MIÉRCOLES, 4 DE ENERO DE 2006
Hartos hasta más no poder... carta abierta al electorado mexicano

¿Cómo evalúa usted el gobierno de López Obrador en sus primeros cien días?
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“El gobierno es, en realidad, el peor fracaso del hombre civilizado.”
H. L. Mencken

David Martínez-Amador







“Que nos digan cómo le harán, sobre todo, aquellos que han sido tildados por intelectuales y comunicadores sociales de ser la alternativa de la izquierda democrática.”


Los eventos políticos sucedidos en Bolivia deben de servir como lección para el electorado mexicano, sobre todo, en vísperas del próximo 2 de julio. He llegado a la conclusión, que, a la clase política es por demás, una pérdida de tiempo escribirle e intentar influenciar. Está en su naturaleza, en su sangre, en sus genes, emular a las bestias del campo y a toda criatura desprovista de razón.

 

Sin embargo, a aquellos que con la ejecución del sagrado derecho ciudadano –así dice la gente- del voto, a ellos, es necesario, intentar influir y advertir sobre los riesgos que en materia de elecciones afrontamos. Sobre todo, en estos días en que, el panorama político de América Latina toma otros tintes. Hago referencia directa a la victoria electoral de Evo Morales en Bolivia. Hay una enorme lista de reflexiones a hacerse en torno a Bolivia, sin embargo, una solamente es la que quiero mostrar.

 

Se dice con bastante ligereza que la izquierda latinoamericana ha evolucionado en sus esquemas mentales, y que la crítica a las nuevas administraciones de retórica populista no es más que patadas de ahogado de quienes defienden el status quo. Nada más alejado de la realidad. Si bien es cierto que las reformas económicas de los últimos 10 años son producto no de un compromiso ideológico sino de una actitud pragmática de grupos empresariales que crearon un matrimonio por conveniencia entre la libertad económica y el enriquecimiento personal; con todo y esto, nuestras izquierdas bananeras no dejan de pecar también. Y han pecado tanto como, las derechas tradicionales, pues han visto en el aparato burocrático y en los proyectos ideológicos la manera de enriquecerse.

 

Tomemos el caso de Evo Morales. El Evo Morales de hoy no es diferente del que fue hace diez años. Un líder interesado en relacionar la lucha sindical y la electoral. Su partido político, el MAS, se fundamenta en la protesta social y la inconformidad, y plantea un socialismo común en los movimientos sociales, que generalmente se expresa en los sindicatos, pero que es, estrictamente, epidérmico y fluctuante. Su marco de accionar político es muy limitado. No creo que Evo haya dejado de criticar al modelo neoliberal ni se haya adherido a los partidos tradicionales. La forma y la vía por la cual su movimiento tomará el poder serán a través de las elecciones. Lo único que ha descartado Evo Morales es la revolución como mecanismo para acceder al poder. Hay que colocarlo ahí, en la izquierda democrática electoral reformista nacionalista, término que no termina de responder a cómo lograr generar esquemas de crecimiento económico.

 

Y lo mismo aplica para México: Que nos digan por dónde, que nos digan cómo le harán, sobre todo, aquellos que han sido tildados por intelectuales y comunicadores sociales de ser la alternativa de la izquierda democrática. En un marco donde se compite por atraer inversiones, en un mundo donde es necesario agilizar los trámites para fomentar la inversión, en un contexto donde el Estado no puede entorpecer más la generación de la riqueza, ni la ineptitud política ni el idealismo de Rodó pueden ayudarnos. Ojo entonces, por quien marca la papeleta….


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