Jaque Mate
Sep 25, 2008
Sergio Sarmiento

Fobaproa a la gringa

El gobierno estadounidense está recurriendo a la vieja práctica de los gobiernos populistas de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.

En Estados Unidos no cantan mal las rancheras. Si nosotros tuvimos nuestro Fobaproa en 1995, con un rescate de los bancos que ascendió a una cifra cercana al billón de pesos, o 100 mil millones de dólares, hoy estamos viendo una situación similar en nuestro vecino del norte.

 

El gobierno estadounidense ha “rescatado” --que es un eufemismo que significa “estatizado”-- a las dos grandes financieras hipotecarias del país, Fannie Mae y Freddy Mac, así como a la aseguradora AIG. Ha dado a conocer también un plan para rescatar los fondos de inversión, cuyo valor ha caído de manera importante en los últimos meses. La deuda pública estadounidense se está incrementando de manera notable con estas medidas.

 

Wall Street tomó estos rescates con optimismo y los índices bursátiles recuperaron mucho del terreno que habían perdido en las semanas previas. Los administradores de fondos de inversión estaban respondiendo así ante una acción que los favorece directamente. Después de todo, el gobierno se está comprometiendo a rescatarlos de las pérdidas que parecían inminentes. Y eso les da buenas razones para celebrar.

 

Los contribuyentes y la población de los Estados Unidos, sin embargo, no tienen motivo para festejar. El gobierno estadounidense está recurriendo a la vieja práctica de los gobiernos populistas de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Me explico. Mientras las empresas financieras ganaron carretadas de dinero, sus utilidades las repartieron entre sus inversionistas. Pero en el momento en que registraron pérdidas importantes como consecuencia de haber mantenido prácticas riesgosas, las pérdidas se las están endosando a los contribuyentes, la enorme mayoría de los cuales no se ha beneficiado del carrusel financiero.

 

Bien puede argumentarse que un gobierno no puede darse el lujo de dejar quebrar a su sistema bancario o financiero. Ninguno de los países que han sufrido crisis financieras en las últimas décadas ha permitido que eso suceda. Los bancos chilenos fueron rescatados en 1981, las cajas de ahorro de Estados Unidos en los años ochenta, los bancos mexicanos en 1995, los de los países de Asia en 1997 y los de Rusia en 1998. Argentina no rescató a sus bancos de su crisis del 2001, pero limitó radicalmente los retiros de los depositantes, con lo que se logró el mismo objetivo: proteger a los bancos, impidiendo a las personas comunes y corrientes disponer de su propio dinero.

 

Quizá sea cierto que un país no puede dejar quebrar a sus bancos. Pero eso no significa que la situación sea justa. La banca parece haberse convertido en un negocio con grandes ganancias en los tiempos buenos y con un seguro contra las pérdidas en los tiempos malos.

 

Mucho se discutirá en los próximos meses y años acerca de la regulación que debe tener el negocio bancario para impedir las quiebras cíclicas. Mientras esto sucede, sin embargo, es importante que los reguladores bancarios mexicanos le echen un vistazo a la creciente cartera vencida del crédito de tarjeta bancaria. No se trata todavía de una situación de emergencia, pero si por algún lado podemos volver a tener una crisis financiera en México es por ahí.



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