Interamérica hoy
Abr 3, 2008
Desmond Lachman

Brasil, nuevo amanecer

No hay duda del inmenso avance de la economía brasileña desde los malos tiempos de 2002, pero su propia historia nos advierte del peligro de un retroceso en las reformas. El presidente Lula debe estar más consciente de ese peligro, en la medida que desmejore el ambiente económico internacional.

Washington (AIPE)- En los tiempos actuales de tempestades financieras, es impresionante ver cómo Brasil ha surgido en el mercado financiero internacional. En 2002, hace apenas 6 años, se creía que Brasil seguiría el mal ejemplo argentino y dejaría de pagar las deudas contraídas. Por el contrario, hoy los inversionistas consideran que Brasil es un país confiable, en un mundo amenazado por las hipotecas de alto riesgo. Y ahora, en su recién iniciado segundo período, el presidente Lula tiene la oportunidad de solidificar la posición brasileña, instrumentando reformas de libre mercado.

 

Aplicando cualquier medida financiera, el desempeño de la economía brasileña ha sido estelar desde agosto, cuando comenzaron los aprietos crediticios alrededor del mundo. También ha sido impresionante el rendimiento de las inversiones en Brasil, donde se estima que la capitalización de sus empresas ya excede la lograda por China, India y Rusia, países que también gozan de grandes territorios y enormes poblaciones, razones por las que atraen inversiones extranjeras.

 

Es cierto que el auge brasileño se debe en parte al incremento en los precios de materias primas. Brasil se ha beneficiado al batir el récord en sus ventas de soya y azúcar, mientras que China muestra un apetito insaciable por las exportaciones brasileñas de hierro y acero.

 

La dramática mejora de Brasil en la evaluación del mercado financiero internacional se debe, en gran parte, a los logros económicos de las políticas del presidente Lula. Durante sus primeros cinco años mantuvo una disciplina fiscal y monetaria. Las finanzas públicas brasileñas ahora se caracterizan por grandes excedentes en presupuestos primarios y pequeño déficit total. Esto ha permitido una considerable reducción de la deuda pública, evitando financiamientos inflacionarios.

 

Complementando esa prudencia fiscal, el presidente Lula le ha concedido total independencia en política monetaria al Banco Central. El resultado es que Brasil ahora forma parte del grupo de naciones con tasas inflacionarias bajas y estables, lo cual contrasta con el pasado de ese país, y su inflación de 4% no es hoy muy diferente a la de Estados Unidos.

 

Frente a las actuales perturbaciones económicas mundiales, el principal reto del presidente Lula es revigorizar las reformas económicas porque, de no hacerlo, Brasil perdería el empuje requerido para mantenerse a la par de las otras economías importantes del mundo. En especial habría que reducir el excesivo peso de los impuestos, encarar el déficit del Seguro Social y hacer mucho más flexible su exageradamente rígido mercado laboral.       

 

En tiempos en que renace el dañino proteccionismo en mercados alrededor del mundo, le convendría mucho a Brasil ir contra esa corriente. Y la mejor contribución de Brasil sería aportar su liderazgo a las economías emergentes, facilitando el intercambio comercial en la Ronda de Doha, a la vez que adoptar una posición conciliatoria en el polémico tema del robo de la propiedad intelectual.

 

No hay duda del inmenso avance de la economía brasileña desde los malos tiempos de 2002, pero su propia historia nos advierte del peligro de un retroceso en las reformas. El presidente Lula debe estar más consciente de ese peligro, en la medida que desmejore el ambiente económico internacional.   

 

___* Académico, American Enterprise Institute.

© www.aipenet.com

 



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