JUEVES, 13 DE MARZO DE 2008
Gobiernos auspiciadores del terrorismo

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Ludwig von Mises

Saúl Hernández Bolívar









“Dirán algunos que se debió recurrir a las autoridades ecuatorianas, pero la verdad es que habiendo tantas dudas sobre su neutralidad eso habría sido frustrar un éxito contra el terrorismo y, a esta hora, Reyes seguiría cometiendo crímenes contra los colombianos.”


Medellín (AIPE)- Lo sustantivo en el caso de la muerte de Raúl Reyes, a manos de las autoridades colombianas, no es la “violación de soberanía” sino el hecho de que Ecuador y Venezuela auspician el terrorismo de las Farc. El Gobierno colombiano informó, desde el comienzo, que el terrorista había sido abatido en territorio ecuatoriano y su campamento bombardeado por la aviación militar. Que unidades terrestres penetraron la frontera y tomaron su cadáver para evitar que la guerrilla negara la muerte del cabecilla, como es costumbre, además de documentos y cuatro computadores. En un principio, Correa aceptó la explicación y se limitó a decir que su gobierno investigaría los hechos. Fue Chávez, en la tarde, quien calificó la acción como una violación de la soberanía y advirtió que si eso llegara a pasar en Venezuela sería causa de guerra.

 

Al día siguiente, Correa salió a vociferar que, en efecto, se había presentado una flagrante violación de la soberanía del Ecuador, y coincidió con Chávez en afirmar que no había sido un combate sino un “cobarde asesinato”; que a Reyes lo habían sorprendido dormido. De forma insólita, Chávez y su corte hicieron un minuto de silencio en homenaje al terrorista, cuando ninguna víctima de las Farc le ha merecido, a ese gobierno, la menor consideración. Los responsos fueron acompañados desde Nicaragua por su presidente, Daniel Ortega.

 

El 3 de marzo, varios gobiernos mordieron el anzuelo y criticaron la acción de Colombia, pero pasaron por alto el meollo del asunto: el hecho de que Raúl Reyes durmiera a pierna suelta en Ecuador, lo que constituye la prueba reina de que ese país alberga terroristas. De ello ya existían más que sospechas; el mismo Luis Eladio Pérez, uno de los secuestrados (por casi siete años) que las Farc liberaron días atrás, relató que la guerrilla lo tuvo un tiempo en ese país, y que la comida era ecuatoriana, la dinamita era ecuatoriana y la munición era ecuatoriana. Eso no lo venden en la tienda de la esquina. Pero, además, en las fotografías y videos que se han conocido del campamento donde fue abatido el terrorista se puede apreciar que éste no era un refugio pasajero sino un albergue permanente en el que se sentían seguros, precisamente, por estar fuera del alcance del Estado colombiano.

 

Tras los actos terroristas de septiembre de 2001, el Derecho Internacional prevé mayores esfuerzos contra el terrorismo que trascienden, incluso, la integridad territorial de un país. El operativo se desarrolló en un área selvática donde no hay infraestructura de ningún tipo ni civiles ecuatorianos que pudieran ser víctimas accidentales. En esos campamentos sólo había criminales que martirizan a sus compatriotas y corren a resguardarse en territorios vecinos. Entonces, no habiendo posibilidad de provocar “daños colaterales”, se ejecutó una operación limpia en la que además no había intención alguna de permanecer en el territorio extranjero o de sustraer su dominio. De hecho, sólo duró 14 minutos y ni siquiera se intentó ocultarla. En esto, en su carácter transparente, el Gobierno colombiano ha actuado siempre con la verdad como se demostró en el caso del niño Emmanuel en tanto que las Farc y sus amigos siempre han mentido. Basta recordar las palabras de Hugo Chávez en una visita a Colombia en 2004: “No apoyo ni apoyaré jamás a la guerrilla colombiana, ni a movimiento subversivo alguno contra gobierno democrático alguno. Les juro por Dios y mi madre santa (…) que si yo apoyara la guerrilla no tendría cara para venir aquí”.

 

Las fuerzas de Colombia podrían haber sacado sin afanes todos los cadáveres, vaciado el campamento y limpiado la zona, para luego armar un escenario de guerra en territorio propio y señalar que Reyes fue abatido en Colombia. En ese caso, Ecuador tendría que haber guardado total silencio porque lo contrario sería reconocer su complicidad. ¿Por qué el gobierno de Uribe no actuó así? Es cuestión de convicciones. Dirán algunos que se debió recurrir a las autoridades ecuatorianas, pero la verdad es que habiendo tantas dudas sobre su neutralidad eso habría sido frustrar un éxito contra el terrorismo y, a esta hora, Reyes seguiría cometiendo crímenes contra los colombianos.

 

___* Periodista y escritor colombiano. 

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