocados sus intereses.

 

La tercera paradoja tiene que ver con lo relegado que queda el tema del comercio ante los miles y miles de manifestantes contra las negociaciones. Muchos de estos van motivados por asuntos “altruistas” pues tratan de defender al que está en una posición de desventaja y piden “comercio justo”, pero el líder de todo esto es un francés, José Bové, que ha vendido la idea de que el comercio es malo y el mundo debe estar cerrado para que nadie pierda. A esta persona lo mismo se le ha visto en el foro de Porto Alegre, que cerrando carreteras en su país o motivando marchas en cualquier lugar donde se discuta algo sobre libre comercio. Pero  las motivaciones de Bové no son justicia o igualdad, es mero motivo personal. Él, como líder de comunidades campesinas en Francia, defiende los subsidios que recibe del gobierno francés y de la Unión Europea. La paradoja es doble, los marchistas son llevados al baile por el líder del comercio injusto y los beneficios personales, el más mercantilista de todos; y para colmo es muy probable que sean los dineros de los países ricos los que paguen por los boletos de avión de estas manifestaciones, o será que ¿gobiernos como el de Francia promueven esto para provocar el inmovilismo?, sólo lo pregunto.

 

La última paradoja que reseño es el caso de los países que sí defienden los beneficios del comercio que por ser tan pocos nadie les hace caso, que por pertenecer a bloques, México en América del Norte, Holanda en la UE o Singapur en Asia, no representan las voces dominantes, pues los líderes de sus bloques son cada vez más proteccionistas hacia terceros pues del beneficio comercial pasamos a política y esa arena sigue dominada por los actores de siempre: Estados Unidos, la UE y Japón, todos los demás estamos fuera. Y es ahí donde surge la paradoja, el cambio de Acuerdo General Sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) hacia Organización Mundial del Comercio (OMC) fue más que el cambio de nombre, lo más relevante era un país un voto, mientras que antes el voto de los grandes pesaba más que el de lo pequeños, hoy los grandes ni se despeinan, lo pequeños se ponen zancadillas entre ellos y pues así no hay avance.


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