MIÉRCOLES, 1 DE OCTUBRE DE 2008
Mercados negros

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“Lo más negro del lunes negro no fue la dramática caída de los mercados ni el rechazo del paquete de rescate, sino lo que sucedió en la periferia y que reflejó toda una serie de protagonismos, analfabetismo financiero y cortoplazismo imperdonable.”


Lo más oscuro del “lunes negro” no fue la caída dramática en los mercados globales (de por sí, la peor caída en la historia bursátil moderna), ni siquiera el rechazo del paquete de asistencia financiera presentado por la administración Bush. No. Lo más negro del lunes negro sucedió en la periferia, en todas las coordenadas de la geografía política, reflejando una serie de protagonismos, analfabetismo financiero y cortoplazismo imperdonable.

 

Ni hablar, axial son estas criaturas, axial se dan estas oportunidades. Por ejemplo, Nancy Pelosi, Nancy “Pelada”, la flamante vocera del Congreso estadounidense, aprovechó el pánico para incendiar los ánimos, evangelizando sobre las fuerzas del mal capitalista, cómo la crisis ha sido resultado de la derecha desalmada, de la desregulación de mercados, como si un acto de intercambio en el mercado financiero tuviese una particularidad política.

 

Bien nos podríamos imaginar a Pelosi y su mafia de iluminados pretendiendo ser los reguladores por excelencia del mercado financiero global, equipados con un bagaje de muy primorosas intenciones, con algún algoritmo fulminante, con la dosis correcta de pureza ideológica. Empero, desconociendo que estos mercados no duermen, desconocen el tiempo, desconocen las fronteras, las ideologías, los partidos políticos, y se rigen por una sola regla, cada microsegundo de cada momento: un equilibrio entre el riesgo y el rendimiento.

 

¿Será posible regular un mercado tan fluido, con acceso a tanta información? Igual, sin duda, hubo errores fundamentales de política pública, entre ellos, la inundación, vía las tasas de interés, de liquidez, junto con un consumismo que permitió estacionar un problema de inflación en deudas personales. Es una larga y complicada historia, pero ciertamente no reducible al evangelio de Nancy y su talibanismo financiero.

 

En forma similar, es triste observar cómo académicos como Joseph Stiglitz exploten la coyuntura para predicar en contra de la fe capitalista, como si esto fuese una batalla entre religiones económicas. Stiglitz se atrevió a sentenciar que la caída de Wall Street es algo así para el capitalismo, lo que la caída del Muro de Berlín fue para el comunismo. Sin duda, una declaración “cool” de un neo-pirrurris de la comunicación económica. Empero, en nada ha contribuido a entender el problema, a cómo mitigarlo, y a cómo evitarlo en el futuro.

 

No faltaban los empresarios protagonistas, millonarios del mercantilismo moderno, que se curan en salud al decir, con toda la autoridad que sus billones representan, que esto es lo peor que ha sucedido desde la Gran Depresión. La gran pregunta, sin embargo, es si hay forma de mitigar las consecuencias, si podemos asegurar la flexibilidad de la economía para amortiguar los choques que vienen, digamos, en empleo o en consumo, por supuesto, en costo financiero del crédito. Ello requerirá de flexibilidad, apertura, facilidades por vía de la oferta -pero ni los evangelistas de la política, ni los nuevos protagonistas de las ocho columnas, han dedicado un párrafo, o una idea, al respecto.

 

Sin duda, el mismo contenido del rescate prevaciaba lo negro del lunes negro. Hay rescates, y hay rescates. La masiva socialización de la irresponsabilidad financiera daba lugar a riesgos, ya no morales sino inmorales. Faltaría agregar un paquete de rescate para las deudas incobrables, para los créditos vencidos de automóviles, para todo aquel que preste y pida prestado.

 

Lo que sucedió el 29 de septiembre fue dramático, un episodio histórico en los anales del mercado financiero. Hay que estudiar, no evangelizar, proponer, no predicar. Y, ante todo, insistir en la flexibilidad necesaria para neutralizar los efectos nocivos de esta gran borrachera monetaria-financiera.

 

• Crisis / Economía internacional

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