Pesos y contrapesos
Oct 17, 2008
Arturo Damm

De la crisis (V)

Especular, en cualquiera de sus modalidades, la cambiara incluida, no es un delito y no debe ser ni prohibido ni sancionado.

Lo primero que hay que hacer es distinguir entre especular y violar la ley. Violar la ley, sobre todo si la ley es justa, es un delito que debe ser sancionado, valga el juego de palabras, con todas las de la ley. Especular, en cualquiera de sus modalidades, la cambiara incluida, no es un delito y no debe ser ni prohibido ni sancionado.

 

La aclaración anterior viene al caso porque hace un par de días varios legisladores exigieron que se castigue a los empresarios especuladores, que el pasado viernes 10 de octubre, especulando en el mercado cambiario, llevaron al tipo de cambio hasta los catorce pesos por dólar. Convencidos de que “hubo hombres de negocios que especularon con la moneda y lastimaron al país”, los legisladores demandan castigo para “los malos mexicanos”, mexicanos que son malos por ser especuladores y por haber especulado con los derivados, sobre todo con futuros y coberturas cambiarias correlacionadas.

 

Sin embargo, la falta pudo haber estado, no en la especulación, sino en las supuestas irregularidades en el manejo de los derivados, algo muy distinto, tan distinto como lo son el qué y el cómo. Lo que la autoridad debe hacer es cerciorarse de que todas las empresas involucradas en ese tipo de operaciones hayan actuado conforme a lo establecido por las reglas. Lo que debe revisar es el cómo, no el qué.


Pretender castigar a los especuladores por haber especulado resultaría en la violación a la libertad individual y a la propiedad privada, violación que, sobre todo cuando el violador es el gobierno, resulta un contrasentido. Supongamos que usted, lector, el 15 de septiembre, día en el cual, con la decisión del gobierno estadounidense de no rescatar a Lehman Brothers, se inició la etapa actual e la crisis, y previendo la devaluación, decidió comprar, a 10.80 pesos, cien mil pesos de dólares, es decir, 9 mil 259 dólares. Pasan las semanas, llega el 10 de octubre, el tipo de cambio alcanza los 12.55 pesos, usted considera que ya ganó suficiente, razón por al cual vende sus dólares, a cambio de los cuales recibe 116 mil 208 pesos, habiendo obtenido una ganancia del 16.21 por ciento, ¡en menos de un mes! ¿Qué es lo que usted hizo? Especular: compró barato y vendió caro. Esa especulación, ¿debe prohibirse y por lo tanto castigarse a quien la realice? Comprar y vender divisas, con el fin de obtener una ganancia, ¿es una actividad delictiva por su propia naturaleza? No, claro que no, sin olvidar lo siguiente: la especulación tiende a estabilizar el mercado, ya que cuando la demanda aumenta (la gente compra dólares) el precio (tipo de cambio) sube, y una vez que el precio ha alcanzado un determinado nivel (una vez que el especulador ha ganado lo que esperaba ganar), la oferta se incrementa (la gente vende dólares) y el precio (tipo de cambio) baja. Lo dicho: la especulación tiende a estabilizar el mercado, ¡siempre y cuando el gobierno no intervenga con la intención de, adelantándose a los especuladores, estabilizarlo!, algo que difícilmente logra, pudiendo ser dicha intervención causa de más inestabilidad, lo cual me lleva a la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto fue la intervención del Bando de México, del miércoles 8 al viernes 10, la que motivó la acción de los especuladores, con las consecuentes presiones devaluatorias?


Por lo pronto hay que distinguir entre el qué – especular – y el cómo – hacerlo violando las reglas del juego -, y tener muy claro que lo que se debe castigar es lo segundo, no lo primero.

 

Continuará.

 



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