JUEVES, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2008
Retroceso democrático

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“El efecto natural del comercio es el de llevar a la paz. Dos naciones que comercian entre sí se hacen recíprocamente dependientes.”
Juan Pablo Viscardo y Guzmán


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“Los líderes políticos están tomando todas las medidas que pueden para asegurarse de que los ciudadanos no interfieran con los arreglos que ellos hacen en las cúpulas.”


La última vez que los mexicanos tuvimos a un presidente electo con el 100 por ciento de los votos fue en 1976. José López Portillo fue entonces candidato a la Presidencia de la República por el PRI y por dos partidos satélite, el PARM y el PPS. El PAN, que vivía una crisis interna, decidió no postular a ningún candidato. El Partido Comunista sí lo hizo y nominó a Valentín Campa, el viejo líder ferrocarrilero; sólo que como el partido estaba proscrito, todos los votos a favor de Campa fueron anulados. El resultado es que López Portillo fue electo presidente con el 100 por ciento de los sufragios válidos… no más, afortunadamente, pero tampoco menos.

 

Hubo quien consideró que ese resultado fortalecía al Estado mexicano. Mientras en otros países del mundo los ciudadanos y los partidos se peleaban constantemente, en México teníamos unanimidad total. Pronto salieron a relucir voces, sin embargo, que señalan que esta supuesta unanimidad ocultaba un enorme riesgo para la estabilidad del país. Por eso Jesús Reyes Heroles, desde la Secretaría de Gobernación, empezó a promover una reforma electoral.

 

La primera reforma se promulgó en 1977 y legalizó a agrupaciones como el Partido Comunista. En 1987 se hizo una nueva reforma, que dio a los partidos minoritarios mayores posiciones en el Congreso a través de una ampliación del sistema de representación profesional. Las reformas de 1990, 1993 y 1994, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, crearon un Instituto Federal Electoral cada vez más independiente. La de 1996, con Ernesto Zedillo en la Presidencia y Emilio Chuayffet en Gobernación, buscó dar equidad en los medios de comunicación y en el dinero a los partidos políticos.

 

Esas seis reformas permitieron una transformación de la vida política de nuestro país. La libertad de expresión floreció. En 1997 el PRI perdió el control de la Cámara de Diputados. En el 2000 un candidato de oposición alcanzó por primera vez el triunfo oficial en una elección presidencial (quizá otros candidatos de oposición habían ganado, como José Vasconcelos en 1929 y Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, pero el sistema no les había reconocido la victoria). En el 2006 vivimos la elección más cerrada y competida de la historia.

 

A la clase política, sin embargo, al parecer le dio miedo esta creciente democratización del país. En el 2007 impulsó una nueva reforma electoral que no consideró ninguno de los temas necesarios para seguir impulsando el avance de la democracia mexicana, como la reelección de legisladores, pero que tomó medidas que echaron para atrás algunos de los avances logrados con el tiempo. Así, se destituyó a los consejeros del IFE, que la Constitución hacía inamovibles; se ratificó una prohibición a las candidaturas independientes; se prohibió a los partidos políticos contratar tiempos de radio y televisión; se prohibió también a los ciudadanos contratar tiempos de radio y televisión para expresar ideas políticas; y se prohibieron los mensajes políticos que “denigren” a los rivales. El resultado ha sido un paso hacia atrás muy importante en la vida democrática y en la libertad de expresión en nuestro país.

 

Quizá la clase política no pueda ya regresar a esos tiempos añorados en que un candidato podía ganar la presidencia con el 100 por ciento de los votos. Pero los líderes políticos están tomando todas las medidas que pueden para asegurarse de que los ciudadanos no interfieran con los arreglos que ellos hacen en las cúpulas.

 

• Reforma electoral

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