LUNES, 14 DE ABRIL DE 2008
¿Restringir o relajar? ...Esa es la cuestión

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“Algunos políticos están furiosos con Banxico porque éste no parece tener la más mínima intención de reducir las tasas de interés a pesar de “la contundente evidencia de que estamos al borde de una recesión”. Al respecto me parece importante hacer notar un par de cosas con el fin de proponer una medida que pudiera ser efectiva.”


Me enteré por ahí que ciertos políticos están furiosos con la Junta de Gobierno del Banco de México porque ésta no parece tener la más mínima intención de reducir las tasas de interés a pesar de “la contundente evidencia de que estamos al borde de una recesión”. La verdad yo no sé cuáles son las verdaderas intenciones del banco central, pero me parece importante hacer notar un par de cosas con el fin de proponer una medida que pudiera ser efectiva.

 

La primera tiene que ver con el dato de inflación para marzo dado a conocer la semana pasada. Resulta que el crecimiento mensual del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) fue de 0.72 por ciento, lo que ubicó a la inflación general anual en 4.25%. El incremento de 0.53 puntos porcentuales con relación al dato reportado el mes previo significa que la inflación rebasó ya el límite superior del rango establecido por la autoridad monetaria (4.0%). Así, no sólo tenemos que la variación mensual del INPC en marzo fue la mayor registrada para un mes similar durante los últimos nueve años (promedio marzo 1999-2008: 0.49%), sino que, para colmo, tanto la inflación general anual como la subyacente (es decir, la que no considera precios de alta volatilidad) muestran, por lo menos durante los últimos tres meses, una firme tendencia a la alza.

 

Aunque estoy al tanto de que tal repunte inflacionario se debe más a factores externos y estacionales que a cuestiones domésticas -puesto que las alzas más importantes en la inflación subyacente se registraron en alimentos vinculados a condiciones internacionales de granos (aceites) y en servicios turísticos en paquete por ocasión de Semana Santa-, es un hecho que las expectativas de inflación ascienden temerariamente, poniendo en riesgo el poder adquisitivo y, por lo tanto, el bienestar de los mexicanos más pobres.

 

La segunda cosa que deseo hacer notar es la relacionada con “la evidencia de que estamos al borde de una recesión”. El asunto es que la evidencia real -a pesar de los escenarios pesimistas que a diario nos pregonan políticos, medios de comunicación y uno que otro analista- parece más bien dibujar un panorama moderado.

 

Repare el lector un momento en los números que reflejan el desempeño de la actividad económica reciente, que, si bien no evolucionan vigorosamente como desearíamos, tampoco han sido del todo malos como se pronosticaba en un inicio:

 

·   La producción industrial en México sigue creciendo. En enero de 2008 la actividad industrial creció 2.3% a tasa anual, nivel superior a todos los crecimientos anuales reportados durante todo el año pasado (menores al 2%).

·   El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) reportó el pasado mes de enero un crecimiento por encima del 4%, superior al crecimiento reportado durante sus dos últimos meses previos.

·   El comercio internacional de los mexicanos sigue creciendo de manera importante; la balanza comercial sigue siendo deficitaria (financiada con capitales de largo plazo), las exportaciones siguen creciendo vigorosamente a un ritmo anual de 16.5 por ciento. Las importaciones de bienes de capital (compras destinadas a incrementar los activos fijos de la planta productiva) llaman la atención por su incremento anual de casi 50 por ciento.

·   Las ventas al menudeo de los establecimientos comerciales (consumo) crecieron durante el primer mes de 2008 a una tasa anual acumulada del 3.9%; crecimiento no antes visto desde octubre de 2005.

·   Todavía falta conocer el dato de inversión fija bruta en enero, que se dará a conocer mañana, pero tómese en cuenta que en diciembre pasado ésta se expandió a una sorprendente tasa de 10.6% en términos anuales, la mayor vista en 2007.

·   La colocación de valores privados en el mercado de capitales reportó en enero y febrero del presente año un crecimiento interanual del 42.2% y 39.4% respectivamente, niveles no vistos desde noviembre de 2006.

 

¿Quizá habremos dado por descontado la profunda integración económica con nuestro vecino del norte y, por lo tanto, sobreestimado los efectos que tendría sobre la economía mexicana la crisis del mercado hipotecario en Estados Unidos, o quizá subestimado los efectos de la política fiscal contracíclica (y no me refiero precisamente a la expansión del gasto público en infraestructura, sino a…)?

 

Como sea, a mí todavía no me queda muy claro que estemos al filo del precipicio. A otros sí y por eso desearían que el banco central disminuyera su tasa de fondeo, tal como lo ha venido haciendo con su similar la Reserva Federal en Estados Unidos. Además, ¿qué acaso no sería lo más recomendable que si la política fiscal es contracíclica, la monetaria también lo sea?

 

¿Qué haría usted, amigo lector, si fuera miembro de la Junta de Gobierno del banco central? Esa misma pregunta me la formuló un colega la semana pasada y voy a aprovechar –con la venia del editor de este espacio- para contestarle. Si yo estuviera en la junta, votaría en contra de bajar la tasa, en primera porque afortunadamente no padezco ningún tipo de esquizofrenia y tendría claro que mi único objetivo sería controlar la inflación (la cual se nos está yendo de las manos) y nada más, y relajar la política monetaria no me va a ayudar. (La cuestión del “objetivo único” no es solamente porque así sea el mandato que tendría yo como banquero central, sino porque comprendo bien –creo yo- el porqué de ese único objetivo).

 

Y en segundo lugar, porque dada la evidencia empírica disponible, yo no veo todavía la necesidad de estimular monetariamente la inversión ni el consumo, toda vez que ambos evolucionan modesta pero favorablemente.

 

También votaría en contra de encarecer el crédito, o sea de restringir aún más la política monetaria, porque no me gusta la idea de seguir ampliando el diferencial que hay entre las tasas gringas y las mexicanas; eso podría inundarnos más de dinero “poco confiable” o apreciar temporalmente la moneda y tampoco es bueno.

 

Así que, además de estar enojada con aquellos que me presionan para que se cumplan sus aspiraciones políticas, yo optaría por no hacer nada. Para contener la inflación, que mucha es importada, quizá le apostaría a la recuperación de la inversión productiva lo que ayudaría a no sobrecalentar la economía. Pero no se alarme, afortunadamente yo ni siquiera trabajo en el banco central ni creo que a alguien de ahí le interese mi alocada opinión.

 

Confieso que no soy técnica experta en temas monetarios ni sé hacer nada de política, pero de cualquier forma creo que mi colega coincidirá conmigo en lo general, aunque posiblemente su medida recomendada difiera en algunas cosillas. Sin embargo, ahora yo quisiera preguntarle a él y a usted amigo lector lo siguiente: Si, hipotéticamente claro está, usted fuera no autoridad monetaria, sino burócrata del gobierno federal, ¿estaría enfadado con el banco central? ¿Qué es lo que recomendaría?

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