MIÉRCOLES, 7 DE MAYO DE 2008
¿Una década perdida?

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“En su nuevo libro Carlos Salinas de Gortari pregona el triunfo del "liberalismo social" sobre el "fundamentalismo de mercado" y el populismo insostenible. Pero no dice que se trata de un triunfo vacío, por definición, un triunfo por default conceptual. No hay en toda su acusación al mercado ninguna alusión al papel del reino de la ley, o de los derechos de propiedad, o de la libertad del consumidor, o de la necesidad de garantizar acceso a los mercados.”


Es irónico que, en un episodio de absoluto surrealismo histórico, la figura más representativa de la apertura económica y la reforma estructural en la década de los 90s (Carlos Salinas de Gortari) sea ahora el auto-proclamado enemigo del “neo-liberalismo” (entendido como fundamentalismo de mercado); mientras que la figura por excelencia del populismo financiero de la primera “década perdida,” Alan García, sea ahora un vocero claro y coherente de las bondades socioeconómicas de la apertura.

 

No conozco, ni en México ni en el mundo contemporáneo, un autor o pensador serio, que proponga el proceso de mercado como panacea instantánea, o como un modelo “atomista,” desalmado, de organización social; ni FA Hayek, quién concebía el proceso (no modelo, sino proceso) de mercado como un orden espontáneo que requiere de una complicada infraestructura institucional para funcionar adecuadamente; ni, ciertamente, Adam Smith, quién veía a la competencia como una forma de evitar los excesos morales y económicos del egoísmo; ni North, Buchanan, Milton Friedman, Stigler, Virginia Postrell, ni Ronald Coase, Armen Alchian, Al Harberger, ni muchísimos otros que han realizado contribuciones importantes a entender el intercambio voluntario en un clima de libertad.

 

Igual, creemos, se podría decir de los grandes pensadores sobre el tema de libertad, llámese John Stuart Mill, José María Luis Mora, Isaiah Berlin, Karl Popper, hasta figuras de corte conservador, como Michael Oakeshott. La disyuntiva que aparentemente presenta el ex-presidente Salinas de Gortari es una petición de principio (por lo menos en lo que se puede apreciar del prólogo, y del epílogo, del texto que hoy circula en el ciber-espacio). Vaya, si el “fundamentalismo de mercado” es intolerable (en la definición dada, lo es, sin duda alguna), y el populismo insostenible, parecería entonces que el “liberalismo social” triunfa como una tercera vía contundente.

 

Pero es un triunfo vacío, por definición, un triunfo por default conceptual. No hay, por lo menos en la definición de mercado y de liberalismo que se propone en esos textos, ni un pensador o político que seriamente hable del proceso de mercado en esos términos—sin considerar, por ejemplo, el papel del reino de la ley, o de los derechos de propiedad, o de la libertad del consumidor, o de la necesidad de garantizar acceso a mercados.

 

Un ingrediente capital de una sociedad abierta, de la libertad bien entendida, es la humildad ante el conocimiento. Sin embargo, este ingrediente parece haber calificado como el gran ausente en el sexenio salinista. La soberbia tecnócrata rebasó la crítica—por ejemplo, allá a principios de los 90s, cuando uno que otro descalificado “fundamentalista” hablaba del peligro de desincorporar empresas estatales sin definir un marco claro de los derechos de propiedad, o transferir la propiedad de los activos con criterios fiscales (para enriquecer las arcas del gobierno), no con criterios de eficiencia y competitividad.

 

Por otro lado, un gran tema al respecto es la devaluación intelectual que sufrió el “modelo de la apertura” ante la devaluación cambiaria de 1994—una contaminación que, entre otras cosas, fue parcialmente responsable del resurgimiento de la opción populista.

 

Todos estos temas quedan sin definición, ahogados en un nudo de ignorancia, mala fe y cinismo. En ese sentido, ojalá que este nuevo libro logre poner los temas sobre la mesa, que se discutan con objetividad, sin víscera política, con todo el ánimo de ver qué se puede hacer, y cómo. De otra forma, esta también será otra década perdida.

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