Pesos y contrapesos
Jul 29, 2008
Arturo Damm

Precio único, ¡¡¡violador!!!

¿Quién es el Estado, sus leyes y sus gobiernos, para prohibirme ofrecer mis libros al precio que me dé la gana? De plano que los principales violadores no son los delincuentes sino los gobernantes, comenzando por los legisladores y terminando por Calderón.

Según el Índice de Libertad Económica, de la Fundación Heritage, en la materia México ocupa, entre 157 naciones, la posición 44, con una calificación, de 0 a 10, de 6.6, cifras que se resumen en una sola palabra: mediocridad.

 

Según el Índice Internacional de Derechos de Propiedad, de la Alianza Internacional por los Derechos de Propiedad, México ocupa, en tales asuntos, el lugar 66 entre 115 países, con una calificación de 5.0 sobre 10, cifras que, nuevamente, se resumen en una palabra: mediocridad.

 

En materia de libertad y propiedad, en México, las cosas dejan mucho que desear, libertad individual y propiedad privada que se violan una y otra vez, y no por los delincuentes, sino por los gobernantes, comenzando por los legisladores, quienes redactan y promulgan leyes que no reconocen, no definen y no garantizan la libertad y la propiedad de las personas, y las cifras antes mencionadas no me dejan mentir. Libertad, calificación de 6.6; propiedad, 5.0.

 

Más de un lector podrá preguntarse si realmente estamos, en materia de libertad y propiedad, tan mal en México, y para responderle le pongo de ejemplo la Ley de Fomento a la Lectura, recientemente firmada, ¡y presumida!, por Calderón, ley que viola la libertad y, por lo tanto la propiedad, y todo ello por obra y gracia del precio único, contenido en los artículos 22 al 27 de la mentada ley, precio único que fijará fijado el editor o el importador, y al cual tendrán que ofrecerlo todos los vendedores al menudeo, salvo en los casos que se señalan en los artículos 25 y 26, ¡casos que son verdaderas excepciones!, precio único que, de entrada, viola mi libertad y, por lo tanto, mi propiedad. Me explico.

 

Resulta que, entre otras cosas, me dedico a escribir libros, mismos que edita una editorial, la mayoría de los cuales se ofrecen en librerías, siendo que una minoría la ofrezco yo cuando me dedico a otro de mis oficios: la impartición de conferencias. ¿Cómo le hago? Muy sencillo: compro los libros a la editorial, ya sea pagándolos en el momento de su adquisición (con el respectivo descuento que me toca por ser autor, ¡faltaba más!), o a cuenta de regalías y, ya míos (ojo: ¡ya míos, de mi propiedad!), los ofrezco a quienes asisten a mis pláticas, al precio al que considero conveniente, que es el que me permite maximizar el ingreso por la venta de los mismos y, por lo tanto, mi utilidad, precio que puede no coincidir, de hecho casi nunca lo hace, con aquel que yo pague al editor.

 

¿Qué supone el que yo pueda ofrecer mis libros al precio que considere más conveniente? La libertad para hacerlo y, por lo tanto, la propiedad sobre aquello que la ejerzo, mis libros, ofreciéndolos al precio que considere adecuado. Si el lector potencial considera que la lectura vale el precio lo pagará y, si no, pues no, y todo el mundo en santa paz.


Pero ahora resulta que, por obra y gracia de la mentada ley, yo tendré que ofrecer “mis” libros, no al precio que considere más adecuado, sino al precio único fijado por el editor, lo cual viola mi libertad y mi propiedad, y me lleva a hacer la siguiente pregunta, que mucho agradeceré me respondan los legisladores que redactaron dicha ley, y Calderón que la firmó: ¿quién es el Estado, sus leyes y sus gobiernos, para prohibirme ofrecer mis libros al precio que me dé la gana? Espero respuesta.


Espero que ahora entendamos el porqué de las calificaciones en materia de libertad (6.6) y propiedad (5.0), y comprendamos que los principales violadores no son los delincuentes sino los gobernantes, comenzando por los legisladores y terminando por Calderón. ¡Y se supone que son los buenos, los encargados de garantizarnos libertad y propiedad! ¡¡¡Qué vergüenza y qué peligro!!!



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