MIÉRCOLES, 11 DE JUNIO DE 2008
Hablando se entiende la gente

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“Que los argumentos se ganen con el poder de las ideas, no con la fuerza de la demagogia o la intolerancia de la descalificación.”


Este texto es resumen del mensaje brindado en la sesión presidencial, ante el Presidente Felipe Calderón, en el marco de la 17ma Mesa Redonda con el Gobierno de México, de Economist Conferences, la semana pasada, en México, D.F.

 

La meta más importante de las mesas redondas de The Economist es cultivar el diálogo, en el estricto sentido de la palabra. Ese es el espíritu que anuncia su misión principal, articulada desde su fundación, hace 165 años: hacemos esto para participar en un severo concurso entre la inteligencia, que nos lleva hacia adelante, y la ignorancia tímida, que obstaculiza nuestro progreso.

 

Otra forma más popular de expresar el mismo sentimiento dice: hablando se entiende la gente. Hoy más que nunca, esta cultura resulta fundamental, no tan solo para desatorar negociaciones o posiciones encontradas, sino para celebrar que vivimos en una sociedad abierta, donde se respeta el derecho a decir, a debatir, a pensar y proponer.

 

Otro lema capital nos comparte que las ideas tienen consecuencias. Ciertamente, las tienen. La necesidad de profundizar mayor competencia en sectores económicos, o de mantener salud en finanzas públicas, de asegurar la estabilidad de la unidad de cuenta, hasta de tener una economía flexible, que pueda adaptarse rápidamente a cambios súbitos en el clima global, son posiciones que no reflejan un choque ideológico, en las aulas o en las calles, sino la lógica económica de reunir las condiciones para vivir mejor.

 

Un sistema facilitador, con un marco jurídico que garantice derechos de propiedad, nos obliga a tomar responsabilidad por el porvenir de nuestros bienes. Esta es la base para la formación de capital, para generar mayor valor agregado, para capturar el bienestar de del alto crecimiento. Es decir, para vivir mejor.

 

En esta materia, requerimos diálogo, requerimos esa competencia pacífica de ideas, tanto en este foro como en el debate nacional. A su vez, ello requiere un ambiente de tolerancia hacia la diferencia de opinión, nunca de odio, o de descalificación o de extremismo ideológico. La palabra “diálogo” tiene su origen en “dialéctica,” de mejorar una idea, de pulir un concepto, a través del intercambio civilizado de propuestas, en un proceso de ensayo y error,

 

Una sociedad libre es una sociedad tolerante, aquella donde decisiones se toman en una forma independiente de una previa concepción de cómo debemos vivir la vida. El modelo autoritario de nación, como también el alternativo, aborrecen la disputa, el acto de no estar de acuerdo. Sin un diálogo abierto, no hay posibilidad de tolerar diferencias, o cultivar una cultura de libertad. Los mandatarios se vuelven eternos. La libertad de elegir, por el contrario, implica la agonía de nunca saber si tenemos toda la razón sobre todos los aspectos de la sociedad. La función de una conversación civilizada es usar la dialéctica—conversar, en forma abierta, con el fin aprovechar la una evolución de intercambios pacíficos de ideas.

 

Nuestro propósito es mantener ese “concurso entre inteligencia e ignorancia.” Que los argumentos se ganen con el poder de las ideas, no con la fuerza de la demagogia o la intolerancia de la descalificación. Por ello insistimos que hablando se entiende la gente. Esta es la causa y la consecuencia de estas mesas redondas: formar perspectivas, encontrar soluciones, siempre bajo premisa de nuestro legado de libertad y tolerancia.


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